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El nefasto legado de la secretaria Nielsen

“La ineptitud e impiedad de Nielsen, aunadas a las del jefe que hoy la usa como chivo expiatorio, probablemente han separado para siempre a miles de niños inmigrantes de sus padres”.
Opinión
Miembro de la unidad política de Univision Noticias.
2019-04-08T11:24:04-04:00

El presidente Trump acaba de destituir a su secretaria de seguridad nacional, Kirstjen Nielsen, uno de los miembros de su gobierno que con más crueldad ha tratado a los inmigrantes. Irónicamente, la ha destituido por no ser lo bastante cruel. Trump considera que ha sido débil en su respuesta al ingreso de indocumentados por la frontera con México. Lo mismo piensa, según informan algunos medios, su fanático asesor Stephen Miller, enemigo jurado de los inmigrantes.

Nielsen, sin embargo, instituyó la despiadada política de separación de familias inmigrantes que idearon el presidente y algunos de sus asesores, incluyendo John Kelly, quien fuera el principal mentor de la funcionaria ahora destituida. También ordenó enjaular a inmigrantes, inclusive a niños. Su triste legado es un sistema persecutorio que, lejos de ahuyentar a los indocumentados, los estimula a venir cuanto antes por temor a que se cierre de manera drástica la frontera sur y con ello el acceso relativamente económico a Estados Unidos.

Todavía más grave es que la ineptitud e impiedad de Nielsen, aunadas a las del jefe que hoy la usa como chivo expiatorio, probablemente han separado para siempre a miles de niños inmigrantes de sus padres. Se trata de una de las acciones más brutales jamás perpetrada por un gobierno de Estados Unidos en la era moderna.

Pero es probable que el equipo de Trump también sea responsable de otras vilezas en el trato a los niños indocumentados. Por eso está tratando de evitar el ingreso de congresistas de la oposición demócrata a los centros de detención de esos menores. Esto contraviene la Sección 234 de la ley 115-245, la cual exige que se autorice a miembros del Congreso a “que entren, con el propósito de supervisar”, a cualquier instalación del país que se utilice para alojar o mantener la custodia de “niños extranjeros no acompañados”.

Entre los vetados recientemente se hallan las representantes floridanas Donna Shalala, Debbie Mucarsel-Powell y Debbie Wasserman- Shultz, quienes el otro día se quedaron con las ganas de ingresar al centro de detención de Homestead, en el condado de Miami-Dade, donde el gobierno retiene a dos millares de niños inmigrantes. Algunas de ellas habían recorrido ese centro con anterioridad. Y entonces resumieron su experiencia subrayando que allí vieron “niños que vivían en condiciones reducidas y similares a las de una prisión”. Ahora, expresan la preocupación de que el gobierno continúe enviando a menores a un centro ya atestado e inhóspito.

El veto a estas congresistas coincide además con denuncias frescas de que, en los últimos cuatro años, miles de niños inmigrantes no acompañados presuntamente sufrieron abuso sexual por parte de empleados de los centros de detención. La información proviene de documentos que la secretaria destituida, Nielsen, proporcionó al Congreso, algo que con toda certeza también sacó de sus casillas a su atrabiliario jefe. La Oficina de Relocalización de Refugiados del Departamento de Seguridad Nacional dice haber recibido 4,556 denuncias de abuso sexual de niños inmigrantes. El Departamento de Justicia asegura haber examinado otras 1,303. “Esta conducta”, subraya el representante demócrata por la Florida, Ted Deutch, “es despreciable, repugnante. Y este es solo el comienzo de las preguntas que el Departamento de Seguridad Nacional tendrá que responder” sobre lo que está sucediendo en sus instalaciones.

El maltrato a los niños inmigrantes es una fatídica consecuencia de las acciones y retórica constantes del presidente Trump y algunos de sus asesores para deshumanizarlos. El año pasado Trump declaró que la deportación de los indocumentados es necesaria porque “ustedes no podrían imaginarse cuán mala es esa gente, no son personas, son animales”. Días después trinó que los demócratas “quieren que los inmigrantes ilegales, no importa cuán malos sean, entren e infesten nuestro País (sic)”. Y la semana pasada Trump se burló de quienes solicitan asilo asegurando que sus vidas corren riesgos, calificándoles de “una gran estafa”.

La deshumanización de grupos humanos es una ruindad tradicional de fanáticos y autócratas de toda laya quienes solo alivian sus complejos e inseguridades denigrando y persiguiendo a quienes no piensan o lucen como ellos. Trump es un aspirante autócrata en un país institucionalmente democrático y libre. Pero no podría dar rienda suelta a sus turbias inclinaciones sin la expresa complicidad de otras personas, aquellas que ejecutan sus planes abusivos –como hiciera Nielsen– y los que aplauden su delirio persecutorio. Los autócratas con poder terminan enlodando moralmente a una sociedad entera, especialmente a sus colaboradores entusiastas y serviles y a sus cómplices por omisión, es decir, aquellos que callan o miran hacia otro lado mientras los autócratas perpetran sus fechorías.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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