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El Dream Act 2017 pone a prueba (otra vez) el déficit de valentía republicana

“A Trump le ha faltado valentía porque aunque dice tener a los dreamers cercanos a su corazón, no sólo revocó DACA sino que está abogando por usar a los dreamers como moneda de cambio ”.
Opinión
Asesora ejecutiva de America's Voice
2017-11-13T10:46:59-05:00
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La Acción Diferida de 2012 (DACA) protege de la deportación a unos 800,000 jóvenes indocumentados que entraron siendo niños a EEUU y se les conoce como dreamers. Crédito: Getty Images

Una de las ventajas de estar sumido en los vaivenes políticos de Washington D.C. durante más de dos décadas, es que uno ha visto y escuchado los mismos argumentos a favor o en contra de un tema; ha sido testigo, con horror o gusto, de los cambios de postura de los políticos según soplen los vientos de la conveniencia, y también ha presenciado en primera fila la evolución de los dreamers como punta de lanza del movimiento proinmigrante.

Y es frustrante ver que al cierre de 2017 todavía la situación de los dreamers no se soluciona.

El 1 de agosto de este año se cumplieron 16 años de la presentación del Dream Act original como medida bipartidista para conceder una vía a la ciudadanía a jóvenes traídos de niños sin documentos.

Y hace siete años, en medio de otro otoño-invierno, los dreamers peleaban otra batalla en esta guerra-maratón para que la nación que los vio crecer y de la que son parte, los reconozca de una vez y por todas.

El 8 de diciembre de 2010, la Cámara Baja, entonces de mayoría demócrata, aprobó una versión del Dream Act tras una desastrosa elección de medio periodo que les costó la mayoría. Pero la medida murió en el Senado el 18 de diciembre de 2010.

Se necesitaban 60 votos para cerrar el debate y proceder a la medida. Al final, 55 senadores votaron sí, pero no fue suficiente. En esa oportunidad tres republicanos votaron a favor mientras que cinco senadores demócratas y 36 republicanos se opusieron al cierre del debate, matando el Dream Act ese año.

La historia que siguió es ampliamente conocida. El tranque en el Congreso y una campaña de presión sobre el presidente demócrata Barack Obama resultaron en que se girara una solución temporal mediante orden ejecutiva, DACA, que permitió que 700,000 jóvenes fueran amparados contra la deportación y obtuvieran permisos de trabajo, lo que ha beneficiado a los individuos, sus familias, sus comunidades y a la economía de la nación.

El ascenso de Donald Trump a la presidencia supuso la revocación de DACA con fecha de expiración artificial: el 5 de marzo de 2018. La revocación de DACA supone que cientos de miles de dreamers quedarían vulnerables a la deportación, aunque para efectos prácticos ya lo están.

Recuerdo que en el debate en el Senado en 2010, el senador demócrata de Ilinois y autor y auspiciador del Dream Act original, Richard Durbin, hizo el siguiente llamado: “Hoy no sólo estoy pidiendo un voto por el Dream Act… les estoy pidiendo mucho más: un voto de valentía política”.

Y siete años más tarde a Trump le ha faltado esa valentía porque aunque dice tener a los dreamers cercanos a su corazón, no sólo revocó DACA sino que está abogando por usar a los dreamers como moneda de cambio para obtener fondos para el muro en la frontera, más espacio para detención y la agilización de las deportaciones.

Su secretario de Justicia, Jeff Sessions, acérrimo detractor del Dream Act y de DACA, ha solidificado su oposición primero como senador de Alabama y ahora como titular de Justicia.

Ahora los dreamers pelean varios frentes en diversos escenarios.

Por un lado, están los esfuerzos para impulsar un Dream Act independiente, libre de enmiendas venenosas que impidan su avance. Y contrario a 2010, el Dream Act ha ido recabando apoyo bipartidista, incluyendo varios republicanos que siempre lo han apoyado, otros que han sido genuinamente convencidos de los beneficios del Dream Act para el país, y otros más que saben que su supervivencia política supone posturas migratorias sensatas. La semana pasada 17 republicanos abogaron por el Dream Act, algo que no se vio en 2010.

Los otros escenarios que enfrentan los dreamers se dan en el marco de la complicada batalla presupuestaria en la que un sector del Congreso pretende incluirlos. Proponen agregar el Dream Act si se financian las prioridades de Trump sobre el muro y las detenciones y deportaciones.

Un Dream Act independiente y libre de enmiendas es lo correcto.

La interrogante es si en 2017 finalmente se superará el déficit de valentía republicana para abordar este tema.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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