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El de Donald Trump: un gobierno a la deriva

“La ignorancia del presidente sobre política, gobierno y democracia es tan grande que depende totalmente de lo que le dicen sus asesores para tomar decisiones importantes”.
Opinión
Miembro de la unidad política de Univision Noticias.
2017-03-07T14:06:13-05:00

Cuando en el futuro se estudien los asuntos y la historia de nuestra república, la presidencia de Donald Trump se convertirá en ejemplo de desastre perfecto. El magnate neoyorquino ha llevado a la Casa Blanca una mezcla de ineptitud, vesania y crueldad que difícilmente habría podido concebir el más imaginativo autor de novelas de terror. El resultado es un gobierno a la deriva que se sostiene mediante tergiversaciones de la realidad, manipulaciones y teorías conspirativas que reflejan la personalidad retorcida y atrabiliaria de su jefe máximo. Algunas familias inmigrantes asustaban a sus hijos con Trump desde que éste era candidato. Cualquier familia norteamericana podría hacer hoy lo mismo.

La ignorancia del presidente sobre política, gobierno y democracia es tan grande que depende totalmente de lo que le dicen sus asesores para tomar decisiones importantes. Pero en su entorno íntimo necesita aduladores que alimenten su insaciable narcicismo. Por eso se rodea de asesores cuya principal característica no es la experiencia o el conocimiento sino la incondicionalidad. Gente de baja estofa como Steve Bannon, Stephen Miller y Michael Flynn, el exasesor de seguridad nacional tronado por mentiroso y compinche de los rusos. O yesmen como el vicepresidente Mike Pence quien hace el doble papel de alcahuete del mandatario y líder respetable, por si tuviera que reemplazar a su jefe, como anhelan algunos republicanos, en caso de destitución o renuncia forzosa.

A pesar de su retórica populista, en sus primeros días al mando Trump ha demostrado que su lealtad es a los ricos, es decir, al 1% de la población estadounidense. Su gabinete es un pabellón de billonarios donde incluso los millonarios desentonan. Su equipo financiero prepara profundos recortes de impuestos para la nueva clase gobernante y las corporaciones y una rebaja mucho más modesta para la clase media. Y desde que llegó a la Casa Blanca ha aplicado la guadaña a reglas que protegían a trabajadores, consumidores y comunidades enteras de los abusos, la violencia de las armas y la contaminación ambiental. El pretexto ha sido que esas reglas frenan el crecimiento de las empresas y la generación de empleos. El plan de gastos que envió al Congreso propone una reducción significativa del presupuesto de la Agencia para la Protección Ambiental, al frente de la cual colocó a negadores del calentamiento global, promovidos por los dueños de algunas de las empresas que más contaminan nuestro medio ambiente, como los hermanos Koch.

Trump se estrenó con una serie de medidas irresponsables cuyo objetivo era dar la impresión de que cumplía de inmediato algunas de sus más delirantes promesas como candidato, esas que enardecen la xenofobia y el racismo de muchos de sus seguidores. La mayoría de esas medidas fueron un instantáneo fracaso y convirtieron a su gobierno y a Estados Unidos en el hazmerreír del mundo democrático. Las cortes federales echaron abajo su veto migratorio de todos los refugiados y de viajeros provenientes de siete países predominantemente musulmanes, veto que provocó caos en decenas de aeropuertos, separó familias injustamente y causó pérdidas millonarias a empresas estadounidenses. Frenado por el poder judicial, el presidente y sus asesores acaban de presentar un segundo veto migratorio menos radical que probablemente enfrentara nuevos retos legales.

Al aterrizar en la oficina oval, Trump también firmó una acción ejecutiva para invalidar Obamacare. Pronto se hizo evidente, sin embargo, que su lema de campaña, “Revocar y Reemplazar”, era pura fanfarronería. Ni él ni su partido republicano tenían un plan alternativo para preservar la protección médica de decenas de millones de norteamericanos protegidos por Obamacare y la expansión del medicaid. El presidente hizo de nueva cuenta gala de su inopia al declarar: “Nadie se imaginó que la atención médica pudiera ser tan complicada”. Ese “nadie” era otra confesión de su ignorancia. En realidad, numerosos expertos, legisladores y presidentes han sabido durante mucho tiempo lo difícil que es dar cobertura médica a 320 millones de norteamericanos sin quebrar el erario público. La respuesta, imperfecta pero mejorable, era Obamacare. Tanto es así que, tras despotricar durante años contra el famoso plan de salud del Presidente Obama, esta semana republicanos aliados a Trump propusieron otro plan que bien pudiera calificarse de “ Obamacare light”. Como esta nueva versión amenaza con dejar sin protección médica a millones de ancianos y otras personas vulnerables, algunos legisladores republicanos han sido los primeros en criticarla.

Con idéntica fanfarria, Trump firmó un decreto para comenzar a erigir el muro en la frontera sur y en vano trató de intimidar a su colega Enrique Peña Nieto para que lo pagara México. Ahora sabemos que costará por lo menos 20,000 millones de dólares y que lo pagaremos los contribuyentes norteamericanos, a pesar de que numerosos expertos advierten que no frenará la inmigración ilegal. Más discretamente el presidente le ordenó al Departamento de Justicia que deje de defender a las minorías de las leyes de supresión de votantes y que desista de exigirle al departamento de policía de Baltimore, notorio por sus excesos contra los afroamericanos, que adopte un plan para sensibilizar a sus agentes en el trato a la ciudadanía.

Pero acaso lo que mejor simboliza la ignorancia y la crueldad de nuestro nuevo presidente y algunos de sus asesores es el plan de separar a los niños de sus padres cuando sean detenidos mientras ingresan ilegalmente al país. Esta medida lleva la impronta de dos nacionalistas sospechosos de xenofobia, Bannon y Miller, este último un viejo enemigo de la inmigración hispana según atestiguaron a Univision.com algunos de sus antiguos compañeros de estudios en California. El gobierno dice que esta medida es necesaria para desalentar el peligroso envío de niños indocumentados a Estados Unidos. Pero la propuesta separación de esas criaturas de sus padres es comparable a la que practicaron los peores regímenes de la historia, como el nazi y los comunistas, quienes en su día también esgrimieron –y aún esgrimen en el caso de las dictaduras comunistas sobrevivientes– toda suerte de malos pretextos.

Estas y otras políticas torpes y bárbaras marcarán mientras dure la presidencia de Trump. Es previsible que el acoso que sufre el presidente por el Russiagate –el escándalo por la injerencia rusa en la elección presidencial– exacerbe su tendencia a actuar en forma impulsiva y arbitraria y a lanzar falsas acusaciones y ataques personales a enemigos reales o imaginarios, como acaba de hacer contra el expresidente Barack Obama, al acusarle sin pruebas de haber intervenido los teléfonos del Trump Tower. Solo cuando los republicanos sientan el rechazo mayoritario de sus propios votantes surgirá la posibilidad real de ponerle fin al desastre en que Trump ha convertido a nuestro gobierno. Es una posibilidad que, por ahora, continúa siendo remota.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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