El asesor especial Robert Mueller bajo asedio

“Mientras consagra su presidencia a salvarse de la destitución, la cárcel o el descrédito total, Trump ignora olímpicamente el peligro real de la interferencia de los rusos y otros adversarios en los asuntos internos de la nación”.
Opinión
Miembro de la unidad política de Univision Noticias.
2017-12-19T11:17:51-05:00

La mejor prueba de la efectividad de la investigación que realiza Robert Mueller –y de adónde se dirige ésta– es la implacable campaña que realizan el Presidente Trump, sus incondicionales y sectores del Partido Republicano para frustrarla. Eso no debería ocurrir. Los estadounidenses merecen saber el alcance de la injerencia rusa en nuestras elecciones de 2016 y la posible complicidad de la campaña de Trump en ella. La calidad y efectividad de nuestra democracia en gran medida dependerá de que se evite que en el futuro vuelva a producirse una manipulación del proceso como la que llevó a cabo con éxito manifiesto el régimen de Vladimir Putin.

Solamente en los últimos días, Trump y sus aliados en el Capitolio y los medios han desinflado las pesquisas que realizan diversas comisiones en el Congreso; han tratado de desprestigiar al FBI y al asesor especial, Mueller, acusándolos falsa y malévolamente de estar prejuiciados a favor de Hillary Clinton y en contra de Trump; también los han acusado de haber obtenido “en forma inapropiada o ilegal” numerosos correos de funcionarios de la campaña y de la presidencia de Trump, y han propagado el embuste de que los investigadores exonerarán pronto al mandatario. Se trata de un estridente y malintencionado esfuerzo que, en conjunto, equivale a una obstrucción de justicia tan grave o peor que la que le costara la presidencia a Richard Nixon en los años 1970.

Buena parte de los recursos presidenciales se están invirtiendo en esta gigantesca maniobra de distracción y obstrucción. Frente a ella, la oposición demócrata y los republicanos honestos que se preocupan más por el bienestar de la nación que por sus intereses partidistas o individuales –pocos, a juzgar por los que se han pronunciado en público– deberían mantenerse firmes y vigilantes, listos para prevenir el objetivo final de la turbia campaña: la destitución de Mueller y el cese de la pesquisa. Podría servirles de inspiración la conducta del vicefiscal general, Rod J. Rosenstein, a quien Trump y sus secuaces han presionado en vano para que la clausure. Rosenstein hizo una defensa pormenorizada de Mueller, al testificar ante la comisión judicial de la Cámara de Representantes la semana pasada que las reglas le impiden al asesor especial guiarse por el sectarismo político y al diferenciar entre el hecho evidente de que los investigadores tienen criterios políticos y que tomen decisiones prejuiciadas. “Mueller”, puntualizó Rosenstein, “ha actuado en forma apropiada”.

Mientras consagra su presidencia a salvarse de la destitución, la cárcel o el descrédito total, Trump ignora olímpicamente el peligro real de la interferencia de los rusos y otros adversarios en los asuntos internos de la nación, incluyendo las elecciones. Solo él y sus incondicionales disienten del consenso de las agencias de inteligencia de Estados Unidos de que piratas rusos, a las órdenes de Putin, robaron correos de la campaña de Hillary Clinton y del Partido Demócrata y luego los entregaron para su publicación con el objetivo de perjudicar las posibilidades de triunfo de la candidata demócrata en noviembre de 2016 y de favorecer a Trump. El mandatario no ha celebrado ni una sola reunión de alto nivel para confrontar el espionaje cibernético de Moscú. Como consecuencia, podemos esperar con certeza matemática que Putin ensaye maniobras similares en el futuro, aumentando así los riesgos para nuestro proceso democrático.

El pasado domingo Trump negó que esté considerando destituir a Mueller. Pero sus acciones y comentarios, los de sus abogados y los de sus defensores pagados en los medios indican lo contrario. Entre todos le están haciendo la cama al asesor especial para cargárselo y terminar de una vez con sus indagaciones que, poco a poco, se han ido acercando a los niveles más altos del poder. Dos exmiembros de su campaña enfrentan cargos criminales por traición, perjurio y lavado de dinero. Otros dos se han declarado culpables, incluyendo su exasesor de seguridad nacional Michael Flynn. Varios colaboran con los investigadores. Esto último preocupa tanto al presidente que algunos de sus actuales asistentes temen que se derrumbe emocionalmente, según informa la Cadena CNN, citando fuentes anónimas de la Casa Blanca. No hay duda de que un posible derrumbe del mandatario sería negativo para el país. Pero mucho peor resultaría que, mediante maniobras sucias, se frustrara la única posibilidad que tenemos de conocer toda la verdad sobre la trama rusa.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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