El antídoto para 'el ruido y la furia' en 2019

“Recientemente tuve dos experiencias de silenciosa vida cotidiana que me hicieron reflexionar sobre la necesidad de escuchar el lado más tranquilo de nuestra realidad”.
Opinión
Exembajador de Estados Unidos en Panamá.
2019-01-03T11:45:15-05:00

"¡Apágate, apágate, luz fugaz! La vida no es más que una sombra que pasa, deteriorado histrión que se oscurece y se impacienta el tiempo que le toca estar en el tablado y de quien luego nada se sabe; es un cuento que dice un idiota, lleno de ruido y de furia, pero falto de toda lógica". - William Shakespeare, Macbeth.

Para aquellos que siguen la política en Estados Unidos y América Latina, 2018 fue un año de ruido y furia shakesperianos. Queda por ver qué significa. Pero definitivamente lo escuchamos y sentimos.

El incesante sonido de la antagonista y engañosa cuenta de Twitter del presidente Trump que satanizó a los migrantes centroamericanos y de otros países. El preocupante sonido de los votantes brasileños que eligieron un “Mano dura”, un presidente apegado a la ley y el orden que promete violar los derechos humanos para restablecer la seguridad en Brasil. Y el confuso ruido de un nuevo líder populista mexicano, que prometió en tono alentador acabar con la corrupción de la política tradicional de México. Lamentablemente, también habló de un regreso a la política exterior tradicional de no intervención, incluso ante la destrucción indiscriminada de Venezuela por parte de una corrupta narco-dictadura.

También hubo mucha furia. La furia del electorado estadounidense que le gritó a su grosero presidente que los hechos sí importan, que los valores son importantes y que los votantes hacen pagar caro cuando se sienten defraudados. La región fue testigo de la furia justa de los nicaragüenses, bajo el asalto armado del régimen vil y sediento de poder de Ortega que intentó sofocar la disidencia democrática y la prensa libre del país. También vimos la furia de las Naciones Unidas y de muchos gobiernos y legisladores regionales por los descarados ataques del gobierno de Jimmy Morales a la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), el organismo de investigación más exitoso en la historia de ese país, diseñado para garantizar que los abusos contra los derechos humanos y la corrupción se combatan en el marco del estado de derecho. Lamentablemente, Estados Unidos permaneció mudo.

A diferencia de este ruido y esta furia metafóricos, recientemente tuve dos experiencias de silenciosa vida cotidiana que me hicieron reflexionar sobre la necesidad de escuchar el lado más tranquilo de nuestra realidad, a menudo como un antídoto para el ruido y la furia.

El silencio que truena

La primera de estas silenciosas experiencias fue al ver la magnífica película "Roma" de Alfonso Cuarón. Es un relato de la tensa vida doméstica en la Ciudad de México de la década de 1970, vista y escuchada a través de ojos y oídos de una criada mixteca, Cleo, que trabaja en una casa de clase media alta. Delicada obra de claroscuros unida con imágenes en blanco y negro cuidadosamente tomadas, la película se mueve al ritmo de Cleo, no al nuestro. La sencilla trama se revela deliberadamente y, a menudo, los momentos más impactantes se transmiten con silencios en lugar de diálogos. Los sonidos ambientales del canto de los pájaros, o la brisa, o el agua que se arremolina en el drenaje de un patio, son la banda sonora del dolor, el deleite o la paciente resignación de Cleo. Cleo contempla los aviones que vuelan a lugares a los que nunca viajará y ve cómo una familia con defectos, pero benévola, se desmorona pero sobrevive, todo al ritmo de perros que ladran y de la ropa en las azoteas bajo la luz del sol, donde ella y las otras “muchachas” realizan sus rituales quehaceres cotidianos. Una existencia deprimente, incluso opresiva, según mis estándares gringos modernos; sin embargo, conozco México lo suficiente como para sentir el amor entre Cleo y su familia. Escuché su esperanza y su tristeza, aunque no se expresaron con palabras. La película de Cuarón me hizo escuchar cuando no se percibía ningún ruido o furia, cuando tuve que esforzarme para oir la tenue canción de cuna de Cleo. Sentí una sutil nostalgia por una vida que nunca había vivido. Estaba llena de ternura, no de ruido ni de furia.

El Pan de Cada Dia

Fue en 2017, no en 2018, que la isla de Puerto Rico experimentó la cruel furia del huracán María, un golpe devastador del cual el territorio aún se está recuperando. He venido a la Isla del Encanto por más de tres décadas y he sido bendecido con una familia política cariñosa y bulliciosa. Como todos los chicos estadounidenses que se casan con una chica latina, hace mucho tiempo aprendí que no solo te casas con la chica, te casas con la familia. Y en mi caso, la banda sonora de la familia para la temporada navideña es “bulla”, una alegre fiesta. La música salsa a todo volumen compite con las conversaciones a gritos entre las distintas generaciones. La percusión de plena, bomba y reguetón conducen inevitablemente a los omnipresentes bailes. Comida de temporada como pasteles, pernil, y coquito y chicharrones aparecen en la mesa ante aplausos y gritos de alegría. Las vacaciones puertorriqueñas son una experiencia alegre y ruidosa.

Así que fue sorprendente haber encontrado una paz tranquila en el apacible ambiente matinal de las panaderías españolas de la isla. Negocios familiares de tercera y cuarta generación que ofrecen pasteles, dulces, vinos y jamones ibéricos son atendidos por rapidísimos cocineros locales de comida rápida que hacen increíbles sándwiches y delicias como pastelillos, quesitos, croquetas y empanadas. Los desayunos aquí son una auténtica fusión entre comida americana y española. Escuchando la charla en voz baja de los clientes habituales mientras pedían café oscuro con leche, mallorcas —un pan ligero y dulce, tostado y cubierto con azúcar en polvo— o un revoltillo (huevos revueltos) y jugo de china fresco (jugo de naranja — ¡por qué le llaman china a la naranja es algo que no entiendo!), me di cuenta de la tranquila resiliencia de la isla.

Las finanzas están mal, la economía es lenta y gran parte del paisaje de la isla todavía parece un desastre tropical distópico. Pero las panaderías de Puerto Rico continúan con la férrea persistencia de Cleo en “Roma”. En esa tranquila rutina de la vida cotidiana, la bondad y la decencia, surge, a menudo en un centro comercial, el emporio de la comida española. Cuando mi amigo y humanista nominado al Nobel, el chef José Andrés, llegó a la isla tras el paso del huracán para comenzar a alimentar a las víctimas, fue un importador español de alimentos de tercera generación quien abrió sus almacenes y dijo tranquilamente: “Tomen lo que necesiten”.


El ruido y la furia nos esperan, sin duda, en 2019. Los presidentes del Comité Demócrata de la Cámara desatarán una furia investigativa sobre la administración Trump. Se construirá o no el polémico proyecto del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México. En cualquier caso, el ruido de la política será ensordecedor. Dictadores como Maduro de Venezuela, Ortega de Nicaragua y el Partido Comunista de Cuba seguirán expulsando a los críticos y usurparán las aspiraciones democráticas de sus ciudadanos.

En este contexto, será importante que todas las personas de toda América escuchen con atención los silencios en los que se encuentran la fuerza, la resistencia y la generosidad.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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