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Debemos ampliar inmediatamente el acceso a los servicios de atención de la salud mental para la comunidad latina

"Es una crisis de atención de la salud mental y atención de adicciones que se ha estado generando durante años y que ha afectado de forma desproporcionada a la comunidad latina. Trágicamente, por ejemplo, las jóvenes latinas son dos veces más propensas a intentar suicidarse que sus semejantes blancas". Read this article in English
2019-08-26T11:27:27-04:00

Por Pete Buttigieg

A menudo he dicho que el mejor país del mundo no debería temerles a los niños que huyen de la violencia—y que los niños que huyen de la violencia no deberían temerle al mejor país del mundo. Sin embargo, uno de los impactos más trágicos de las inhumanas políticas de inmigración de esta administración ha sido el trauma infligido en toda una comunidad. Los niños gritan y lloran desconsoladamente, incluso después de reunirse con sus familias. Los padres se van a trabajar aterrorizados porque podrían nunca volver a ver a sus hijos. La ansiedad y el estrés se han disparado entre los jóvenes latinos.

Demasiadas personas en la comunidad latina ni siquiera buscan ayuda médica por temor a que un agente de ICE se presente en el hospital o la clínica. Esta crisis es apenas una vívida ilustración de una epidemia más grande que afecta a Estados Unidos. Es una crisis de atención de la salud mental y atención de adicciones que se ha estado generando durante años y que ha afectado de forma desproporcionada a la comunidad latina. Trágicamente, por ejemplo, las jóvenes latinas son dos veces más propensas a intentar suicidarse que sus semejantes blancas.

Esta epidemia es el resultado de años de negligencia por parte de los líderes políticos en Washington, quienes afirman priorizar la salud mental y la atención a las adicciones, mientras intentan, al mismo tiempo, recortar fondos para su tratamiento. Nuestro sistema de atención médica está tan estropeado—y nuestro enfoque es tan fragmentado y a menudo punitivo—que menos de uno de cada cinco estadounidenses con trastornos por consumo de sustancias y dos de cada cinco con enfermedades mentales reciben tratamiento.

Estas tasas son aún más bajas en la comunidad latina, que enfrenta mayores obstáculos para acceder a la atención sanitaria. Para enfrentar este urgente desafío nacional, necesitamos un nuevo enfoque hacia los servicios de atención de la salud mental y atención a las adicciones que tome en cuenta las necesidades y obstáculos excepcionales que enfrenta la comunidad latina. Eso requerirá de un verdadero compromiso a nivel nacional para tratar este problema como la crisis que verdaderamente es, un compromiso que se base en el empoderamiento de las comunidades para que todos sientan que tienen el apoyo y los recursos para recuperarse. Hoy propongo un plan para lograr precisamente eso.

Se le debe hacer frente a esta crisis mediante el fortalecimiento de esas comunidades locales. A través de subvenciones anuales de Healing and Belonging por valor de 10 mil millones de dólares, alentaremos a nuestras comunidades a aprovechar su ingenio y experiencia en el terreno para ayudar a mejorar la salud. Las Vegas podría optar por expandir la fuerza laboral del sector de atención a las adicciones mediante sus iglesias. Houston podría enfocarse en mejorar la salud mental de los latinos mediante iniciativas respetuosas para con la diversidad cultural.

También desarrollaremos un enfoque de atención más integrado que permitirá el acceso universal a la cobertura de salud mental y de adicciones. Incentivaremos una mayor integración de la atención primaria y la salud mental. Y finalmente aplicaremos la paridad en los servicios de atención a la salud mental — lo cual significa que, si un plan de salud ofrece consultas médicas ilimitadas por un padecimiento físico, debe aplicarse lo mismo a un padecimiento de salud mental — penalizando a las compañías de seguros que no cumplan. Estas medidas ayudarán a mejorar el acceso en la comunidad latina. Al mismo tiempo, dado que la tasa de muertes por sobredosis de opioides en la comunidad latina aumenta más rápidamente que entre los blancos, abordaremos la epidemia de opioides directamente.

Tras haber sido testigos de cuántas vidas se salvaron cuando aprovisionamos a los socorristas de South Bend con Narcan, garantizaremos el acceso universal a medicamentos para el tratamiento de las adicciones — y les pediremos cuentas a las empresas farmacéuticas por exacerbar la epidemia en primer lugar. Nuestro plan creará conciencia sobre los traumas y ampliará el acceso a la atención médica para el tratamiento de los traumas. Así que, una familia latina traumatizada por la aplicación indiscriminada de las leyes por parte de ICE o la comunidad puertorriqueña que sufre las consecuencias de la desastrosa respuesta de esta administración al paso del huracán María podrán recibir atención en un entorno seguro, solidario y respetuoso.

Dado que la solución de esta crisis necesita de la participación de todos, también capacitaremos no sólo más profesionales médicos y de salud mental, sino también comunidades enteras. Entrenaremos a las fuerzas policiales para identificar las enfermedades mentales, de modo que alguien que presente una crisis reciba tratamiento antes de que sea demasiado tarde. Les exigiremos a todas las escuelas del país que den cursos de primeros auxilios de salud mental, que estarán disponibles en español y otros idiomas, y capaciten a los maestros y al personal de las escuelas para que sepan cómo ayudar a los estudiantes cuando lo necesiten. Y reduciremos el estigma en torno a estos problemas y sacaremos de las sombras a quienes los padecen.

Finalmente, abordaremos la salud mental y las adicciones al abordar la crisis más profunda de pertenencia que existe en este país. Mediante nuestro programa de servicio nacional, reforzaremos nuestro tejido social para que los estadounidenses le encuentren sentido a ayudar a otras personas—incluso mediante un Community Health Corps para ayudar a quienes enfrentan las adicciones y las enfermedades mentales. Lanzaremos una campaña nacional para contrarrestar el aislamiento y la enajenación. Y trabajaremos para garantizar que el mensaje divisionista de esta administración sea acallado por quienes insistimos en que la comunidad latina tiene el mismo derecho que todos a disfrutar de los beneficios de la vida en este país.

Mediante estas políticas audaces, reduciremos la cantidad de personas encarceladas a causa de enfermedades mentales o consumo de sustancias en un 75 por ciento y garantizaremos que muchos más que necesitan atención la reciban—10 millones más de personas al final de mi primer período en comparación con la cifra actual. Y para 2028, evitaremos 1 millón de muertes provocadas por la desesperación. Ahora es el momento de emprender una reforma coherente y transformadora para salvar vidas. Cuando yo sea presidente, lo haremos.

Pete Buttigieg es el alcalde de South Bend, Indiana, y se está postulando para la candidatura presidencial demócrata.


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