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El oportuno regreso del Estado benefactor

"Estudios independientes sugieren que el plan Biden podría sacar de la pobreza a 15 millones de niños y reducirla 45 % entre los hispanos y 52 % entre los afroamericanos. No cabe duda de que es mejor alternativa a no haberlo aprobado. Pero lo prudente será juzgarlo no solo por los principios que lo animan sino también por sus resultados".
Opinión
Miembro del equipo de política de Univision.
2021-03-15T15:31:46-04:00
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"Por verse queda si la reivindicación del estado benefactor que presupone el plan Biden será efímera o duradera". Crédito: Joe Raedle/Getty Images

Si cuando finiquitó el trumpismo como (des)gobierno hace menos de dos meses nos hubieran dicho que regresaría el estado del bienestar social, no lo hubiéramos creído. Y, sin embargo, eso es exactamente lo que está ocurriendo. La adopción del llamado Plan de Rescate de EEUU, primera legislación importante que logra el presidente Joe Biden, no es otra cosa que la reivindicación del gobierno como instrumento para mejorar la sociedad, la convivencia entre las personas que la integran y la equidad económica y social.

También es una soberana trompetilla a décadas de ataques y calumnias de los conservadores, tanto republicanos como demócratas, contra el Estado benefactor en este país, ataques y calumnias que con frecuencia se han reproducido bajo la etiqueta de neoliberalismo en Europa y América Latina.

Repasemos los detalles. El plan Biden consta de casi dos millones de millones de dólares destinados, mayormente, a aliviar la pobreza y frenar la caída en picada en ella de estadounidenses de clase media. Además de enviar miles de millones en cheques directos a muchas personas, extiende los beneficios de desempleo hasta el seis de septiembre.

Libera de impuestos los primeros $10,200 de familias cuyos ingresos combinados se hallan por debajo de los $150,000. Incluye más de $700 mil millones para negocios pequeños, especialmente de minorías étnicas y en particular de afroamericanos, quienes fueron excluidos de forma sistemática de dos rescates el año pasado. Ofrece $25 mil millones en ayuda de emergencia para personas que no pueden seguir pagando sus alquileres o hipotecas de viviendas. Y da créditos tributarios de entre $3600 y $3000 a familias de escasos recursos con hijos menores de edad, incluyendo indocumentados.

Republicanos y demócratas se habían unido bajo el lema simplificador de “fin del Estado benefactor tal y como lo conocemos”, el cual se puso de moda a partir de la presidencia de Bill Clinton. Pero varios factores se han combinado para superar esa idea simplificadora y reemplazarla por otra más compleja, realista y solidaria. Uno muy importante es que solo el gobierno era capaz de responder a la doble crisis sanitaria y económica que padece el país. Otro es que la pandemia de coronavirus, además de matar a 530 mil estadounidenses, ha extendido la pobreza y dejado a decenas de millones sin recursos adecuados para alimentarse, cuidar su salud y asegurarse un lugar decoroso donde vivir.

Sin embargo, el cambio de pensamiento y tendencia no habría sido posible si el movimiento de Black Lives Matter no hubiera desnudado las profundas desigualdades en nuestra sociedad y si los llamados “progresistas” no se hubieran hecho fuertes dentro del partido demócrata. Incluso, los republicanos han tratado de reinventarse como un partido conservador que quiere mejorar las condiciones de los trabajadores.

El timonel del cambio, Joe Biden, es tan improbable como el cambio mismo. Durante casi cinco décadas en la política, Biden se presentó siempre como representante de la clase media, no de los pobres. En la contienda primaria fue uno de los demócratas más moderados. Pero sucede que también es un político pragmático a quien las circunstancias han empujado hacia la sensibilidad social y la preocupación por los vulnerables. “Estoy más o menos en la posición en que estaba Franklin Delano Roosevelt”, declaró él mismo la semana pasada, refiriéndose a la Gran Depresión a la que su ilustre antecesor respondió con la política del Nuevo Trato, la cual creó el Estado benefactor en los años 1930.

Tan popular es el nuevo rescate – siete de cada 10 estadounidenses lo respaldan en los sondeos - que los republicanos apenas le han ofrecido oposición simbólica. Todos, desde luego, votaron en contra porque aspiran a reconquistar la presidencia socavando los planes de gobierno de Biden. Pero el liderazgo republicano en el Congreso zorramente usó como carne de cañón a representantes primerizos, especialmente a los que no saben dónde están parados, para atacar el plan Biden, mientras reservaba sus municiones para dispararle a la nueva política migratoria y sus efectos en la frontera con México.

Estudios independientes sugieren que el plan Biden podría sacar de la pobreza a 15 millones de niños y reducirla 45 % entre los hispanos y 52 % entre los afroamericanos. No cabe duda de que es mejor alternativa a no haberlo aprobado. Pero lo prudente será juzgarlo no solo por los principios que lo animan sino también por sus resultados.

Como todo plan de gastos monumental, entraña riesgos de inflación sin ofrecer garantías de que reactivará la economía a los niveles deseados. Y hará más difícil que los demócratas puedan adoptar otros costosos programas benéficos, como el de renovar la infraestructura del país, generando cientos de miles de empleos.

Por verse queda si la reivindicación del Estado benefactor que presupone el plan Biden será efímera o duradera. Después de todo, la incesante propaganda ha hecho que muchos estadounidenses perciban al gobierno como un enemigo, aun cuando cosechan los frutos del seguro social, el Medicare, el Medicaid, el sindicalismo y otros elementos del Estado benefactor. Agréguese a la cuenta ahora el plan de rescate de Joe Biden.

Nota : La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.


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