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Los más pobres de Brasil apoyan al gobierno y quienes que su selección gane por sexta vez la Copa Mundial de Fútbol. 

Hotel abandonado y habitado por pobres será un palco de lujo para ver el Mundial

Hotel abandonado y habitado por pobres será un palco de lujo para ver el Mundial

Son más de 500 sin techo los que viven en un viejo hotel de cuatro estrellas esperando el hexacampeonato.

Los más pobres de Brasil apoyan al gobierno y quienes que su selección g...
Los más pobres de Brasil apoyan al gobierno y quienes que su selección gane por sexta vez la Copa Mundial de Fútbol. 

Son más de 500 “sin techo” los que viven en un viejo hotel de cuatro estrellas que fue abandonado y expropiado por la Prefectura de Sao Paulo. Algunos inquilinos fueron expulsados de una favela del barrio Alto Alegre, en 2008, y encontraron en el antiguo edificio un lugar para vivir.

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Intractivo: La huella del mundial

María Planalto es una de ellas. Administra el lugar desde la recepción del otrora lujoso Lord Palace Hotel, rodeada de cuadros de hilos dorados, lámparas y techos de otros tiempos que daban la bienvenida a los clientes, cuenta un reportaje publicado por el diario español El Mundo en su página digital.

Ver: La Copa Mundial Fifa Brasil 2014

Planalto vivió tres años en las calle hasta que en 1987 se sumó al movimiento de los sin techo. “Es un Maracanazo social; son los uruguayos del 50, esta vez sin derrotados”, cuenta la nota.

El hotel fue abandonado por su propietario. A pesar del deterioro, los nuevos habitantes quedaron sorprendidos por su belleza y elegancia. Cuenta el reportaje que hasta antes de la ocupación, muchos de los niños se bañaban en charcos, amontonados unos sobre otros por la falta de agua, y los adultos se frotaban con paños húmedos.

 

Biónica patada inicial en el Mundial de Brasil 2014 Univision

De pronto y sin siquiera imaginarlo, tuvieron a mano inmensas bañeras. Un lujo caído del cielo.

A diferencia de muchos brasileños, los inquilinos del Lord Palace Hotel defienden al Gobierno y a la Penta, como le dicen a su Selección Nacional de fútbol.

Están convencidos que el Mundial dejará utilidades. Planalto dice que se gastará mucho dinero, pero tendrá retorno. “No podemos pretender que en un mes”, dice, “se hagan las cosas que llevan 20 años sin hacerse: hospitales, colegios, las miles y miles de viviendas que nos han prometido”.

La recepcionista del Lord Palace Hotel, sin embargo, no habla de las protestas, ni de las críticas porque el presupuesto fue hecho trizas y Brasil está organizando la Copa más cara de la historia, bajo sospecha de corrupción en los contratos, cuenta El Mundo.

 

Arena Corinthians, la sede de la apertura del Mundial Brasil 2014 Univision

En cada piso hay un folio que recuerda el reglamento que norma la vida en el hotel. Nadie puede entrar después de las 10 pm salvo que traiga permiso de trabajo o del médico. Y las visitas están autorizadas sólo hasta las cuatro de la tarde.

También es prohibido llevar ropa ajustada y provocadora y ni hablar de bebidas alcohólicas o entrar borracho.

«Si bebes te quedas fuera unas horas para pensar en lo que has hecho», advierte Planalto. En cuanto a las drogas, expulsión inmediata e irremediable.

En el Lord Palace Hotel viven 350 familias y 217 niños (sólo el portero, Mario, tiene seis a los 40 años, tres con cada mujer; dice que no puede volver a casarse). Todos los niños estudian, casi todos ellos sueñan con empezar una carrera. El dinero que ahorran sus padres en vivienda lo dedican a sus libros, cuenta El Mundo.

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Estadounidenses hispanos eufóricos en vísperas del Mundial Univision

Algunos inquilinos, como la familia de Tamires do Santo, vivían debajo de un puente. Las primeras semanas Tamires metía a los niños en cama y cada mañana se los encontraba durmiendo en el piso, felices. Después de tanto probar, por fin habían encontrado el mejor suelo del mundo.

En este lugar se ensueño para unos, abandonado para otros, cientos de brasileños apoyarán a su selección en la carrera por la conquista del sexto campeonato mundial de futbol. También cruzarán los dedos para que no se repita el dolor de 1950, el maracazo, cuando la selección de Uruguay les quitó un sueño del que muchos todavía no se reponen.

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