Dos meses antes del primer partido de la Copa del Mundo de 1966 en Inglaterra, los titulares de la prensa local e internacional reportaron lo impensable: el trofeo Jules Rimet fue robado. La estatuilla de oro de 3.8 kilogramos (8.37 libras), diseñada en representación de la diosa griega de la victoria, se encontraba en exhibición en la iglesia metodista de Westminster en Londres.
La increíble historia de los dos robos de la Copa del Mundo original que terminó fundida en lingotes de oro
La estatuilla, conocida como trofeo Jules Rimet, fue robada por primera vez en Inglaterra y después en Brasil; un doble golpe histórico que demostró las frágiles medidas de seguridad con las que se resguardaba el galardón más codiciado del planeta
El salón compartía espacio con una valiosa colección de sellos postales. La insignia fue bautizada así en honor del presidente de la FIFA que en 1928 encabezó la organización del primer Mundial de Fútbol que se realizó en Uruguay en 1930.
El robo del trofeo obligó a Scotland Yard a iniciar una investigación urgente. La nación que intentaba albergar el torneo más importante del deporte enfrentaba una crisis de seguridad a pocas semanas de la inauguración.
El robo en Westminster
El domingo 20 de marzo de 1966, cuatro guardias vigilaban el recinto. Parecía un día común. Durante la mañana ingresó gente para asistir a un evento religioso. Todo era rutinario y nada fuera de la normalidad, lo que podría haber llevado a los vigilantes a relajar la seguridad que daban al trofeo para evitar su robo.
Entre las 12:00 y 13:15, el personal de seguridad realizó rondines para cerciorarse de que todo estuviera bien en el inmueble. Por algunos minutos el salón se quedó solo. Ese instante fue aprovechado por una persona que ingresó al espacio por la parte trasera y, al ver que la estatuilla estaba sin seguridad, se acercó al exhibidor donde estaba colocada, rompió el candado y tomó el galardón.

Al regresar a sus puestos, los guardias no podían creer lo que presenciaban: la Copa del Mundo no estaba. El caso fue reportado de inmediato a las autoridades. La noticia sembró pánico en la Federación Inglesa a unas semanas del inicio del certamen. Durante los siguientes días, las autoridades no tuvieron avances en las investigaciones. Todo era un misterio hasta que un perro los salvó.
Un héroe con cola y cuatro patas
Una semana después, el 27 de marzo, David Corbett salía a caminar con su perro Pickles, un collie blanco y negro. El perro fue al jardín de un vecino y comenzó a husmear un paquete envuelto en periódico viejo. David se acercó. Tomó el envoltorio y, al romper el papel, vio las placas grabadas con los nombres de Alemania, Uruguay y Brasil. Era el trofeo Jules Rimet.

Corbett corrió inmediatamente a la comisaría de Norwood para entregar la estatuilla. La noticia se propagó rápidamente por toda Inglaterra. Pickles se convirtió en una celebridad de la noche a la mañana, recibiendo medallas conmemorativas, apareció en periódicos y recibió un suministro de comida premium gratis durante un año. El perro se transformó en un símbolo nacional.
El trofeo regresó a tiempo para los preparativos finales. El 30 de julio de 1966, en el estadio de Wembley, el capitán inglés Bobby Moore alzó la copa en el cielo tras la victoria 4-2 contra Alemania en la final. La pesadilla inglesa tuvo un final que parecía imposible apenas dos semanas antes. Nunca se supo quién fue el responsable.

El caso dio un giro inesperado en 2018, cuando u na persona identificada como Gary Cugullere confesó que su tío Sidney ingresó al inmueble donde se resguardaba la Copa del Mundo. Su objetivo era robar una colección de estampillas, pero al ver lo fácil que era robar el trofeo, no lo dudó. Después de tomarlo, lo guardó en su chaqueta y salió caminando.
El argentino que acabó con el sueño
En 1970, Brasil se coronó tricampeón en la Copa Mundial celebrada en México. El reglamento de la FIFA establecía que el primer país en lograr este hito conservaría el trofeo original para siempre. La estatuilla fue trasladada a Río de Janeiro para colocarla en las vitrinas de la Confederación Brasileña de Fútbol.
Las autoridades tomaron todas las medidas necesarias para evitar un robo. Fabricaron una estructura con vidrio blindado. Las previsiones eran las adecuadas, solo por un pequeño detalle: el marco de madera trasero donde se resguardaba la Copa del Mundo estaba sujeto a la pared apenas con cinta adhesiva. Este detalle no pasó desapercibido para Sérgio Peralta, quien ideó un plan para ingresar al inmueble y robar el trofeo.

La noche del 19 de diciembre de 1983, dos asaltantes contratados por Peralta irrumpieron en las instalaciones. Sorprendieron al único guardia nocturno en el lugar. Lo ataron y caminaron a las oficinas presidenciales. Con un trozo de hierro, ejercieron presión sobre el marco de madera. En pocos minutos, la estructura cedió, tomaron el trofeo y escaparon con el mayor tesoro deportivo de la nación y del mundo.
La destrucción y el último fragmento
Al día siguiente, el país se enteró por los encabezados deportivos del robo. La fe de las personas de que se replicara la historia de 1966, la esperanza. Sin embargo, la realidad fue otra. Los asaltantes llevaron la estatuilla al taller de Juan Carlos Hernández, un joyero clandestino de origen argentino. En sus instalaciones, el metal fue fundido en los crisoles para convertirse en lingotes. El oro se vendió rápidamente en el mercado negro, borrando para siempre cualquier legado de la estatuilla que Pelé y Garrincha defendieron en la cancha al coronarse campeones en México 1970.

La Policía Federal de Brasil arrestó a los culpables meses después. La confesión de los involucrados confirmó lo irreversible: la copa Jules Rimet ya no existía. La CBF se vio obligada a fabricar una réplica exacta para llenar el vacío en su vitrina.
Después de la destrucción, se mandó hacer una réplica. El caso permaneció cerrado en los siguientes años. En 2015, investigadores de la FIFA hallaron en Suiza la base original de lapislázuli del trofeo, que había permanecido en Europa durante una restauración en los años sesenta. Este pequeño bloque de piedra es el único fragmento que sobrevive de la copa que unió al mundo durante más de cuatro décadas.
