Cuando el volcán submarino Hunga Tonga-Hunga Ha'apai estalló en enero de 2022, el mundo observó una de las erupciones más violentas de la era moderna.
Erupción del volcán Tonga habría ayudado a eliminar metano, un gas que produce calentamiento global
Tres años después de una de las erupciones más poderosas de la era moderna, científicos descubrieron que la nube volcánica pudo haber eliminado parte de su propia contaminación
La explosión fue tan poderosa que generó un tsunami en el Pacífico, provocó una onda sonora que dio varias vueltas al planeta y lanzó una gigantesca columna de ceniza, vapor y gases a casi 65 kilómetros de altura. Durante días, las imágenes satelitales mostraron una nube colosal expandiéndose sobre el océano.
Tres años después, los científicos siguen estudiando aquel fenómeno. Y ahora creen haber encontrado algo que nadie esperaba: el volcán no solo liberó contaminantes a la atmósfera, sino que también ayudó a destruir parte de ellos.
Un estudio publicado en la revista Nature Communications señaló que las reacciones químicas ocurridas dentro de la nube volcánica eliminaron parte del metano asociado a la erupción, uno de los gases que más contribuyen al calentamiento global.
Una nube volcánica reveló un fenómeno inesperado
El hallazgo comenzó con una observación inusual.
Al analizar imágenes captadas por satélites, los investigadores detectaron una enorme concentración de formaldehído en la nube generada por la erupción. La presencia de este compuesto llamó la atención porque normalmente no aparece en grandes cantidades en este tipo de eventos.
"Encontramos una enorme nube de formaldehído que normalmente no debería estar allí", explicó Maarten van Herpen, físico y autor del estudio.
Para los científicos, el dato era importante porque el formaldehído suele generarse cuando el metano se descompone en la atmósfera.
La pista los llevó a reconstruir lo que estaba ocurriendo dentro de la gigantesca columna de ceniza, gases y vapor expulsada por el volcán.
Según los investigadores, la explosión lanzó a la atmósfera más de cien millones de toneladas de agua marina junto con partículas volcánicas. Cuando la luz solar impactó esa mezcla, se produjeron reacciones químicas capaces de liberar átomos de cloro altamente reactivos.
Esos átomos comenzaron a interactuar con el metano presente en la nube y a destruir parte de él.
Los investigadores siguieron la evolución de la nube durante diez días. Aunque el formaldehído suele desaparecer en cuestión de horas, continuó apareciendo de forma constante, lo que indicaba que el metano seguía siendo degradado dentro de la pluma volcánica.
"Ha emitido metano y luego ha destruido esas emisiones mediante las partículas presentes en la nube", señaló Van Herpen.
Las estimaciones indican que la erupción produjo unas 330 mil toneladas de metano. De esa cantidad, alrededor de 900 toneladas fueron eliminadas diariamente mediante estas reacciones químicas.
La cifra representa solo una fracción del total liberado por el volcán, pero resultó suficiente para captar la atención de los investigadores.
Matthew Johnson, profesor de química de la Universidad de Copenhague y coautor del estudio, afirmó que fue "nuevo y completamente sorprendente" observar este fenómeno dentro de una nube volcánica situada tan alto en la atmósfera.
El hallazgo llega en un momento en que los científicos buscan nuevas herramientas para reducir la concentración de gases de efecto invernadero.
El metano es considerado uno de los principales responsables del calentamiento global actual. Aunque permanece menos tiempo en la atmósfera que el dióxido de carbono, tiene una capacidad mucho mayor para atrapar calor durante sus primeros años y se calcula que es responsable de aproximadamente una tercera parte del calentamiento global provocado por la actividad humana.
Por ello, varios grupos de investigación exploran formas de acelerar su eliminación atmosférica.
Los autores del estudio consideran que la erupción de Tonga funcionó como un gigantesco experimento natural que podría ayudar a medir la eficacia de futuras tecnologías diseñadas para reducir el metano.
Sin embargo, otros expertos advierten que el descubrimiento no debe interpretarse como una solución al cambio climático.
El científico atmosférico Folkert Boersma, quien no participó en la investigación, señaló que la prioridad sigue siendo reducir las emisiones contaminantes.
"Todos sabemos qué debemos hacer", afirmó.
"No se trata de lanzar cloro a la estratósfera, sino de asegurarnos de reducir las emisiones", agregó.
Aun así, la explosión que sacudió al Pacífico en 2022 continúa revelando secretos. Lo que comenzó como una de las mayores erupciones volcánicas registradas en tiempos modernos podría terminar ofreciendo nuevas pistas para comprender cómo se comportan los gases que aceleran el calentamiento del planeta.