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Medio Ambiente

En plena contingencia, así es un viaje en el transporte público de Ciudad de México

Activada la contingencia por la contaminación en la capital del país, a muchos les ha tocado vivir la experiencia del transporte público.
16 Mar 2016 – 7:50 PM EDT


Por Sandra E. Mendoza Ortiz, @smendoza_news

Se abren las puertas del autobús. La Ciudad de México vive una alarma récord por su mayor concentración de ozono y de partículas suspendidas en 11 y 14 años, respectivamente.

Nos subimos al transporte público de esta megalópolis para ver si ha aumentado su uso debido a la restricción del uso de vehículos privados.

Sin embargo, la realidad es muy distinta: la inseguridad y la mala calidad de estos servicios alejan a la gente de utilizar el tranporte público, incluso aquellos que se les ofrecen gratis como el metrobús y el metro.

El bus, que se pensaba sería más usado, no lo fue tanto más que un día sin contingencia, pero eso no lo hace más sencillo.

La radio del conductor no permite a los pasajeros escucharse entre sí. Cuando los que van con alguien tratan de decirse algo, tienen que alzar la voz de modo que todos los que estamos abordo lo escuchamos.

El microbús corre por una de las rutas que conectan la capital del país con el Estado de México.

Para tomarlo hay que hacer fila, más larga si es hora pico. Ya abordo, y pese al elevado sonido de la música, no falta el caballero que logra conciliar el sueño, sobre todo cuando sube alguna persona con necesidad de ocupar un asiento.



Cuidado si alguien come algo. Si es así, todos juntos respiraremos el aroma del singular alimento.

El vehículo se llena poco a poco. En cada parabús una mano se alza pidiendo la parada del vehículo. El microbús se frena y amablemente el conductor grita: “¿Se recorren hacia atrás por los dos pasamanos?” Malhumorados, los pasajeros empiezan a avanzar.

Para Jesús, de 21 años, aunque la contaminación hoy se siente “bastante fuerte, no se alcanza a ver de lejos”, esto no es razón suficiente para que la gente “que tiene carro se sacrifique a tomar el transporte público. Estamos siempre expuestos a la inseguridad. Yo creo que las autoridades también deberían de ver eso, la delincuencia y el trato en el transporte público para que de verdad más personas lo usen”.

Roberto coincide: “No creo que la gente se atreva a dejar sus carros, el transporte público no es una buena opción, no llega rápido”.

Las chicas suelen ser especialmente cuidadosas. Luchan por no ser víctimas de acoso, ya sea viajando acompañadas o volteando todo el tiempo a su alrededor.

“Nos tenemos que cuidar del acoso, no se puede andar en el transporte público con una falda o ropa ajustada sin exponerse al acoso, por eso muchas preferiríamos movernos en coche, para evitar ser víctima de conductas inapropiadas”, dice a UnivisionNoticias.com Alejandra, de 24 años, mientras se sostiene con la mano derecha y mueve la mano izquierda al hablar.

El vehículo se detiene sin motivo aparente en una esquina. Nadie ha hecho la parada, pero al conductor le parece buena idea esperar por algunos pasajeros más. La paciencia de los viajeros no es suficiente como para soportarlo; en los asientos de atrás, uno comienza a golpear el respaldo del pasajero de adelante. Como una reacción instintiva, un par más empieza a silbar. El microbús de nuevo avanza.



Isabel, de 34 años, reparte su tiempo abordo en cuidar a dos pequeños que heredaron sus facciones y en responder a nuestras preguntas. "Se sienten los ojos irritados, ha sido así varios días de esta semana. Lo malo es que es difícil andar en transporte público con los niños, porque a veces (los conductores) manejan muy feo o no se detienen completamente cuando tenemos que descender. Con niños, hay que ser mucho más cuidadosos, si tuviera la posibilidad, yo preferiría andar en coche", dice muy segura.

Una niña de 11 años cuenta a UnivisionNoticias.com que hoy siente “más fuerte la contaminación, yo creo que hasta huele feo. No me parece muy bonito andar en transporte público, no me gusta, no es cómodo. Creo que las autoridades deben castigar más a los que contaminan”.

Avanzamos sobre el Periférico entre la calma y la prisa. Todo era calma hasta que otro microbús que va a nuestro mismo destino se acerca. Con el chofer al mando vamos a toda velocidad, así que toca agarrarse bien de los tubos pasamanos. Ni siquiera le hemos hecho la parada a un par de pasajeros que solo pudieron vernos pasar.

Me toca bajar en la siguiente esquina. Me agarro fuerte con las dos manos, mientras me abro paso entre los pasajeros. He tenido que tocar dos veces el botón y gritar "¡bajan!" para poder descender una cuadra después de mi destino.

Martín Torres, de 54 años, conduce otro autobús , éste del corredor de Paseo de la Reforma. En el parabús de Chapultepec cuenta que la contaminación “se siente más fuerte que otros días, por eso estoy circulando con las ventanas cerradas, porque entra mucho humo. Sin embargo, no veo más gente en camión”



Algunos se animaron a decirle "No" al bus. Alejandro, por ejemplo, recorre en bicicleta el Paseo de la Reforma. Está consciente de que las autoridades no recomiendan las actividades al aire libre en estas circunstancias, pero prefiere eso que andar en automóvil o transporte público. “Nunca me ha gustado perder tiempo si puedo llegar más rápido en bici. Sin embargo, ahora está difícil, porque la contaminación está muy elevada y se siente”, dice mientras espera la luz verde en un semáforo.

Sentados en una banca, Emiliano Pérez --de 71 años-- y José Pedro Romero --de 54--, relatan que “del cerro para acá no se ven los edificios. Hay muchos carros viejitos circulando, son los que más contaminan”.

Las esperanzas en que mejoren las condiciones climatológicas están puestas en que vuelva el viento o en que llueva, más allá de las medidas de las autoridades. Siempre deseando que ese viento no venga con la fuerza de derribar vallas publicitarias, como le tocó a la capital del país apenas unos días atrás.

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