Medio Ambiente

El río de la venganza: las aguas negras de la Ciudad de México que regresan como alimentos

La contaminación en los alrededores del río Tula acecha a la población por todos los frentes. De estas tierras del estado de Hidalgo salen los vegetales de los que se suministran los abastos de la capital mexicana.
1 Jul 2016 – 4:00 PM EDT

Desde muy temprano, la gente del pueblo de Santa Ana Ahuehuepan, en Tula (Hidalgo) trabaja en las milpas o las matas de tomatillo del valle que se extiende por toda la región centrooriental de México. Los peones fumigan y en algunos casos deshierban los surcos, cuya extensión no alcanza la vista. La belleza natural de este sitio es contrastada por el hedor que se intensifica conforme las horas pasan y el sol se pone.

Huele a putrefacción. El aroma viene de todas partes, inclusive desde la tierra donde están sembrados los vegetales que serán vendidos en las centrales de abasto de la Ciudad de México.

Los plantíos del Valle del Mezquital en el estado de Hidalgo en mayoría son regados con agua del Río Tula por medio de compresas. Se trata un sistema de cunetas por donde pasan las aguas negras que hidratan la cosecha. Aquel líquido está contaminado con las descargas del drenaje de la Ciudad de México y el área metropolitana. Sin embargo, en este pueblo, como en otros de alrededor, esos desechos sirven de abono.

"Nosotros sabemos que es agua contaminada, pero eso es lo que nos mandan y entre más contaminada llegue, más contaminada estará la cosecha que venderemos. Hay que entender eso. Es lógica. Nosotros no sabemos si el día de mañana nos van a aventar un gas que nos fumigue como moscos, por eso queremos que limpien el río”, dice uno de los agricultores, Antonio Maya, quien asegura que en Santa Ana Ahuehuepan, poblado a 130 kilómetros de la capital del país, los campesinos producen por temporada (entre abril y octubre) 250 mil toneladas de maíz.



“Nuestra inconformidad es por el apoyo que nos debe dar el gobierno, porque gracias a las aguas negras nosotros producimos el doble", afirma. Si nos quitan las aguas negras, ¿quién nos va apoyar con el abono? ¿Cómo nos van a reponen la producción? No nos oponemos a que se limpie el río, pero tienen que ser justos".

Según Antonio, si les quitan las aguas negras, la producción bajaría a la mitad: tres toneladas de maíz por hectárea, sumado a que tendría que destinar más inversión para abono. Para él, se debería limpiar el río, pero también debería haber un subsidio gubernamental para apoyar a los agricultores de la región.

Cosecha ‘mejorada’

En este pueblo de 2,000 casas y 2,917 habitantes –de los cuales sólo 1,100 tienen acceso a servicios de salud-, sólo está permitido sembrar hortalizas que se den por encima de la tierra. "Por ejemplo, la papa o la zanahoria no se puede, porque como van por debajo pueden absorber el agua que usamos", detalla Antonio Maya.

Pero, ¿es confiable comer los elotes que son regados con aguas negras?

-Sí. Aquí los hemos comido por años y no nos ha pasado nada, argumenta el agricultor que gana entre 6,000 y 8,000 pesos (entre 350 y 450 dólares) por temporada con los productos que vende a un distribuidor que después los llevará a la capital.

Antonio asegura que usa la "semilla mejorada, la que da hasta seis o siete elotitos", en una especie de eufemismo para referirse a los granos transgénicos, algo que está prohibido pero que dice es lo que les venden o les dan "los de Procampo (Programa de Apoyos Directos al Campo)".

El daño y la venganza

Hace 40 años, recuerda María de la Luz, pobladora de Santa Ana Ahuehuepan, había agua cristalina donde se podía pescar y nadar. No existía la pestilencia, ni mucho menos ronchas en su piel.

“Aquí la gente está bien enferma. Si no es de diabetes es de presión (arterial). Yo a veces bajo a buscar a mis animalitos y por un ratito de estar cerca del río, cinco minutos a lo mucho, me salen ronchas”, comenta la señora, quien vive muy cerca de la presa Endhó, punto al que llega el Río Tula, para luego seguir su camino hasta el océano.

Fidel, campesino, narra que cuando era niño había peces plateados hasta de tres kilos. "La gente agarraba una vara y le ponía un hilo y en 20 minutos ya sacaba unos tres pescados. Nadie se moría de hambre, para todos había. El río era una fuente de alimento y hoy ya ni siquiera es agua, sino puro lodo", comenta el señor, quien vive a unos metros del drenaje del pueblo, cuya tubería se encuentra rota.



Ambos pobladores no saben quién o quiénes decidieron usar su río como drenaje. Univision Noticias buscó a funcionarios de la Ciudad de México pero declinaron ofrecer su versión.

El Río Tula, también conocido como el río de la "venganza" o la "revancha", lleva al menos cuatro décadas contaminado la vida que encuentra a su paso. En su haber no sólo existen desechos humanos, sino todo tipo de gases, aerosoles, aceites y químicos de la industria, le dice a Univision Noticias, Paloma Neumann, campañista del proyecto Megaciudades de la organización Greenpeace.

“Es lamentable el mal manejo de agua que existe en la Ciudad de México. Estamos desperdiciando el agua de lluvia al mezclarla con todas las descargas (incluyendo industriales). Y todo va a dar a las cuencas del Río Tula, para finalmente caer en el Golfo de México”, detalla Neumann, quien también es bióloga.

La experta asegura que la capital de México tiene que importar el 60% de su agua limpia del Sistema Cutzamala y otras cuencas, y en lugar que las descargas sean tratadas dentro de la ciudad, son arrojadas a ríos que antes eran limpios, teniendo como resultado un aproximado de 52 metros cúbicos de aguas negras por segundo.

“Si estas aguas fueran tratadas y aprovechadas en lugar de ser expulsadas, el Valle de México ya no tendría que quitarle agua a otras entidades”, expresa la bióloga.

“Se necesita un manejo del agua que sea integral. Que trate el agua de manera local y que se aproveche al máximo el agua de lluvia. Pero lo que tenemos es un plan que no es real, ni sostenible, al intentar tratar el agua en la planta de Atotonilco (por donde pasa el Río Tula en Hidalgo), que hasta la fecha sigue sin operar”, explica.

La planta de Atotonilco, ubicada en Hidalgo a 22 kilómetros de Santa Ana Ahuehuepan, es uno de los proyectos más grandes del sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, cuya inversión fue de más de 10,000 millones de pesos, de acuerdo con el gobierno federal.

Su construcción inició en 2009 con la inversión del empresario Carlos Slim Helú. Se planeó para que fuera la tratadora más grande de América Latina; sin embargo, hasta la fecha no ha sido terminada, pese a que su entrega y funcionamiento debieron ejecutarse en enero de 2015.

“Este tipo de plantas que usan lodo activado son de una tecnología muy cara porque requiere mucho petroquímico. El 70% de plantas de este tipo no funcionan, porque el mantenimiento lo debe hacer el gobierno municipal, y muchas veces la alcaldía no tiene dinero ni para pagar la luz”, comenta Elias Cattan, especialista en arquitectura reconstructiva.

“Atotonilco es un caso de infraestructura gris, la cual es cara, obsoleta, requiere de mucha inversión, los recursos son manejados por pocas personas y se presta para actos de corrupción. En cambio, la infraestructura verde es hablar de humedales, canales biológicos de filtración, bosques sostenibles y de una descentralización de los recursos económicos para que sean repartidos entre las comunidades que genuinamente están preocupados por la salud de su propio medioambiente”, relata el arquitecto de Taller 13, quien en noviembre de 2015 inició un proyecto piloto de recuperación del Río La Piedad, en la Ciudad de México.

Peligro para la salud

En los caminos del pueblo de Santa Ana Ahuehuepan se ven los árboles con las hojas descoloridas e incluso picoteadas. Se podría pensar que es a causa de granizo, pero no. La lluvia ácida es la razón.

El estado de Hidalgo es uno de los más contaminados de México, por cielo y aire, pues existe una refinería de Petróleos Mexicanos (Pemex), además de ser cuna de la industria férrea y cementera. A esto se suma las descargas de aguas negras.



En 2003, investigadores de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) encontraron metales pesados en las hortalizas del Valle del Mezquital.

En aquel año, la investigación titulada “Presencia de metales pesados en cultivos del Valle del Mezquital, México” advertía del hallazgo de “concentraciones elevadas de plomo" y recomendaba emprender acciones para restaurar la calidad del agua de riego y los suelos.

En 2009, otro estudio llamado “Contaminación y fitotoxicidad en plantas por metales pesados provenientes de suelos y agua” aseguraba que el aumento de concentraciones de metales en los suelos por prácticas inapropiadas y de cultivos múltiples era un "riesgo latente para la salud de animales y los hombres”.

Otro informe explica que 14 de los 25 municipios del Valle del Mezquital usan las aguas negras para el cultivo. En muchos de esos lugares, el agua rompe con la normativa de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), que especifica los límites máximos permisibles de contaminantes en aguas residuales.

Además, el municipio de Tula es considerado uno de los más contaminados de México y sus condiciones son de riesgo para la salud, de acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma). La representante de ese organismo,
Dolores Barrientos Alemán, señala el bajo peso, los desórdenes neurológicos, enfermedades del corazón, tiroides, problemas de huesos y envenenamiento como consecuencias para la salud de la contaminación.

En 2011, la Cámara de Diputados logró un punto de acuerdo para exhortar a la Semarnat a realizar estudios y acciones para mejorar las condiciones medioambientales en la zona.

“La cementeras que se encuentran en la zona despiden anualmente más de 1 millón 361 mil 854 toneladas de dióxido de carbono y más de 18 de benceno, así como 460 mil kilogramos de plomo y 140 mil kilos de mercurio”, indicaba entonces el documento legislativo.

“Es urgente que se implementen acciones por parte de la Secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales, con la finalidad de frenar y mitigar las emisiones contaminantes de la zona, ya que sus efectos pueden ser devastadores para la salud de los pobladores de la región”, proponía el reporte. Cinco años después no ha habido respuesta.


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