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Juicios

57 años después juzgan al cura que dio la última confesión a la hispana Irene Garza, asesinada en 1960

El 21 de abril de 1960 un hombre descubrió flotando en un canal de McAllen, Texas, el cuerpo de una mujer. Resultó ser Irene Garza, de origen hispano, que murió asfixiada después de ser violada. El caso quedó sin resolver durante 56 años, hasta que en 2016 detuvieron por su asesinato al sacerdote que escuchó su última confesión, John Feit.
3 Dic 2017 – 10:04 AM EST

El 21 de abril de 1960 W. Arnold descubrió flotando en un canal de la ciudad texana de McAllen el cuerpo de Irene Garza. La mujer, de origen mexicano, había desaparecido días antes. Tenía 25 años. Según la autopsia la mujer fue violada, asfixiada y lanzada al canal.

Irene Garza era profesora y solía presentarse a concursos de belleza: dos años antes había sido elegida Miss Sur Texas. Era católica practicante y se confesaba con regularidad. Sus familiares contaron cuando desapareció que había ido a confesarse a la parroquia del Sagrado Corazón en la ciudad texana y nunca regresó. Cinco días después se encontró su cadáver.

Comenzaron las investigaciones. John Feit trabajaba como cura temporal en la parroquia y admitió a la policía haberle dado la confesión a Garza, pero negó haberla matado. Aún así era primer sospechoso del caso, que la policía arrastró durante años sin lograr probar su culpabilidad. Esta semana, 57 años después del asesinato de Irene, comenzó el juicio contra el sacerdote en Hidalgo, Texas.


John Feit fue detenido en abril de 2016 en su casa de Scottsdale, Arizona. En el momento de su detención el fiscal del distrito de Hidalgo declaró que este era el primer paso para administrar justicia por este caso pendiente. "Después de casi 56 años, la familia de Garza y nuestra comunidad finalmente veremos que se imparte la justicia", dijo entonces.

La fiscalía acusa a Feit de asesinato y encubrimiento, aunque no está claro qué nuevas pruebas han reunido para creer que esta vez sí podrán demostrar que el cura asesinó a Irene Garza.

En 1960 la policía no fue capaz de recabar evidencias a pesar de que los indicios apuntaban al cura. Feit dijo haber confesado a la mujer pero además declaró que lo había hecho en la casa parroquial en lugar del confesionario de la iglesia, una práctica rara que eliminaba la posibilidad de que hubiera testigos.


La policía seguía enfocada en Feit y surgían nuevas pistas: poco después del asesinato de Irene Garza otra mujer acusó a Feit de haberla asaltado en la calle por la espalda tres semanas antes de que desapareciera Irene. La mujer se llamaba María América Guerra y también era de origen hispano. Testificó que el cura le había puesto un pañuelo en la boca tratando de asfixiarla, pero ella logró escapar mordiendo los dedos de su agresor. El hombre fue juzgado en 1961 por este ataque, acusado de asalto con tentativa de violación, pero nunca fue condenado a prisión sino que recibió una multa de $500. Todo esto estrechaba el cerco sobre Feit, pero lo único que ocurrió fue que el cura fue obligado por su congregación a abandonar el pueblo de McAllen. Feit se trasladó entonces a Missouri, aunque en 1974 dejó el sacerdocio y se estableció an Arizona, donde fue detenido.

La prima de Irene, Lynda De La Viña, apuntó en 2016 tras la detención de Feit un tema que pudo influir a la hora de acusar formalmente al cura: "estábamos acusando a un sacerdote y en esos días los sacerdotes eran infalibles", le dijo a la cadena CNN.


Ni la policía ni los familiares de Irene se dieron nunca por vencidos. En 2002 una división de los Texas Rangers dedicada a reabrir casos congelados obtuvo el testimonio de otro cura de la localidad que confesó haber visto rasguños en las manos de Feit justo después del asesinato de la mujer, reporta AP. En 2004 declaró ante un gran jurado, pero tampoco fue condenado. Ni en su momento se lograron recoger pruebas determinantes, por eso cuanto más alejado el caso en el tiempo, más complicado presentar evidencia.

Esa es la dificultad que este juicio presenta para la acusación. Como explican algunos abogados, hace 60 años no se podían recolectar las pruebas que se exigen ahora para condenar a alguien por un caso de asesinato. No había pruebas de ADN ni otro tipo de evidencias científicas. Además, los testigos del juicio tienen que hablar de algo que sucedió hace mucho tiempo, con lo cual los datos pueden carecer de precisión, algo también esencial para una condena por asesinato.

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