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Habría más de 10 mil muertos en Luisiana

Habría más de 10 mil muertos en Luisiana

Mientras miles de soldados llegan a la zona, un senador dijo que la cifra de muertos en el estado de Luisiana puede elevarse a más de 10 mil.

"Supongo que (la cuenta) empezará en 10 mil", agregó el representante, pero enfatizó que el estimado se trata de una suposición extraoficial.

Vitter reclamó un despliegue inmediato de las tropas de combate regulares estadounidenses en Nueva Orleáns, indicando que el refuerzo de efectivos de la Guardia Nacional era demasiado lento como para restaurar rápidamente el orden y socorrer a los sobrevivientes, que en esa ciudad se estiman en unos 450 mil.

Una decisión de ese tipo requeriría que la gobernadora de Luisiana, Kathleen Blanco, solicitara formalmente el despliegue de soldados federales para apalear la crisis causada por el peor desastre registrado en la historia de Estados Unidos.

La gobernadora Blanco indicó el jueves que había pedido 40 mil efectivos militares, la mayoría de los cuales eran unidades de la Guardia Nacional de Luisiana y otros estados.

Hablando con periodistas en el cuartel general de la crisis en Baton Rouge, Vitter dijo que el gobierno federal había "reprobado" en su respuesta al desastre, comentario similar al expresado por el propio presidente George W. Bush a primera hora del viernes, en Washington, poco antes de salir rumbo a la zona devastada por el huracán.

Control militar

Mientras la Cruz Roja Americana pide la ayuda de todos los estadounidenses, las tropas patrullan los viejos barrios donde el jazz creció y alcanzó la fama para controlar el caos causado por los saqueos y los disturbios desatados por la desesperación de miles de sobrevivientes que lo perdieron todo tras el paso del poderoso huracán Katrina, fenómeno que se está transformando en el más devastador de la historia.

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"Trescientos soldados de la Guardia Nacional de Arkansas arribaron a Nueva Orleans", dijo la gobernadora de Luisiana, Kathleen Blanco, quien volvió a estimar que el número de muertos en ese estado se elevará a "miles".

Mientras en los tejados de casas y edificios inundados la gente agita improvisadas banderas blancas al paso de los helicópteros de rescate, la gobernadora indicó que los soldados "están recién llegadas de Irak", que se trata de tropas "bien entrenadas y con experiencia en combate" y que se encuentran "bajo mis órdenes para restaurar el orden en las calles".

En una inusitada declaración, Blanco añadió: "Están armados con (fusiles) M-16, preparados y cargados. Estos hombres saben cómo disparar y matar, y tienen toda la voluntad de hacerlo si fuera necesario y espero que así lo hagan".

Si bien el nivel del agua se estabilizó la mañana del miércoles, miles de construcciones permanecen totalmente cubiertas y la temperatura se eleva por sobre los 90 grados Fahrenheit.

El desolador panorama arranca el llanto en los valientes, y la ira de los sobrevivientes de la ciudad en crisis, pobladores hambrientos, sedientos, miedosos, asustados, temblando a causa del dolor de la impotencia, cansados de esperar una ayuda que se retrasa, que humilla, que lastima, que provoca quizás más daño que el propio paso del huracán.

Nueva Orleáns agoniza

Lejos, en alguna parte seca, en una carretera elevada, cientos de buses cargan personas que lo dejan todo para irse al norte, al este, al oeste, a una parte seca donde no existen recuerdos, zonas distantes, lejos del jazz que durante cien años hizo soñar a la vieja y encantadora ciudad de Nueva Orleáns.

"Estamos aquí afuera como animales. No tenemos ayuda", dijo el reverendo Issac Clark, de 68 años, frente al Centro de Convenciones de Nueva Orleáns, donde el miércoles yacían cadáveres en la calle. Algunos desalojados se quejaron de que los dejaron ahí y no les dieron nada: ni alimentos, ni agua ni medicinas.

El intenso despliegue militar del viernes se produce horas antes de la anunciada visita a las zonas afectadas del presidente George W. Bush, quien prometió "tolerancia cero" para las bandas armadas que asolan a Nueva Orleáns, y también prometió toda la ayuda necesaria para las víctimas de lo que calificó como uno de los peores desastres naturales de la historia estadounidense.

"Zona de guerra"

"Esta es una zona de guerra", dijo Melissa Murray, de 32 años, una funcionaria del centro correccional de Luisiana que ayuda en los esfuerzos de alivio.

Residentes de Nueva Orleáns indicaron de personas muertas en refugios o que eran el blanco de disparos afuera del Centro de Convenciones, donde permanecen cientos de sobrevivientes.

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El jueves dispararon contra un helicóptero de rescate cerca del estadio Superdome, donde fueron albergados más de 10 mil personas antes del paso del huracán. El ataque hizo suspender los vuelos aéreos y la crisis se agravó.

Los helicópteros que evacuaban pacientes y bebés de los hospitales que ya no cuentan con combustible para los generadores, también recibieron disparos. Dos pacientes murieron durante las evacuaciones debido a la gravedad de sus enfermedades.

Ray Nagin, alcalde de Nueva Orleáns, emitió el jueves un "SOS desesperado" para 20 mil refugiados en el centro de convenciones de la ciudad, un sitio catalogado como "insalubre e inseguro" y que además se estaba quedando sin suministros, según la cadena CNN.

Thomas Jessie, de 31 años, contó que la noche anterior "teníamos cadáveres sentados junto a nosotros durante días. Siento como si me fuera a morir. La gente va a matarte por agua".

La gobernadora Blanco advirtió que aún quedan unas 300 mil personas por ser evacuadas de las zonas devastadas de Luisiana. Entre ellas, hay miles que todavía permanecen en el Superdome, instalación que amaneció el jueves controlada por tropas del ejército.

Hambruna en el Superdome

La agencia AFP informó que en ese lugar las personas llevan cuatro días sin comer y con escasa agua, con los baños colapsados e interminables noches en la más absoluta oscuridad y anarquía.

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El Senado estadounidense, que se reunió en forma extraordinaria el jueves en la noche, votó en forma unánime la autorización de 10.500 millones de dólares en fondos especiales para atender a las víctimas del huracán, y se espera que la Cámara de representantes apruebe la medida este viernes.

No obstante, cundían las críticas al gobierno por su respuesta a la catástrofe. "Es una vergüenza nacional", dijo Terry Ebbert, jefe de las operaciones de emergencia en Nueva Orleans.

Ebbert indicó que la Agencia Federal de Emergencia (FEMA) estaba en la ciudad desde hacía tres días "y aún no hay comando y control. Podemos enviar enormes cantidades de ayuda a las víctimas del tsunami, pero no podemos sacar de apuros a la ciudad de Nueva Orleans".

Liderazgo cuestionado

La agencia Prensa Asociada (AP) dijo el viernes que en cada instancia, los dirigentes políticos defraudaron a las víctimas del huracán Katrina en los estados de Luisiana, Misisipí y Alabama.

No reforzaron los diques, entregaron las calles a los saqueadores, abandonaron los cadáveres, miles murieron o sufrieron por falta de agua, comida o esperanza. ¿De quién es la culpa?, preguntó la agencia.

El reporte indica que existe suficiente para repartir: la Casa Blanca, el Congreso, agencias federales, gobiernos locales, la policía e incluso los residentes del Golfo de México que desoyeron las órdenes de evacuación. Pero la atribución de culpas distrae la atención de lo más importante: los políticos y la población a la que dirigen desatienden con demasiada frecuencia las señales de peligro hasta que estalla la crisis.

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No era un secreto que los diques construidos para evitar la inundación de Nueva Orleáns no soportarían un huracán de gran magnitud, pero los líderes gubernamentales nunca hallaron el dinero para reforzar completamente las barreras de tierra, acero y concreto.

Según el informe, los gobiernos de George W. Bush y de Bill Clinton propusieron presupuestos que minimizaban las necesidades. Los políticos locales tomaban cualquier monto que podían y declaraban victoria. Y el público no exigió un alza tributaria para financiar los proyectos de protección ante inundaciones y huracanes.

El año pasado, el Cuerpo de Ingenieros del ejército solicitó 105 millones de dólares para los programas de inundaciones y huracanes en Nueva Orleáns. La Casa Blanca redujo el monto a 40 millones. El Congreso finalmente aprobó 42,2 millones de dólares, menos de la mitad de la solicitud original.

Sin embargo, los legisladores y Bush acordaron una ley de autopistas por 286.400 millones de dólares que incluyó más de 6 mil proyectos pequeños para los legisladores. El Congreso destinó fondos para controlar el polvo en los caminos de Arkansas, construir un almacén en el canal Erie y 231 millones de dólares para un puente hacia una isla pequeña y deshabitada de Alaska.

¿Cómo pudo Washington gastar 231 millones de dólares en un puente sin utilidad, y no destinó 42 millones de dólares para los proyectos de inundaciones y huracanes en Nueva Orleáns? Es una cuestión de poder y política.

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Si las cifras son correctas, Katrina sería el peor desastre natural en Estados Unidos desde por lo menos el terremoto e incendio de 1906 en San Francisco, que mató a entre 500 y 6 mil.

Improvisan comunicaciones

Cuando los teléfonos no funcionan, hay que improvisar. Eso es lo que el personal de emergencia y civiles hicieron tras el paso del huracán Katrina, que desbarató el sistema telefónico en la costa de Luisiana y Misisipí.

La policía en Nueva Orleáns, con su principal sistema de comunicaciones muerto, ha estado tomando turnos para usar una sola señal de radio con sus radioteléfonos portátiles, como lo hacía hace cincuenta años.

La Guardia Nacional de Misisipí, inclusive, tuvo que usar tácticas militares prehistóricas, enviando a corredores como mensajeros o con señales de banderolas, como se hizo a principios del siglo 20.

Y un alguacil local, Sid Hebert, ayudó a que una compañía de ambulancias siga encargándose de evacuaciones médicas al prestarles un centro de comando portátil. "El personalmente lo trajo a nuestra oficina central. "El nos puso de nuevo en el aire", dijo Richard Zuschlag, director ejecutivo de Acadian Ambulance Service Inc.

Para el jueves, cuatro días después del paso del huracán, cerca de 10 mil celulares satelitales habían llegado a la zona de desastre para coordinar los esfuerzos del personal federal de rescate y trabajadores de la Cruz Roja Americana, dijeron Globalstar LLC y Iridium Satellite LLC, proveedores de este servicio.

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Mientras los sobrevivientes de Nueva Orleáns lloran y desfallecen, los británicos se declararon pasmados el viernes al ver a Estados Unidos, la superpotencia, humillada al intentar hacer frente a las consecuencias del paso del huracán Katrina por los estados del Golfo de México.

"El ver a una superpotencia humillada es en sí humillante", escribió el Daily Telegraph en un editorial.

"En Luisiana, en Misisipí y en Alabama durante estos cuatro días, Estados Unidos ha tenido muchas dificultades para suministrar los productos básicos tales como comida, agua y medicamentos a las víctimas del ciclón Katrina", añade el diario conservador.

"Ha habido jóvenes que no sólo han saqueado con total impunidad, sino que han abierto fuego contra miembros de la Guardia Nacional. Y las autoridades siguen sin tener idea del número de personas que murieron", señala el Daily Telegraph.

El Daily Mail compara la impotencia de Estados Unidos para ayudar a decenas de miles de ciudadanos víctimas de una catástrofe natural con la que muestra en Irak. "He aquí una superpotencia que puede derrocar como quiere una dictadura, pero está tan hundida en las consecuencias de la guerra que es incapaz de responder de manera adecuada a las dificultades de decenas de miles de sus ciudadanos golpeados por una catástrofe natural", escribe.

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Según el Daily Mail, "el presidente (norteamericano George W.) Bush, con su índice de popularidad en caída libre, paga realmente un precio alto por su locura militar".

País vulnerable

Katrina reveló la vulnerabilidad de Estados Unidos y el país enfrenta con dificultades la primera tragedia nacional más severa desde los ataques del 11 de septiembre de 2001.

Los medios de comunicación muestran cadáveres flotando en calles inundadas y saturadas de escombros, deshechos, y casas incendiándose cinco días después del paso del poderoso huracán que golpeó con vientos que superaron los 240 kilómetros por hora.

La Agencia federal de control de emergencias (FEMA) es particularmente criticada. Oficialmente encargada luego de los atentados del 9/11 de la preparación contra un eventual ataque nuclear o químico, la agencia "no estaba preparada" para dirigir la evacuación de miles de personas de Nueva Orleans, reconoció su presidente Michael Brown en la cadena de televisión ABC.

Los medios subrayan que la ayuda a las víctimas del tsunami en Asia fue enviada dos días después de la catástrofe, mientras que los miles de damnificados de la costa del Golfo de México, cinco días después del ciclón, no han recibido lo que necesitan.

El New York Times atribuye en parte la crisis al despliegue en Irak de efectivos de la Guardia Nacional. Un tercio de los miembros de la Guardia Nacional de Luisiana combaten actualmente en Irak, y no pueden ser usados para imponer el orden en Nueva Orleans.

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Incluso para el conservador The Wall Street Journal, que generalmente apoya a la administración republicana, las autoridades son en parte responsables de los saqueos y la anarquía en Nueva Orleans.

"Los estadounidenses a veces esperan que su gobierno haga demasiado -como asegurar un bajo precio para la gasolina- pero tienen el derecho de esperar que al menos provea seguridad a sus ciudadanos, incluso o especialmente en una crisis", dice el periódico económico.

México abre cuentas bancarias

El presidente mexicano Vicente Fox exhortó el jueves a los inmigrantes, especialmente a quienes viven ilegalmente en Estados Unidos, a no tener miedo de pedirle ayuda a las autoridades en la zona afectada por el huracán Katrina.

"Les pido que acudan sin temor alguno a las autoridades estadounidenses y cooperen con ellos, no teman seguir las indicaciones de los elementos de rescate, ellos son gente capacitada para este tipo de incidentes y van a poder ayudarlos", dijo el mandatario durante un mensaje a la nación.

Fox señaló que ordenó a los consulados mexicanos en el área brindar apoyo a sus nacionales, y agregó que México trabajaba con autoridades estadounidenses para determinar la mejor forma de ayudar en las labores de rescate o reconstrucción.

Indicó también que envió una carta de condolencia al presidente Bush "por las lamentables pérdidas de vidas humanas y por la devastación causada en esas regiones". Además aportó detalles de dos cuentas abiertas bancarias creadas en México y Estados Unidos con la finalidad de recibir donativos para las víctimas del huracán.

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"En estos momentos difíciles todos debemos ayudar, cuenten con el apoyo de México", indicó.

Millones de inmigrantes mexicanos residen en Estados Unidos, incluyendo en la zona del país afectada por la tormenta.

Los muertos de Katrina

Hasta el jueves en la noche, la cifra confirmada de muertos en Misisipí a consecuencia del huracán Katrina se elevó a 126, mientras más equipos de rescate recorrían un mar de escombros en búsqueda de sobrevivientes.

A todo lo largo de la costa de 145 kilómetros (90 millas), otros trabajadores de emergencia efectuaban la desagradable tarea de recuperar los cadáveres, algunos de ellos sobre las calles y en medio de las ruinas de casas arrasadas que se extienden varias cuadras desde la playa. El cielo amenazaba con una tormenta eléctrica.

Para hacer el panorama aún más desolador, había toneladas de pollos y camarones en putrefacción desperdigados, arrastrados por el viento desde sus contenedores en un muelle y arrojados al agua y a lo largo del terreno.

Todo el estado de Misisipí está padeciendo. Incluso en sus fronteras al norte, un creciente número de residentes y personas evacuadas varadas hacían largas filas -en ocasiones durante horas- para pagar más de 3 dólares el galón con el fin de adquirir gasolina. Muchos propietarios de gasolineras colocaban cinta adhesiva amarilla en bombas cuando el combustible se agotaba, y luego le avisaban a hileras de automovilistas que se extendían cuadras atrás.

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