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Trasplantes

Hombre que recibió trasplante de corazón de cerdo apuñaló a alguien: cuestionan su 'segunda oportunidad'

En 1988 David Bennett, el receptor del órgano, fue condenado por apuñalar a un hombre al que dejó discapacitado. A pesar de las críticas, los médicos defienden el principio ético de brindar salud a quien la necesite sin basarse en sus antecedentes penales.
Publicado 14 Ene 2022 – 10:10 AM EST | Actualizado 14 Ene 2022 – 12:13 PM EST
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David Bennett, el hombre que hizo historia al convertirse el viernes pasado en el primer receptor de un corazón de cerdo modificado genéticamente, está ahora en el centro de una polémica tras salir a la luz pública que estuvo condenado por apuñalar hace 34 años a una persona a la que dejó paralítica.

La revelación ha despertado condenas por haberle dado el órgano a una persona que estuvo implicada en un delito violento, en lugar de otra de las miles de personas que están en la lista nacional a la espera de un trasplante.

Pero tanto médicos como funcionarios federales defienden la decisión subrayando que los códigos éticos los obligan a ofrecer salud a quien lo necesite, por encima de cualquier circunstancia.

Bennet, que se recupera lentamente de la cirugía experimental, tiene ahora 57 años y padece una enfermedad cardíaca terminal por lo que no era apto para un trasplante humano.

Bennet fue sentenciado a 10 años de prisión y pago de indemnizaciones

Como reporta The Washington Post, el 30 de abril de 1988, Bennett apuñaló a Edward Schumaker siete veces en un bar de Hagerstown, Maryland, supuestamente después de verlo coquetear con su esposa.

Bennett fue declarado culpable y sentenciado a 10 años de prisión y en una demanda civil por separado se le ordenó que pagara a la familia Shumaker 3.4 millones de dólares. Los familiares de la víctima dicen que nunca recibieron el pago.

La familia de Schumaker sufrió junto a él y tuvo que pedir préstamos para pagar una camioneta accesible para sillas de ruedas, indica el Post.

Shumaker pasó los siguientes 19 años en silla de ruedas, antes de sufrir un derrame cerebral en 2005 y morir dos años después, una semana antes de cumplir 41 años.

Leslie Shumaker Downey, su hermana, que vive en Frederick, Maryland, dijo al Post que "Ed sufrió".

Agregó que cuando Bennett salió de la cárcel "siguió adelante y vivió una buena vida". "Ahora tiene una segunda oportunidad con un nuevo corazón, pero me gustaría, en mi opinión, que hubiera ido a parar a un destinatario que lo mereciera", comentó.

Médicos y autoridades defienden la obligación ética

No hay leyes ni reglamentos que prohíban a alguien con antecedentes penales recibir un trasplante o un procedimiento experimental como el que se le practicó a Bennett.

Según el Post, más de 106,000 estadounidenses aguardan por trasplantes; 17 personas mueren cada día sin recibir el órgano que necesitan.

El centro médico que realizó el procedimiento dijo en un comunicado que brinda "atención vital a cada paciente que entra por sus puertas en función de sus necesidades médicas, no de sus antecedentes o circunstancias de vida... Este paciente acudió a nosotros con una necesidad extrema y se tomó una decisión sobre su elegibilidad para el trasplante basada solo en sus registros médicos".

Arthur Caplan, profesor de bioética de la Universidad de Nueva York, subrayó que "el principio clave de la medicina es tratar a cualquier enfermo, independientemente de quién sea".

"No nos dedicamos a separar a los pecadores de los santos. El delito es una cuestión legal", recalcó Caplan.


Especialistas en ética médica destacan que el sistema de justicia penal estadounidense ya impone penas de cárcel, restitución económica u otros castigos a los condenados por delitos violentos; y que privación de servicios médicos no forma parte de ese castigo.

El trasplante que recibió Bennet la víspera de Año Nuevo recibió el visto bueno de la Administración de Alimentos y Medicamentos.

"Esta fue una cirugía revolucionaria y nos acerca un paso más a la solución de la crisis de escasez de órganos", dijo Bartley Griffith, quien trasplantó el corazón de cerdo.

Un día antes de la cirugía, Bennet declaró: "Era morir o someterme a este trasplante. Quiero vivir. Sé que es un disparo a ciegas, pero es mi última opción".

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