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Emergencia Migratoria y Responsabilidad Política

Emergencia Migratoria y Responsabilidad Política

David R. Ayon explica por qué no hay una colaboración bilateral efectiva entre EEUU y México para manejar la frontera.

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Por David R. Ayón " Analista de Latino Decisions

La oleada de niños migrantes ha sido atribuida a toda una serie de factores " las políticas del presidente Obama, una ley de protección aprobada por la administración anterior, la guerra anti-drogas, el golpe de estado en Honduras del 2009, y hasta toda la historia de las intervenciones de Estados Unidos en Centroamérica.

La interrogante obvia mas no planteada en estos debates: ¿por qué no tenemos un colaboración bilateral efectiva entre Estados Unidos y México para manejar nuestra frontera común? Una aproximación racional y moderna a esta gran tarea requeriría no solo de la administración binacional coordinada sino quizás aún integrada de la frontera, acompañada por un abanico de políticas diseñadas para facilitar los flujos legales, y otras además para lidiar con las causas de la migración indocumentada.

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La administración fronteriza inteligente contaría con un aspecto adicional: la colaboración multinacional necesaria para controlar el fenómeno de la transmigración, la cual pasa por México con destino a Estados Unidos, así estableciendo el perímetro de seguridad anhelada por este país desde los ataques del 11 de Septiembre de 2001. Para lograr tal propósito, estaría en el interés tanto de Estados Unidos como de México tratar de manera comprehensiva con las causas de la transmigración que se origina en Centroamérica.

Pero el hecho es que a pesar de cien años de flujos migratorios y de refugiados a gran escala, acompañados por masivas campañas de deportación, nunca hemos construido el sistema integral fronterizo que necesitamos. Y por lo menos en lo que se refiere al siglo actual, queda claro el porqué no.

En el 2001 " cuando la población de migrantes indocumentados era de milliones menos a la de ahora, los flamantes presidentes George W. Bush y Vicente Fox se pusieron de acuerdo en negociar toda una nueva relación migratoria bilateral, a base de una propuesta integral elaborada por un distinguido grupo de trabajo binacional, de carácter no-gubernamental.

El corazón de la propuesta era un “gran pacto” entre Estados Unidos y México, el cual por fin pondría a los dos paises a trabajar juntos para establecer control de la frontera, a cambio de la regularización de residentes indocumentados en el primero, un nuevo programa de trabajadores huéspedes y otras medidas complementarias. Este paquete de políticas hubiera constituido la original reforma migratoria comprehensiva.

Los dos países formaron sus grupos oficiales de trabajo de alto nivel, con la participación de varios miembros de ambos gabinetes presidenciales, incluyendo al Secretario de Estado Colin Powell y el canciller mexicano Jorge Castañeda. Tanto los miembros principales como sus designados negociadores técnicos se reunieron numerosas veces en Washington y en México tras la “cumbre de vaqueros” entre los presidentes en el rancho de Fox en Guanajuato en Febrero de 2001 " a pocas semanas después de la inauguración de Bush.

La creencia popular es que este proceso de negociación se vino abajo con el derrumbe de la torres gemelas del 11 de Septiembre de 2001 " apenas una semana después de la histórica visita de estado del presidente Fox a Washington " pero esta versión está equivocada.

Las negociaciones se estancaron durante el verano antes del 9-11, cuando la facción anti-inmigración del Partido Republicano se rebeló en contra de su presidente, al enterarse de que la administración Bush estaba contemplando la legalización de trabajadores indocumentados quienes podrían cumplir con varios criterios " lo que los derechistas denunciaron como una “amnistía” para violadores de la ley.

El resultado de esta rebelión derechista fue la paralización de las negociaciones bilaterales, con la consequencia de que no se produjo ni un acuerdo en principio para cuando llegó el Presidente Fox a la Casa Blanca aquel 5 de Septiembre. La consternación del lado mexicano al respecto llevó a Fox a tomar una medida poca diplomática: en la ceremonia lujosa de bienvenida en el traspatio de la Casa Blanca, el presidente mexicano le exigió a su homologo estadounidense que se llegara al acuerdo migratorio antes de fin de año.

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De hecho, los ataques terroristas a Nueva York y a Washington la semana siguiente canceló cualquier impacto que podría haber tenido la petición audaz de Fox. Pero la imperante realidad política era que los críticos conservadores del partido del mismo presidente Bush ya habían logrado descarrilar el esfuerzo por llegar a un acuerdo migratorio bilateral. A pesar de lo lógico y aun necesario que sea tal aproximación para lograr que nuestras fronteras funcionen efectivamente, la vehemencia de la oposición republicana la ha tenido vetada desde entonces.

Irónicamente, los que hoy en día más se quejan de que la frontera supuestamenta está fuera de control son los mismos que por tantos años han imposibilitado soluciones racionales y modernas.

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