El tiroteo de Oregón revive la teoría de los civiles armados que pueden enfrentar a los atacantes

El heroico hombre con un arma capaz de detener un ataque antes de que la policía pueda llegar ha sido durante mucho tiempo una consigna de los defensores del derecho a portar armas, quienes argumentan que los ciudadanos armados pueden actuar como una primera línea de autodefensa y protección pública.

Video Vigilias y reacciones de padres de familia tras el trágico tiroteo en escuela primaria de Bend, Oregón

Pocas masacres con armas de fuego en Estados Unidos terminan como el letal ataque a una escuela primaria en Oregón: con un civil armado abriendo fuego contra el atacante.

El presidente Donald Trump se sumó este viernes a quienes elogiaron al padre de dos niñas que confrontó a un tirador adolescente durante el ataque en la Escuela Primaria Silver Rail, en el que murieron tres estudiantes y un maestro. Kenda Freeman dijo que su hijo, Kaylub Giamanco, intervino disparando su propia arma después de que comenzaron los disparos en la escuela de sus hijas, en la localidad de Bend.

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«Es algo terrible, menos mal por un hombre que tenía un arma y sabía cómo usarla», dijo Trump a los periodistas en la Casa Blanca.

Giamanco, un carpintero de 36 años que llevaba una pistola calibre .40 guardada legalmente en su vehículo, ingresó a la escuela, escuchó disparos y disparó su arma tras ver a un maestro forcejeando con el atacante, indicó el jefe de policía de Bend, Mike Krantz.

Casos como la intervención en Oregón siguen siendo raros, de acuerdo con el Centro de Entrenamiento de Respuesta Rápida para las Fuerzas del Orden Avanzadas (ALERRT, por sus siglas en inglés) de la Universidad Estatal de Texas.

El centro ALERRT rastreó lo que denomina incidentes de «ataque activo», en los que el perpetrador utilizó armas de fuego, armas blancas o vehículos entre 2000 y 2025.

De 634 casos estudiados, 374 terminaron antes de que llegara la policía. Entre ellos, 29 concluyeron cuando civiles armados le dispararon al agresor. En otros 31 incidentes, los civiles sometieron al atacante mediante algún otro método, como derribarlo al suelo o quitarle el arma.

«Reconocen que pueden ser la única forma de detenerlo antes de que llegue la policía», señaló James Keith, portavoz del centro.

El heroico «tipo bueno con un arma» capaz de detener un ataque incluso antes de que la policía pueda llegar ha sido durante mucho tiempo una consigna de los defensores del derecho a portar armas, quienes argumentan que los ciudadanos armados pueden actuar como una primera línea de autodefensa y protección pública. En algunos casos, la persona que interviene ha tenido entrenamiento policial o militar. En otras ocasiones, son simplemente personas que reaccionaron en un momento de caos.

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En algunos estados, los legisladores han buscado posicionar a ciudadanos armados para frenar un ataque lo antes posible en algunos espacios públicos.

Texas creó un programa de alguaciles escolares en 2013 para permitir que maestros y personal capacitado porten armas de fuego ocultas en los campus. El estado amplió los programas de seguridad y los requisitos para contar con seguridad armada y personal en las escuelas tras los tiroteos masivos ocurridos en una escuela secundaria cerca de Houston en 2018, y en la Escuela Primaria Robb en Uvalde en 2022.

Texas cuenta con algunas de las leyes de control de armas menos restrictivas del país, según el Centro Giffords de la Ley para Prevenir la Violencia Armada. El grupo califica a Oregón entre los más estrictos.

Algunos ejemplos destacados de ciudadanos armados que confrontaron a atacantes para ayudar a detener tiroteos masivos:

In-N-Out en Twin Falls, Idaho

Un atacante mató a tres personas e hirió a otras siete en un restaurante In-N-Out Burger el 3 de agosto. Las autoridades policiales señalaron que el agresor podría haber matado a más personas de no ser por un agente fuera de servicio que era cliente en el restaurante y un civil armado que intercambió disparos con el atacante.

Jordan Salinas relató que no dudó en tomar su arma y enfrentar al tirador cuando vio a la gente huyendo del restaurante y escuchó los disparos. Bajo el fuego de respuesta, el atacante retrocedió y finalmente se suicidó.

«No le gustó cuando las balas empezaron a volar en ambas direcciones», declaró Salinas al periódico Idaho Statesman. «Hay una tarea que debe hacerse, y nosotros somos quienes tenemos que hacerla».

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Tiroteo en la iglesia de White Settlement, Texas

En diciembre de 2019, un hombre disfrazado y con gabardina sacó una escopeta y mató a dos personas durante un servicio dominical en la Iglesia de Cristo de West Freeway, antes de ser abatido por Jack Wilson, un instructor de armas de fuego de 71 años que también había sido ayudante de alguacil en la reserva.

Wilson mantuvo la calma mientras los feligreses buscaban dónde cubrirse.

«El único disparo claro que tenía era a su cabeza, porque todavía tenía gente en las bancas que no se había agachado todo lo posible. Ese era mi único tiro», afirmó Wilson en 2019.

Tiroteo en la iglesia de Sutherland Springs, Texas

Un atacante mató a 26 personas en la iglesia de un pueblo pequeño en 2017. Stephen Willeford, un ex instructor de la Asociación Nacional del Rifle (NRA) que vivía al otro lado de la calle, tomó su rifle y corrió descalzo para abrir fuego contra el agresor, hiriéndolo.

El atacante huyó y Willeford hizo señales para detener a un conductor que pasaba. Ambos hombres persiguieron al tirador, quien finalmente se suicidó.

«Seguía escuchando los disparos: pum, pum, pum cuando comenzaron los tiros en la iglesia», declaró Willeford en 2017. «Y sabía que cada uno de esos disparos representaba a alguien, que iba dirigido a alguien».