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Con la marihuana al borde de la legalización en California, el mercado negro se prepara para adaptarse

Las encuestas le dan amplias posibilidades a la legalización en este estado. Pero esto difícilmente significa que se acabará el mercado negro.
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7 Nov 2016 – 11:49 AM EST

Cuando se trata de hacer negocios, Leaf no es demasiado discreto. El joven de 25 años se pasea un domingo cualquiera por Dolores Park, en San Francisco, con un oso de peluche en el hombro y un collar de hojas de marihuana hechas de plástico alrededor del cuello. Es imposible no verlo.

A punto de ser legalizada en California, la venta de marihuana con fines recreativos dará inicio a una nueva era en el consumo de cannabis en el estado más poblado del país. Leaf no se preocupa.

“Yo seguiré por acá, porque, ¿qué pasa si uno no quiere ir al club?”, dice de los futuros dispensarios recreativos que se crearían. “Se trata de conveniencia y yo siempre tengo algo para vender. Siempre estoy aquí”.

Como Leaf –cuyo nombre completo se mantiene en reserva para proteger su identidad–, muchos distribuidores de marihuana del Área de la Bahía confían en su capacidad de competir con los clubes sociales de cannabis que se abrirán si se aprueba la Proposición 64. Cualquier producto que se venda de manera informal, sin pagar impuestos, siempre será más barato que uno gravado y regulado.

Es una realidad que ya viven otros estados que han legalizado la marihuana. Según los expertos, el mercado negro sigue vivo y activo en Colorado y Washington, y todo indica que la situación se repetirá en California. Mientras haya dinero que hacer bajo la mesa, y mientras abrir un club de cannabis cueste más de 500 mil dólares, es probable que los distribuidores ilegales se mantengan fuera del reglamento.

“Por lo general, estos concesionarios no están mirando a la legalización pensando ‘Y ahora, ¿adónde me voy?’”, dice Francisco Gallardo, director del Proyecto de Rescate de las Pandillas de Denver. “Están pensando en hacer la mayor cantidad de dinero hasta que el mercado no los pueda sostener más”.

Incluso así, con las posibilidades apiladas en su contra, algunos distribuidores planean tomar el camino de la legalidad. Otros dejarán California por estados que todavía no han pasado por ese tipo de regulación.

El impuesto al consumo y el mercado negro

Es altamente probable que los votantes de California aprueben la legalización de la marihuana en las Elecciones del próximo martes. Según una encuesta de Field realizada en octubre, un 57% de los consultados apoya la medida, contra una oposición de un 40% y un 3% de indecisos.

Si la Propuesta 64 es aprobado, los productos hechos en base a cannabis que se vendan en tiendas con licencia estatal cargarán con un impuesto especial de un 15%, además del impuesto regular de ventas. Los municipios también podrán cobrar impuestos adicionales.

Los productores autorizados también deberán pagar una tasa, lo que hará que toda la marihuana legal, debido a la fuerte tributación, sea bastante más cara que en el mercado negro.

En Colorado y Washington, la diferencia de precios ha motivado a muchos consumidores a permanecer del lado de la informalidad, incluso con la posibilidad de ser arrestados.

“Muchos de los fumadores de marihuana dicen ‘Ya tengo mi dealer’, incluso después de la regulación, porque confían en sus distribuidores”, dice Brian Yauger, presidente de Front Runner, compañía de inteligencia de negocios para la industria regulada de cannabis.

Según Gallardo, cada uno obtiene lo que paga. Uno puede examinar distintas cepas de variados efectos en un dispensario. Pero el precio sigue teniendo prioridad.

“La gente se preocupa poco por ese tipo de especificaciones”, dice Gallardo sobre los consumidores de Colorado que todavía recurren a los vendedores ilegales. “Mientras los prenda, todo bien con ellos”.

Según un informe publicado por Front Runner en julio de este año, los economistas estiman que un 34% de la marihuana vendida en Washington es ilícita.

"Aunque el consumidor promedio preferiría comprar legalmente, no hay mayor incentivo para alejarse del mercado negro", escribe el economista Beau Whitney en el informe.

Sin contar los impuestos locales y de ventas, el impuesto especial para el consumo de marihuana en Washington se sitúa en 37%, más del doble de la tasa propuesta para California. Con las lecciones aprendidas de los estados pioneros, las iniciativas electorales en todo Estados Unidos proponen ahora tasas entre un 10 y un 25%.

Aun así, los expertos consideran que los mercados negros de Colorado y Washington se han visto debilitados por la legalización.

A medida que los cultivos regulados se han hecho más grandes, los precios en los clubes de cannabis han caído ligeramente, haciéndolos más competitivos respecto a los distribuidores ilegales, dice Gallardo.

Queda por verse la influencia que el impuesto sobre la marihuana en California –cuya recaudación se estima en mil millones de dólares al año- pueda tener sobre la venta ilícita.
Todavía se desconocen los porcentajes que las ciudades agregarán como impuestos locales. Pero está claro que, cuanto más se acerquen los precios de los clubes a los de la calle, más se encogerá el mercado negro.

“La gente pagará el dólar o los dos dólares extra que cuesta un producto probado, pero no pagará el doble”, afirma Yauger.

Nuevos mercados

Algunos distribuidores de California siguen atentamente los desarrollos alrededor de la Proposición 64, así como lo ocurrido después de la legalización en otros estados. Otros esperan lo mejor. Hay quienes quisieran pasar a la formalidad, pero se desalientan con el papeleo, la regulación y los costos.

Dos distribuidores ilegales de San Francisco –Leaf y otro al que llamaremos Rolando- esperan que su flujo de caja permanezca fuerte pese a la legalización. Leaf asegura que gana alrededor de 5,000 dólares al año, la mitad de los cuales le corresponden a su madre. Marcos, de 30 años, solo admite que gana “lo suficiente”.

Aunque ambos están seguros que se mantendrán a flote, Rolando y Leaf tienen distintos puntos de vista al respecto.

Rolando, un inmigrante mexicano de tercera generación, sabe los precios que puede alcanzar el cannabis en los clubes, y pretende competir con ellos desde la calle, con precios mucho más bajos.

“Un minorista registrado no tiene forma de vender el producto a un buen precio y yo sé cómo venderlo aquí”, dice el distribuidor con base en Dolores Park, en San Francisco. “No quiero pagar impuestos ni el alquiler mensual”.

La venta de cocaína, LSD y éxtasis le proporciona una seguridad financiera adicional, y los menores de 21 seguirán buscando marihuana después de la legalización. “Es un mercado hermoso”, asegura.

Leaf, por su parte, se debate entre abrir su propia tienda y usar las nuevas reglas a su favor y en las calles. Con base en Dolores Park, donde vende sobre todo a los turistas, Leaf prevé que su negocio se vea golpeado cuando se inauguren los primeros dispensarios recreacionales.

Aun así, Leaf apoya la legalización. Esto es en parte porque ya suma varios arrestos en su haber. Hasta ahora, ha regresado a las ventas una y otra vez porque es lo que sabe, pero su verdadera pasión es el hip hop. La marihuana solo es el motor de su naciente carrera musical. Una vez que la marihuana recreativa sea legal, espera que la policía mire para otro lado.

“Hacer menos dinero a cambio de menos molestias de parte de la policía… claro que lo firmo”, dice.

Gallardo, sin embargo, afirma que ese no sería el caso para afroestadounidenses como Leaf. En Denver, la marihuana todavía es la excusa para “emprenderla contra personas de color”. La policía todavía puede emplear la causa probable para registrar zonas urbanas en busca de cultivos y venta ilícita de cannabis.

Según Gallardo, mayor regulación ha acarreado mayor aplicación de este estándar en algunos lugares. Un problema exacerbado por el hecho de que los dispensarios de marihuana suelen ser propiedad de ciudadanos blancos afluentes, agrega.

El precio de la ley

El sueño de Leaf de abrir un club de cannabis es casi imposible de realizar. Incluso con ganancias de 75 mil dólares al año, no sería suficiente para alcanzar los 500 mil dólares que se necesitan como mínimo para abrir un club, afirma Yauger.

“Casi siento pena por los productores y distribuidores del mercado negro, que pelearon tanto por la legalización”, continúa. “Luego se convierte en legal y, como no tienen el respaldo, el dinero o las facilidades, se quedan sin oportunidad”.

Otro distribuidor ilegal del área, de nombre Keith, también desea pasar a la formalidad. Luego de años comercializando cannabis en Carolina del Norte, el vendedor de 30 años se mudó a Oakland cuando se percató que la gran parte de sus suministros venían del Área de la Bahía. Y decidió cortar con los intermediarios.

Su objetivo inicial era producir y vender marihuana a los dispensarios medicinales de la zona, pero los costos asociados y vallas en la regulación terminaron de abrumarlo. También intentó obtener un permiso de la ciudad de Oakland para extraer y vender concentrados de cannabis, pero asegura que el proceso fue demasiado complicado.

Luego fue condenado por dos delitos graves, después de ser atrapado con tres libras de marihuana en su auto. Él afirma que apenas transportaba la mercadería entre un cultivo legal y un dispensario.

Ahora, Keith obtiene la mayor parte de sus ganancias por la compra al por mayor de marihuana del ‘Triángulo Esmeralda’ (los condados de Humboldt, Mendocino y Trinity, al norte de California) y su envío a otros estados. Carolina del Norte y Florida son sus dos mercados más grandes. En un buen mes, alcanza hasta los 20,000 dólares de ingresos, y puede contar con ello hasta que la legalización alcance todo el territorio del país.

Incluso así, Keith considera que las ganancias por distribución fuera de California no merecen el riesgo y seguirá buscando la legitimidad de su negocio. Su objetivo es producir cannabidiol, o CBD, un inhibidor de células cancerígenas. Las cápsulas no ponen a nadie en las nubes, pero sirven para tratar el dolor y las náuseas.

“Quiero tener una compañía donde pueda contratar gente y pagar impuestos”, afirma Keith. “Algo de lo que pueda sentirme orgulloso, ¿sabes?”.

Theo, un vendedor de 64 años, tiene un radio de ventas bastante más reducido. El veterano distribuidor, de gabán gris, como su peinado afro, trabaja en Hippie Hill, en San Francisco, desde hace 15 años, y se opone a la legalización por los perjuicios para su negocio.

Sin embargo, la casi segura aprobación de la Propuesta 64 no lo estresa. Si las ventas se van para abajo, él hará lo mismo, rumbo a los estados donde el comercio de marihuana todavía no se encuentra regulado.

“Hay más estados en el mundo a los que puedo ir”, dice, acariciando su barba. “Y no hay lugar en la Tierra donde no se fume marihuana”.

Liliana Michelena contribuyó a la investigación de este artículo y a su traducción del inglés.

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