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¿Quién paga por la acera frente a tu hogar?

En muchos lugares de Estados Unidos es el dueño de casa quien debe velar por la manutención de las aceras, algo que no ayuda a hacer nuestras ciudades más amables y caminables.
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2 Ago 2016 – 12:44 PM EDT
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A mí me encantan las aceras. Para nosotros que estamos inmersos en el desarrollo sustentable, el humilde paseo de concreto es el símbolo de nuestra causa: nos protege del tráfico, nos conecta con nuestros vecinos y proclama nuestro compromiso con un estilo de vida más saludable. Al final , la acera es la clave para hacer que una comunidad sea “caminable”.

Sin embargo, tuve que pagar una multa de 3,000 dólares para arreglar la mía.

Mi esposa y yo vivimos en Jenkintown, Pensilvania, una municipalidad al norte de Filadelfia con acceso fácil a trenes, una buena escuela y aceras en cada calle. En abril de 2015 recibimos una carta de la municipalidad que indicaba que varios bloques de concretos delante de nuestra casa tenían que se reparados “para la seguridad del público general”. Y era nuestra responsabilidad realizar esto.

Esto nos asombró, y de la mala manera. En mi estado natal de Massachusetts, al igual en que la mayoría de Nueva Inglaterra, las municipalidades mantienen todas las vías públicas, las cuales normalmente también abarcan la infraestructura peatonal contigua. Pero no es así en Pensilvania ni en California ni en muchos otros estados y pueblos. Un repaso rápido de leyes sobre aceras en todo el país revela una gran variedad de políticas sin ningún tipo de patrón regional o político.

Por ejemplo, la progresista ciudad de Portland en el estado de Oregon requiere a los dueños de casa a reparar las aceras, mientras que Portland en el estado de Maine le asigna la tarea al departamento de obras públicas. En el estado 'rojo' (predominantemente republicano) de Tennessee, la ciudad de Knoxville paga por la manutención de las aceras, mientras que en Minneapolis del estado 'azul' (mayormente demócrata) de Minnesota, los dueños de casa son responsables por dicha manutención. Y esto sigue así, con bastante variación entre lugar y lugar.

La política detrás de financiar la manutención de las aceras rara vez llega a las primeras planas, pero recientemente el asunto volvió a surgir en Los Ángeles cuando la ciudad anuncio una nueva política llamada 'reparar y soltar'. La ciudad de Los Ángeles asumió responsabilidad por las aceras en 1973 y recibió una subvención federal de 2 millones de dólares para reparar banquetas derruidas. Hoy día, dado que no ha podido encontrar una fuente fija de fondos para seguir con el mantenimiento de las aceras, la ciudad está tratando de devolver la responsabilidad de reparación a los dueños de casas.

Además, hace poco Los Ángeles prometió dedicar 1,300 millones de dólares a reparar aceras como parte de un acuerdo relacionado con una demanda entablada contra la ciudad por parte de los defensores de la Ley sobre Estadounidenses con Discapacidades. “Este es un problema que fue creado a lo largo de 40 años”, le dijo Paul Krekorian —concejal de la ciudad— a Los Angeles Times en marzo.

Quizás parezca que se está resaltando un asunto menor como grietas en las aceras cuando puentes deteriorados, metros averiados y otros problemas más llamativos de infraestructura dominan los titulares. Pero el financiamiento de las aceras importa. Yo me opuse al principio (y al costo personal) de mi factura de reparación de 3,000 dólares porque la política me pareció como otro ejemplo más de cómo las ciudades y pueblos subvencionan el uso de automóviles, pero descuidan los aspectos “caminables” de las ciudades. Pedir que los dueños de casas paguen directamente por la infraestructura peatonal también expone los residentes a las responsabilidades legales, alienta a los constructores a no incluir conexiones peatonales en los nuevos desarrollos de viviendas y daña la estética general de las áreas.

Yo puedo hablar directamente de ese último tema aquí en Jenkintown, ciudad que cuenta con un paisaje urbano hecho de retazos y superficies disparejos. Una reciente inspección masiva de las aceras de nuestra municipalidad provocó un frenesí de actividad reparadora: los dueños tenían cuatro meses para cumplir o encarar multas de 185 dólares por día. Todo el verano, pequeños grupos de contratistas itinerantes anduvieron por las calles, ofreciendo cotizaciones que variaron increíblemente. El embrollo resultante -junto con mi propia inminente factura de reparación- me inspiraron a inaugurar un sitio web llamado Walkable Jenkintown (Un Jenkintown Caminable) y liderar un esfuerzo para cambiar la política de financiamiento de las aceras en la municipalidad.

Hasta la fecha mi campaña sobre las aceras ha resultado ser inútil. “Así es cómo siempre lo hemos hecho”, declaró un concejal en una reunión de la comunidad. “Así es cómo todos los demás lo hacen. Yo no veo ninguna razón por la que se debe cambiar esto ahora”. Algunos residentes que temían un aumento en sus impuestos de propiedad sacaron un préstamo para resolver las reparaciones y seguir adelante. Un vecino declaró ante el Concejo Municipal que demoraría la instalación de nuevas ventanas para pagar por la reparación de su acera. “Supongo que mis hijos tendrán que dormir en un cuarto con corrientes de aire frio durante un año más”, dijo, encogiendo los hombros.

Los contratistas sabían que los dueños de casa enfrentaban fechas límites fijas, por lo que comenzaron a ofrecer cotizaciones infladas. Según las cifras presentadas por nuestro administrador del condado, casi todos terminaron pagando más de lo que pagaría el departamento de obras públicas. Como no tiene la responsabilidad de mantener sus aceras, la municipalidad gasta su presupuesto en otros proyectos, muchos de los cuales no son amigables para peatones. En 2008 Jenkintown pidió un préstamo de 2.4 millones de dólares para construir un nuevo estacionamiento para su distrito comercial. Esta subvención del distrito comercial y sus clientes que llegan allá en automóviles hubiera reconstruido aproximadamente un tercio de nuestras aceras y encintados. Se trata de una solución ineficiente que produce tanto reparaciones de aceras de calidad inferior como residentes resentidos.

Después de una lucha ardua que incluyó discursos ante el Concejo Municipal, cartas y correos a todos nuestros representantes, una campaña en GoFundMe para sufragar los costos y dos apariciones en un tribunal, ya está completa la contribución de mi casa a la infraestructura local peatonal. Pero en lugar de sentir orgullo cívico cuando veo mis seis nuevos bloques de acera y 40 pies de nuevo encintado, este promotor de 'caminabilidad' siente la punzada de nuestro gobierno intransigente sacando su tajada.

Aunque en algún momento me encantaba Jenkintown por su ubicación, encanto y sentido comunitario, siento que mi causa ha terminado volviéndose contra mí. Nunca vi a las aceras como una carga hasta que me mudé acá. Ahora entiendo por primera vez por qué muchos quizás opten por no vivir en una comunidad 'caminable'.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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