CityLab Arquitectura

La huella de siete años de construcciones en Río de Janeiro

Un nuevo proyecto brasileño detalla el desarrollo de la ciudad desde que se anunció que sería sede olímpica. El panorama no es precisamente optimista.
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17 Ago 2016 – 1:33 PM EDT

En 2009, cuando Rio de Janeiro fue nombrada la sede olímpica de 2016, el gobernador Sergio Cabral fue generoso en sus promesas.

“[Los residentes de Río] ganarán más líneas de metro, más trenes, más depuración de aguas, mejoras respecto al medio ambiente, a los servicios sociales, a los deportes y la cultura”, dijo, de acuerdo al periódico británico The Guardian.

Pero, según muchos residentes (y según muchos críticos en la comunidad internacional), estas promesas quedaron muy lejos de cumplirse. El desarrollo impulsado por los Juegos Olímpicos ha sido fuertemente criticado por ser bastante desigual, en distintas áreas que van desde la nueva línea 4 del metro a las inversiones para lograr una ‘ciudad inteligente’. Y un nueva investigación publicada en Brasil, la cual detalla cada proyecto de arquitectura e infraestructura construido en Río desde 2009, da a entender exactamente lo mismo.

Dirigido por Ana Luiza Nobre, profesora de Arquitectura en la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro, el proyecto RioNow es la culminación de años de investigación, en la que participaron muchos de sus estudiantes. Ahí se puede encontrar una enumeración de cada proyecto construido junto con su fundador y su autor, un calendario del desarrollo junto con eventos políticos relevantes, un mapa topográfico que muestra dónde se encuentran las nuevas inversiones, y una serie de documentos sobre el desarrollo urbano desde 2009. Además, en el cronograma, las construcciones aparecen comparadas con distintos fenómenos, como el desempleo, las fluctuaciones del dólar y el comportamiento de la bolsa brasileña.

La información presentada no necesariamente ofrece una opinión. En realidad, invita al lector a sacar sus propias conclusiones. Pero Nobre ya ha llegado a las suyas. “No hay nada útil, nada que durará en diez años. Todos los proyectos son tan malos, fueron hechos tan mal. Es impresionante”, dice.

Ofrece varios ejemplos. Cuatro meses antes de que empezaran los Juegos, una ciclovía construida precisamente para el megaevento se derrumbó y cayó al mar, matando a dos personas. Las condiciones de los sitios de construcción fueron tan malas, dice Nobre, que 12 personas trabajando en ellos murieron en los siete años de su investigación. Varios expertos también han criticado la Villa Olímpica, la cual ha sufrido de inundaciones, elevadores rotos, hoyos en el techo, y moho en las paredes.

Aparte de problemas de infraestructura y seguridad, dice Nobre, hay problemas de respeto para el estilo de arquitectura de la ciudad. El Museo de Mañana, uno de los nuevos íconos cariocas, es un caso ejemplar para la investigadora. “Son proyectos mal construidos, que no tienen nada que ver con el paisaje en que existen. Es un tipo de arquitectura muy agresivo, icónico, pero que no respeta el resto de la ciudad”, dice ella. La académica se queja también de que Santiago Calatrava, arquitecto famoso de España, fue contratado por el alcalde a hacer el Museo de Mañana, a pesar de las repetidas controversias sobre la calidad de sus trabajos.


Arriba: el Museo de Mañana. Foto de Caio Costa Ribeiro (creative commons).


Pero quizás lo más impresionante son los problemas de desigualdad. Nobre dice que varios proyectos olímpicos funcionaron para construir una imágen para el resto del mundo o para beneficiar a los residentes más ricos. Los teleféricos que se iban a instalar en las favelas sirven como un ejemplo. En 2014, se planteó construir uno de estos sistemas de transporte en la favela Rocinha (la más grande en todo Brasil con casi 70,000 habitantes), pero la comunidad la rechazó fuertemente, debido a que tenían necesidades más básicas que consideraban de mayor prioridad.

“Ellos dijeron, ‘no, no queremos teleféricos, queremos sistema de alcantarillado’”, dice Nobre. “Pero este tipo de infraestructura no es tan visible como un teleférico, que se ha hecho muy icónico [por todo el mundo]”. En otras palabras, es una muestra de un dicho brasileño que hemos comentado en otros artículos: “Los programas del gobierno que van por debajo del suelo no ganan las elecciones”. Hasta ahora, la favela no tiene ninguna de las dos mejoras.

Y luego está el problema del desplazamiento. Dice Nobre que unas 22,000 familias fueron desplazadas por trabajos olímpicos. Son unas 100,000 personas en total, de acuerdo a la arquitecta ( otras fuentes dan cifras menores, de alrededor de 60,000 personas). Quizás el caso más famoso es de Vila Autódromo, una favela donde viven 600 familias, las que fueron violentamente forzadas a dejar sus casas, ubicadas donde hoy está la entrada al Parque Olímpico. Luego de brutales peleas con la policía, solo 25 familias se quedaron en el área, en nuevos edificios construidos por el gobierno. “Era ahí cerca a la entrada. No necesitaban desalojar a la gente, pero era una mala imagen tener esa comunidad ahí”, opina Nobre.

La mayoría de la gente desplazada se fue a vivir en el oeste de la ciudad, en edificios construidos por el gobierno federal como parte del proyecto de vivienda estatal Minha Casa Minha Vida. “Este lugar es muy lejos, a unos 50 o 60 kilómetros del centro de la ciudad, y tiene muy poca infraestructura”, dice Nobre. En una mapa del proyecto RioNow se puede ver el ubicación estas nuevas construcciones, lejos del centro, al oeste de la ciudad.

“Se hizo una inversión en una mitad de la ciudad y la gente que fue desplazada fue echada a la otra mitad”, dice Nobre.

Para Nobre, todo esto es un microcosmos de los problemas que tiene Brasil como país. La inequidad es rampante (está entre los 25 estados con más desigualdad en el mundo), y nadie sabe cómo se verá esta nación en diez años, dice la investigadora.

“La situación de Río es un buen ejemplo para la gente que quiere conocer a Brasil. Así estamos por todo el país”.

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