CityLab Arquitectura

7 mitos sobre infraestructura perpetuados por Donald Trump

El candidato dice ser uno de los mejores "constructores" de Estados Unidos, pero al parecer hay mucho que no entiende sobre la planificación urbana.
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23 Jun 2016 – 9:18 AM EDT

Sepultado bajo una serie de polémicas propuestas políticas —incluyendo deportar a todos los inmigrantes indocumentados y prohibirles a los musulmanes la entrada a Estados Unidos— se encuentra un elemento notablemente sólido de la campaña de Donald Trump: una reforma de la infraestructura. En su último libro, descuidadamente escrito y problemáticamente titulado Crippled America (algo así como El Estados Unidos lisiado), Trump alega que "mejorar la infraestructura del país sería un gran proyecto prioritario" durante su potencial presidencia. "Cuando se habla de la mejor construcción, se habla de Trump", escribe.

Concedámosle este deseo y consideremos las siguientes preguntas: ¿Cuáles son exactamente las opiniones de Trump sobre la construcción de mejores ciudades y el mejoramiento de la infraestructura en Estados Unidos? ¿Y cómo se comparan sus propuestas con las mejores prácticas comúnmente aceptadas en la planificación urbana?

Aunque Trump tiene razón al identificar que la infraestructura se está deteriorando en muchas áreas de Estados Unidos, sus datos y teorías son muy erróneos en algunos aspectos. He aquí algunos desconcertantes mitos sobre la infraestructura que Donald defiende:

1. Un 61% de los puentes de Estados Unidos están "en problemas"


No importa cómo se diga, esta estadística es sencillamente errónea. En 2014, la Administración Federal de Carreteras identificó 61,365 puentes como "estructuralmente deficientes", lo cual significa que requieren mantenimiento o reparaciones importantes. Al existir un total de 610,749 puentes en Estados Unidos, esa cifra significa que aproximadamente un 10% de los puentes de todo el país están realmente "en problemas".

Aún siendo generosos e incluyendo los 84,525 puentes que se consideran "funcionalmente obsoletos" y que no cumplen con las normas actuales de diseño, la nueva cifra aún sigue siendo de aproximadamente de un 24%. Además, según Norman Anderson, director general de CG/LA Infrastructure, una firma de estrategias con sede en Washington DC, no es imprescindible mantener algunos de estos puentes deteriorados. "Ya no es necesario [seguir operando] muchos de esos puentes", le indica Anderson a CityLab, y menciona como ejemplo los miles de puentes estructuralmente deficientes en Pennsylvania.

La mayoría de los aspirantes a la presidencia confunden sus datos en algún momento, pero Trump ha inflado esta estadística sobre los puentes en dos ocasiones diferentes: una vez en una conferencia de prensa el 25 de agosto en Iowa (donde declaró que un 59% de los puentes estaban en problemas) y nuevamente en una manifestación el 14 de octubre en Richmond, Virginia.


2. El asbesto es un material de construcción ideal


A mediados del siglo XX, el asbesto era un material popular para la construcción y la fabricación porque era barato, flexible y resistente al fuego. Pero ya en la década de 1970, se hizo difícil ignorar la evidencia científica de que el asbesto estaba, de hecho, vinculado a diversas enfermedades como el cáncer de pulmón y el mesotelioma.

Décadas después de que surgiera esta evidencia, Trump escribió en su libro de 1997 The Art of the Comeback (en español, El Arte del Regreso) que el asbesto era "el mejor material a prueba de fuego que se haya utilizado jamás", y llegó incluso a sugerir que "la iniciativa contra el asbesto era impulsada por la mafia, porque a menudo eran las compañías relacionadas con la mafia las que estaban a cargo de la eliminación del asbesto". En el año 2012, Trump incluso afirmó a través de Twitter que el asbesto podría haber salvado al World Trade Center durante los ataques terroristas del 11 de septiembre:

Si no hubiéramos eliminado el increíblemente poderoso material ignífugo que es el asbesto [y] lo hubiéramos reemplazado con esa basura que no funciona, el World Trade Center nunca se habría incendiado.

Sin importar cuales sean sus propiedades ignífugas, la exposición al asbesto sigue siendo responsable de entre 12,000 y 15,000 muertes cada año en Estados Unidos. Aún más preocupante es el hecho de que el gobierno estadounidense continúa ignorando el alcance de los riesgos para la salud relacionados con el asbesto. Aunque en 1989 la Agencia de Protección Ambiental (EPA) intentó prohibir la mayoría de los productos que contienen asbesto, la mayor parte de esta prohibición fue revocada en 1991. Según declaraciones previas de Trump, las posibilidades de garantizar una prohibición total durante su potencial presidencia parecen bastante remotas.


3. Estados Unidos puede construir un muro fronterizo



En marzo, mi colega Kriston Capps analizó minuciosamente el plan de Trump de construir un muro en la frontera entre Estados Unidos y México. Vale la pena analizar las principales preocupaciones, aunque quizás sean obvias: en primer lugar, la construcción de un muro tan extenso como el que Trump propone (entre 30 y 80 pies de altura y de aproximadamente 2,000 millas o 3,200 kms de extensión) probablemente le costaría a Estados Unidos aproximadamente 25 mil millones de dólares construirlo y 750 millones de dólares mantenerlo, según varios expertos.

Incluso aunque Trump convenciera a México de renunciar a su promesa de no financiar el proyecto, hay una serie de limitaciones éticas: es muy probable que la propuesta de Trump viole el código de ética de muchas asociaciones de diseño en Estados Unidos, además de la Ley sobre Política Nacional Medioambiental y la Ley de Especies en Peligro de Extinción. "Al igual que otros polémicos proyectos en la frontera, las empresas que construyeran este muro podrían ser objeto de boicots, listas negras y demandas", escribe Capps. En resumen, "nadie con la capacidad para construirlo lo haría, y nadie con ganas de construirlo tiene la capacidad para hacerlo".


4. Se pueden construir carreteras en Estados Unidos a una tercera parte del costo actual


En su anuncio de candidatura a la presidencia, Trump prometió que iba a reconstruir la infraestructura estadounidense "a tiempo, dentro del presupuesto, [y] muy por debajo del costo". Específicamente dijo: "veo las carreteras que están construyendo en todo el país… y digo que las puedo hacer a una tercera parte del costo".

Aunque quizás "una tercera parte" sea un estimado rápido, no deja de ser exagerado. Según Anderson, el mayor gasto en la construcción de una carretera o autopista se emplea en obtener los permisos y la aprobación. "Se toma nueve años y medio pasar el proceso de autorización y aprobación de un proyecto promedio de construcción de carreteras", le dice a CityLab. Con un proceso de aprobación más corto, Anderson estima que las carreteras estadounidenses se podrían construir a la mitad del costo actual, pero no a un tercio (estos resultados provienen de un estudio confidencial que comparó los costos promedios de construcción en Estados Unidos con los de Europa, donde Anderson descubrió que casi todos los costos adicionales en Estados Unidos estaban relacionados con la obtención de permisos y aprobaciones). Y aún queda la duda persistente de cómo Trump planea reducir los costos.


5. Estados Unidos no está haciendo nada para arreglar su deteriorada infraestructura


Nuevamente en Crippled America, Trump afirma: "todos nuestros aeropuertos, puentes, túneles bajo el agua, redes eléctricas, y sistemas ferroviarios—la infraestructura completa de nuestro país se desmorona, y no estamos haciendo nada al respecto". De hecho, Estados Unidos gastó 416 mil millones de dólares en infraestructura tan sólo en el año 2014. Y el año pasado, el Congreso aprobó el mayor paquete de leyes para la infrastructura de transporte en más de una década.

En un debate republicano en diciembre, Trump insinuó cuánto cree que el gobierno debe desembolsar:

En mi opinión, hemos gastado 4 mil millones intentando derrocar a varias personas. Si hubiéramos gastado esos 4 mil millones en Estados Unidos para arreglar nuestras carreteras, nuestros puentes, y todos los demás problemas—nuestros aeropuertos y todos los demás problemas que hemos tenido—estaríamos mucho mejor.

Aunque 4 mil millones pueden sonar excesivos en comparación con los planes de infraestructura más conservadores tanto de Bernie Sanders como de Hillary Clinton, Anderson dice que este número se acerca a su propio estimado de los gastos en infraestructura de cuatro años. Donde Trump parece equivocarse es al achacarle la responsabilidad al gobierno federal, incluso si planea recortar el gasto en otras áreas.

"Hay muchos otros lugares de donde se pueden obtener fondos adicionales para la infraestructura que no tienen nada que ver con aumentar los impuestos, pero sí con optimizar y aumentar la vigilancia y el papel estratégico del sector público", dice Anderson. En una entrevista con U.S. News, Robert Puentes, director de la Iniciativa de Infraestructura Metropolitana de la Institución Brookings, presenta un argumento similar:

Creo que porque generalizamos la conversación sobre la infraestructura, tendemos a exagerar lo que el gobierno federal debería hacer y el papel del gobierno federal. En realidad, el gobierno federal juega un importante papel regulador en muchos sentidos. Pero cuando se trata del gasto global y el impacto, es relativamente pequeño. ... Hemos visto lo que sucede cuando el gobierno federal dirige muchos de estos proyectos. No siempre funciona.

El verdadero problema no es que Estados Unidos no está haciendo nada para arreglar su infraestructura, sino que no está gastando de forma sensata. En lugar de lanzar grandes sumas al aire, Trump debería enfocarse en el gasto estratégico que involucra a actores clave tanto del sector privado como público, una sutileza importante que usualmente elude sus promesas de un plan de "mil millones de dólares".


6. La construcción es lo que más estimula la economía


Otro problema más del opaco plan de infraestructura de Trump es la filosofía que lo respalda. En Crippled America, afirma que "no hay nada mejor para estimular la economía que la construcción". Datos recientes del Departamento de Comercio de Estados Unidos sugieren que actualmente éste no es el caso. Según sus cálculos, los servicios profesionales, científicos y técnicos fueron los mayores contribuyentes al crecimiento económico en el año 2014. Durante este tiempo, la industria creció un total de 4.2% y aportó 0.29 puntos porcentuales al crecimiento del PIB estadounidense. Mientras tanto, los bienes raíces sólo crecieron en un 1.5% (una disminución respecto al año anterior) y aportaron 0.20 puntos porcentuales al crecimiento del PIB.

Aún así, Trump tiene un punto, al menos en este aspecto. "Lo que yo llamo inversión estratégica en infraestructura es en realidad la única forma que tenemos para reiniciar y refundar nuestra prosperidad económica", dice Anderson. El problema, alega, es que es difícil estimular la economía con proyectos "no transformadores" que no involucran la tecnología o la innovación.

Sin dudas, como señala Richard Florida de CityLab, no todo proyecto de construcción conduce al crecimiento económico. El tipo de construcción y la distribución espacial de nuestras ciudades y suburbios es igualmente importante. "El objetivo [económico] final", escribe Florida, "es alcanzar el tipo de densidad y la mezcla de altura de los edificios que durante mucho tiempo han alimentado la creatividad urbana e impulsado la innovación". Si se toman como referencia los proyectos previos de construcción de Trump, este tipo de planificación cuidadosa e innovadora a menudo escapa a su consideración.


7. Cuando se trata de edificios, mientras más grande, mejor


Ya sea por la altura de sus edificios o por el tamaño de su logotipo del mismo nombre que adorna tanto las señales de construcción como el horizonte de la ciudad, Trump es fanático de lo grandioso. Desafortunadamente, gran parte de su filosofía de "mientras más grande, mejor" parece servir para inflar su ego en lugar de para mejorar las comunidades locales.

La vista del nombre de Trump, que abarca casi 2,900 pies cuadrados (270 m 2) en acero inoxidable gigante en su torre de Chicago provocó una ardiente reacción por parte de los residentes y las autoridades de la ciudad. El alcalde Rahm Emanuel se refirió a ésta como " arquitectónicamente desagradable". Y en un artículo para The Chicago Tribune, el escritor Eric Scott expresó aun mayores preocupaciones:

Si la observación, poco digna de un presidente, hecha por Trump sobre los mexicanos y los estadounidenses de origen mexicano se considera un crimen de odio, entonces ¿no se debería considerar el letrero de T-R-U-M-P un símbolo de odio y debería ser retirado.

Trump tenía una opinión diferente, y le dijo a The Chicago Tribune que, "a medida que pase el tiempo, será como el cartel de Hollywood".

La tentación de conferirle a un proyecto de arquitectura de Trump la condición de emblemático es dolorosamente familiar. "Usted puede compartir la teoría de que las torres como [la Trump World Tower en Nueva York] son los Empire States del siglo XXI", dijo a The New York Times Joshua Stein, un abogado de inmobiliario comercial, en el año 2013.

Pero, aunque estas torres han asumido cierto tipo de significado cultural, su gran tamaño tiene un costo económico y estético a largo plazo. Según The New York Times, para construir su Trump World Tower de 72 pisos de altura, Trump acaparó los derechos aéreos de siete propiedades cercanas de baja altura. Esto le permitió a su torre ocupar toda la densidad permitida para toda la manzana, según The Times, evitando así construcciones adicionales (las cuales, diría Trump, son el mayor estímulo económico de Estados Unidos).

Aunque es difícil predecir qué tipo de reforma de infraestructura Trump realmente pondría en práctica si llega a la presidencia, hay algo claro: tanto de palabra como de hecho, Trump enarbola una serie de falacias acerca de cómo pueden y deberían funcionar nuestras ciudades.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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