Autos y Famosos

Deconstruimos el accidente que le causó a la muerte a la princesa Diana

De haber seguido los dos requisitos de seguridad vial más elementales: no conducir bajo la influencia de sustancias que impiden el uso de los sentidos, y usar el cinturón de seguridad, las víctimas de esa fatídica noche podrían aún estar entre nosotros.

El 30 de agosto de 1997 un jet privado aterrizó en el aeropuerto privado parisino en Le Bourget con la pareja más famosa del mundo como pasajeros: Diana, princesa de Gales, y su amante, el multimillonario Dodi Al-Fayed. El vuelo procedía de la isla italiana de Cerdeña. La pareja acababa de pasar nueve días en las riveras francesa e italiana a bordo del Jonikal, el yate de la familia Al-Fayed. Paris sería la última escala antes de llegar a Londres, su destino final.

Para frustración de la pareja, los ‘paparazzi’ fueron una presencia constante e inevitable durante sus vacaciones. Diana, quien hasta ese día fue la mujer más fotografiada del mundo, sentía una profunda aversión por los fotógrafos, la cual había llegado a un punto febril en la última semana. Esta fobia por los profesionales de la fotografía de tabloide jugaría un papel determinante en la tragedia que la esperaba a la vuelta de la esquina.

Pero la presencia de los ‘paparazzi’ no fue el único factor que contribuyó al fatal desenlace que tuvo lugar en las horas siguientes.

Paul Henry, jefe de seguridad del Hotel Ritz, donde Diana y Dodi acababan de cenar, fue el encargado de conducir el Mercedes-Benz S280 1994 blindado, de base larga, parte de la flota del Hotel Ritz. En él salieron hacia su fatal destino. Henry era experto en maniobras evasivas a alta velocidad, pero para desgracia de los involucrados, había bebido más de la cuenta. Según los exámenes post mortem el grado de embriaguez del chofer triplicaba el límite legal en Francia, lo cual, sumado a la presencia de medicamentos antidepresivos en su sistema, hacía imposible no poner en duda la idoneidad de Henry para conducir, mucho menos para enfrentar una carrera a alta velocidad contra los ‘paparazzi’.

Solo el guardaespaldas Trevor Rees-Jones, único sobreviviente del brutal accidente que acabó con la vida de Diana, se había sujetado con el cinturón de seguridad. El resto de los pasajeros ignoró la presencia de la más elemental de las medidas de seguridad en la cabina de un automóvil.

Henry estaba determinado, probablemente por indicación de la pareja, a evitar ser alcanzado por el enjambre de 30 ‘paparazzi’ que los siguió desde el Ritz. Lo que, sumando al grado de alcohol en su sistema, resultó en una combinación letal.

A las 12:23 de la madrugada del 31 de agosto de 1997, en la entrada del túnel subterráneo que pasa debajo de la Place de l’Alma en la ribera derecha del rio Sena, Henry perdió el control del Mercedes-Benz. El frente del auto chocó contra la decimatercera columna central del grupo que sostiene la estructura de la plaza, a 65 millas por hora (112 Km/h). Desde allí, el S280 rebotó golpeando el lado derecho del auto donde viajaba la princesa, contra la pared del túnel. El auto se detuvo.


Henry y Dodi murieron en el acto. Rees-Jones sobrevivió considerablemente desfigurado, pero eventualmente logró una recuperación total. Diana sobrevivió el accidente, sin ningún tipo de herida física visible y sin una sola gota de sangre que manchara su cuerpo. Así lo aseguró Xavier Gourmelon, un bombero parisino de rescates, quien acudió a la escena del accidente a solo tres minutos de su ocurrencia. Gourmelon declaró a The Sun que fue él quien rescató a Diana y la resucitó del paro respiratorio que sufrió momentos después ser extraída de los restos del vehículo. Gourmelón dice haber encontrado a la princesa en el suelo de la parte trasera del auto desde donde le preguntó al rescatista “Dios mío, ¿qué pasó?”.

La cabina del S 280 soportó los efectos del impacto ejemplarmente, con una deformación mínima considerando la violencia del golpe. El Mercedes-Benz Clase-S de tercera generación (W140) es uno de los autos más seguros de la década de 1990. Sin embargo las tres víctimas fatales pagaron un precio muy alto por haber ignorado la presencia de los cinturones de seguridad. El asiento trasero de la versión extendida del W140 es lo suficientemente amplio como para que la princesa, en caso de haber estado utilizando el cinturón, pudiese haber evitado los golpes que le ocasionaron las sustanciales heridas internas que le costaron la vida.

No se puede decir que la tecnología de seguridad pasiva presente en los vehículos modernos hubiese salvado la vida de la princesa. De hecho esa es un área en que la tecnología actual no difiere mucho de la de los últimos 20 años. El único aditamento de seguridad que se podría encontrar en la cabina de un Mercedes-Benz Clase-S actual (W222) es una cortina de aire lateral que habría podido mitigar golpes de la cabeza contra las puertas, algo que no es especialmente efectivo cuando no se usa un cinturón de seguridad y el cuerpo queda libre para viajar a merced de las dinámicas del choque y golpearse con todos los objetos y personas presentes en la cabina. Lo mismo se puede decir de los cinturones inflables, los cuales son totalmente inútiles cuando no están siendo usados.

20 años de avances en materia de tecnología de seguridad probablemente no hubiesen salvado la vida de la ‘princesa del pueblo’. Después de todo, el accidente que le causó la muerte ocurrió en uno de los vehículos más seguros de sus días. La gran ironía es que hay una gran probabilidad de que Diana estuviese aún entre nosotros de haber seguido dos de los requisitos de seguridad vial más elementales conocidos tanto hoy como en 1997: no conduzcas bajo la influencia de sustancias que impidan el uso total de tus sentidos, y usa el cinturón de seguridad.


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