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El caso de Timothy Coggins fue reabierto más de 30 años después luego de que los investigadores hallaran nuevas pistas. Es tratado como un crimen racial.

El asesinato de este joven negro fue considerado un misterio, 34 años después dos acusados van a juicio por un crimen racial

El asesinato de este joven negro fue considerado un misterio, 34 años después dos acusados van a juicio por un crimen racial

Timothy Coggins fue hallado muerto en 1983. Tras detener a los responsables descubrieron que se trató de un crimen de odio.

El caso de Timothy Coggins fue reabierto más de 30 años después luego de...
El caso de Timothy Coggins fue reabierto más de 30 años después luego de que los investigadores hallaran nuevas pistas. Es tratado como un crimen racial.

El cuerpo de Timothy Coggins fue hallado por unos cazadores en una zona boscosa del pequeño pueblo de Sunny Side, en Georgia, en octubre de 1983. Estaba amarrado con cadenas a un camión con el que lo arrastraron y tenía numerosas puñaladas en su cuello, espalda y estómago, 29 para ser exactos.

Como un "misterioso asesinato" lo describió la prensa local en sus titulares. El sheriff de entonces en el condado de Spalding, James Freeman, informó que se trataba de un hombre entre 20 y 25 años, de mediana estatura y unas 160 libras de peso; tenía un tatoo en su mano izquierda, vestía vaqueros azules y suéter beige; había perdido dos dientes, quizás por los golpes que le propinaron. Y una cosa más: era negro.

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Un día después las autoridades le dieron nombre, pero seguían sin saber quién lo había asesinado y cuáles eran los móviles.

El color de su piel no había sido importante en la investigación hasta 2017. Después de 34 años, el caso fue reabierto en marzo. En junio entrevistaron a potenciales testigos luego de que el Buró de Investigaciones de Georgia (GBI) recibiera una pista. Fue así que en octubre arrestaron a cinco personas conectadas con el atroz homicidio. Concluyeron que se trataba de un crimen racial.

"El asesinato de Timothy Coggins se debió a que Coggins socializaba con una mujer blanca", dijo al juez el fiscal de distrito Ben Coker en noviembre durante una audiencia.

El martes dos de los detenidos fueron acusados de homicidio criminal, agresión agravada y por ocultar la muerte. Son Frank Gebhardt, de 59 años, y Bill Moore Sr., de 58. Los abogados de ambos intentaron liberarlos bajo fianza por su edad, pero el juez del caso les negó la petición y exigió que siguieran en prisión.

Según el diario The Washington Post, Gebhardt y Moore –que son cuñados– dijeron a testigos que asesinaron a Coggins porque había estado bailando en un club con una mujer blanca la noche del 7 de octubre de 1983.

El diario The Atlanta Journal-Constitution citó en sus notas recientes a un testigo que para ese año tenía 10 años y que escuchó a Gebhardt decir que habían atacado a Coggins porque "merodeaba con su antigua novia". Otra persona aseguró que Gebhardt le había contado que el asesinato se debió a un acuerdo de drogas que terminó mal.

Un oficial del GBI que trabajó en el caso, Jared Coleman, contó en una de las audiencias en la corte de Spalding que los hombres "estaban orgullosos de lo que habían hecho (...) sentían como si estuvieran protegiendo a la raza blanca de la negra".

Los testigos no habían ampliado detalles de lo que sabían antes porque, según dijo el sheriff del condado Darrell Dix, habían sido amenazados e intimidados durante años por los sospechosos. De hecho, a finales de noviembre, la fiscal Marie Broder contó en una audiencia que Gebhardt le había dicho que si ella le daba los nombres de esos testigos "no testificarían".

El Journal-Constitution cuenta que tanto Gebhardt como Moore habían sido vistos en varias ocasiones molestando a Coggins fuera de una estación de gasolina cercana al club en el que estuvo con la joven. Poco después, se les vio conduciendo un deportivo dorado.

El martes, sentados a pocos metros de los dos acusados estaban los familiares de Coggins. En las fotos de los medios locales se les ve llorando, asombrados con detalles del asesinato que escuchaban por primera vez. "Siempre es difícil cuando alguien no siente pesar por lo que ha hecho", dijo al Journal-Constitution la sobrina Heather Coggins. Solo por eso aseguró que no siente lástima por lo que pueda pasarle a Gerbhardt y a Moore.

El caso continúa, abierto, pero con evidencias –en su mayoría testimonios– que los abogados de los sospechosos consideran débiles como para mantenerlos en prisión.

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