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ADN, elemento determinante para hallar más indicios sobre Andreas Lubitz

ADN, elemento determinante para hallar más indicios sobre Andreas Lubitz

Entre 400 y 600 elementos biológicos han sido recuperados y cinco científicos están en Seyne-les-Alpes para acelerar el proceso. 

El barranco resuena con el eco de hélice de los helicópteros, el raspado de metal contra las rocas y el deslizamiento de un talud cuando los restos del vuelo 9525 de Germanwings se desprenden de las laderas. 

En el lugar del siniestro, la sombría misión de recuperar los restos de las 150 personas muertas y recolectar la evidencia adecuada, es decisivo para determinar si Andreas Lubitz ingirió algún tipo de medicamento horas previas al siniestro.

De acuerdo con expertos forenses, si los rescatistas hallaran algún resto perteneciente al copiloto, las pruebas de ADN podrían despejar muchas de las dudas.

Entre 400 y 600 elementos biológicos han sido recuperados y cinco científicos están en Seyne-les-Alpes para acelerar el proceso. Los familiares arribaron con objetos como cepillos dentales de los difuntos y algunos donaron muestras de ADN para ayudar a comparar con la información forense hallada en el sitio.

En el instante en que un fragmento de restos humanos es hallado, los forenses toman muestras de ADN, por temor a que pueda descomponerse, y actualizan la base de datos de ADN que están compilando en el sitio, dijo Touron. Información de joyas y de dentaduras es clave también en el proceso, agregó.

Andreas Lubitz, no apto para volar Univision

"No hemos hallado ni un solo cadáver intacto", dijo el coronel Patrick Touron, uno de los principales investigadores forenses en Francia, en declaraciones el viernes en Seyne-les-Alpes. "El ADN va a ser el elemento determinante para la identificación".

Touron dijo que los cadáveres serán entregados a la familia lo más pronto posible, pero advirtió que el proceso pudiera demorar.

La evidencia es colocada en bolsas plásticas y sellada. Los restos humanos son colocados en bolsas de cadáveres y alzados cuidadosamente con cables, a veces junto a un trabajador y llevados a Seyne-les-Alpes. Apenas unos minutos en el aire en lugar de horas por tierra.

Desde las 8:30 a.m. hasta las 6 p.m., cuando la luz es propicia, los helicópteros transportan a los trabajadores al barranco. Es demasiado empinado para aterrizar, así que los 40 trabajadores son bajados por cable -individualmente o en pares-, cargando bolsas plásticas, etiquetas de evidencia y las sogas que van a usar para prevenir caídas cuando las negras rocas alpinas se quiebran bajo sus botas. Cada investigador trabaja con un montañista local, familiarizado con el terreno y con las habilidades para mantenerlo a salvo.

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Pocos pedazos son mayores que la portezuela de un auto. La mayoría son más pequeños. Con cada paso que dan los trabajadores de recuperación, las piezas de evidencia se deslizan inexorablemente hacia abajo. Algunas caen a un arroyo alimentando por nieve derretida.

Los investigadores franceses no han dicho qué sucederá con los pedazos de avión recuperados, pero el foco de la investigación ya no está en los asuntos técnicos del aparato, luego que los fiscales confirmaran que el copiloto estrelló deliberadamente la aeronave.

Los agonizantes minutos antes de la tragedia

El comandante del avión de Germanwings gritó a Andreas Lubitz, sospechoso de haberlo estrellado deliberadamente con 150 personas a bordo, que abriera "la maldita puerta" de la cabina, al tiempo que los pasajeros gritaban también minutos antes de la catástrofe, según la grabación del vuelo transcrita por el diario alemán Bild am Sonntag.

La grabación de la caja negra encontrada en el lugar de la tragedia, en el sureste de Francia, de la que ya habló el jueves el fiscal de la República de Marsella, puso de relieve que el copiloto cerró la puerta de la cabina tras la salida momentánea del comandante, antes de estrellar el avión.

Según la edición dominical del tabloide alemán Bild, que dice haber escuchado la grabación, durante los 20 primeros minutos del vuelo, el comandante Patrick S. y su copiloto Andreas Lubitz hacen comentarios banales.

Explica por ejemplo a su copiloto que no ha tenido tiempo de ir al baño antes de despegar en Barcelona.

A las 10:27, hora local, el aparato alcanza la velocidad de crucero, unos 11,600 metros, por lo que el piloto pide a Lubitz que prepare el aterrizaje en Düsseldorf. Lubitz solo contesta: "espero", "vamos a ver".

Después, el copiloto le dice al comandante que puede ir al baño. Transcurren dos minutos y el comandante le pide al copiloto tomar el mando. Al momento, de acuerdo con el diario, se oye el ruido de una silla que se mueve, una puerta se cierra: el comandante sale de la cabina para ir al baño y Andreas Lubitz se queda a cargo.

A las 10:29, el aparato comienza a descender y tres minutos después los controladores aéreos franceses tratan de contactar con el aparato, sin resultado. En el avión, casi al mismo tiempo, suena la alarma.

Poco después, se oye un fuerte ruido como si alguien tratara de entrar en la cabina. La voz del piloto dice: "¡por el amor de Dios, abre la puerta!".

Al fonfo se escucha a que los pasajeros empiezan a gritar, dice el diario. A las 10:35, se oyen golpes metálicos contra la puerta de la cabina. El piloto trata de abrirla al parecer con un hacha. Alrededor de 90 segundos más tarde, se emite una nueva alarma, cuando el aparato está a 5,000 metros de altura.

El comandante grita: "¡abre esta maldita puerta!".

A las 10:38, se oye la respiración del copiloto, silencioso, en la cabina. Hacia las 10:40, el Airbus toca la montaña, se oyen los gritos desesperados de los pasajeros. Son los últimos ruidos de la grabación, escribe Bild.

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El general de gendarmería francés Jean-Pierre Michel, que estuvo el sábado en Düsseldorf con una delegación de tres personas llegadas de Francia para colaborar con los investigadores alemanes, confirmó que la "personalidad" de Andreas Lubitz es "una pista seria" en la investigación, así como que se trató de un acto voluntario. No obstante, por el momento no se ha excluido que se pudiera tratar de una falta involuntaria o de un fallo técnico del avión.

El enigma de la mente de Lubitz

Autoridades a cargo de la investigación, tratan de confirmar los indicios de que Andreas Lubitz estrelló voluntariamente el martes pasado el Airbus A320 de Germanwings en los Alpes franceses, matando a 149 personas además de él.

Este sábado se dio a conocer que el joven de 27 años dijo a su exnovia que un día “haría algo que cambiaría todo el sistema" y que "todo el mundo conocería su nombre”.

Maria W., una azafata de 26 años presentada como la exnovia de Andreas Lubitz, dijo al diario alemás Bild que cuando oyó hablar de la tragedia, le vino a la memoria una frase del piloto: "un día voy a hacer algo que va a cambiar todo el sistema, y todo el mundo conocerá mi nombre y lo recordará".

La joven explica que la relación con Andreas Lubitz acabó "porque cada vez era más evidente que tenía un problema. Durante las discusiones se irritaba y me gritaba (...) Por la noche, se despertaba y gritaba '¡nos caemos!'".

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"Siempre hablamos mucho de trabajo, y ahí se transformaba, se enfadaba por las condiciones de trabajo. Poco dinero, miedo por el contrato (de trabajo), demasiada presión", asegura.

"De repente perdía los estribos durante una conversación y me gritaba. Yo tenía miedo. Una vez incluso se encerró durante un buen rato en el baño", dice.

"Era capaz de esconder a los demás lo que realmente le ocurría", dice la joven, que asegura que "no hablaba mucho de su enfermedad, sólo que tenía un tratamiento psiquiátrico a causa de ello".

Las autoridades añadieron que Lubitz buscó tratamiento para problemas de la vista que pudieron haber puesto en riesgo su capacidad para seguir trabajando como piloto.

Según The New York Times, dos funcionarios con conocimiento de la investigación dijeron el alemán de 27 años buscó atender un padecimiento cuya gravedad hasta el momento se desconoce, pero no se descarta que haya sido de origen psicosomático. Esta situación tampoco fue comunicada a sus empleadores.

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