Tango

El gran semillero tanguero de Buenos Aires

Desde hace 16 años, la Orquesta Escuela Emilio Balcarce viene formando a los músicos jóvenes, que toman lecciones con los grandes maestros del género. Univision Noticias la visitó durante el Festival y Mundial de Tango de Buenos Aires.
23 Ago 2016 – 2:47 PM EDT

BUENOS AIRES, Argentina.- En este momento, Buenos Aires explota de tango. El Festival y Mundial de este género musical rioplatense llena la ciudad de actividades, que atraen a argentinos, fanáticos de los cincos continentes y turistas. Mientras este texto se escribe, se está rindiendo un homenaje a Horacio Ferrer -el magnífico letrista autor de “Balada para un loco”-, hay un concierto de improvisación de tango y jazz, toca una orquesta y baila la pareja que se consagró campeona el año pasado.

Pero hay otras iniciativas que ayudan a mantener vivo el espíritu del tango en Buenos Aires. Son propuestas lejanas a las luces de un escenario, que se desarrollan durante todo el año en la capital argentina. En Vinilo, un lugar de conciertos de la ciudad, está ensayando la Orquesta Escuela Emilio Balcarce, una propuesta que nació en 2000 con la idea de enseñar a los jóvenes el lenguaje musical del tango, con arreglos originales de las orquestas de los años 40 y 50 -época de oro del género- y a partir del contacto con los viejos referentes. En estos años, egresaron unos 300 músicos que están tocando por el mundo con sus propios proyectos.

“Acá los chicos aprenden los yeites (el espíritu y los trucos del género) practicando y hablando. No hay pizarrones. Yo les explico todo”, dice con orgullo Víctor Lavallén, director de la propuesta pedagógica y exintegrante de la mítica orquesta de Osvaldo Pugliese. A los 80 años, el bandoneonista está activo en la música y disfruta de las clases con los jóvenes de 15 a 35 años.

“Yo transmito las cosas del tango que son difíciles de captar solamente escuchando. Los chicos tocan muy bien, pero muchas veces llegan sin conocer el género. Necesitan que les expliquemos cómo se tocaba antes. En la práctica lo reciben mejor”, agrega.

Lavallén sirve como puente generacional, como en su momento lo hizo Emilio Balcarce, el músico fallecido en 2011 que fue director y le dio nombre a la orquesta. Cada vez que termina un ensayo -son los martes y jueves-, Nicolás Velázquez (21) y otros alumnos-músicos se juntan a tomar un café con el maestro. Hablan de la época de Osvaldo Pugliese y de esa Buenos Aires en blanco y negro, en la que el tango era una música masiva. “Aprendo las formas de tocar y los distintos estilos del tango.


Mi papá es bailarín profesional y siempre estuve muy relacionado con el tango. Pero disfruto quizá mucho más de las charlas. Hace poco, Víctor me dijo: 'Cuando te llaman de un trabajo, antes de aceptarlo, hablá con el músico al que echaron. No hay que soplarle el lugar a nadie'. Son enseñanzas”, cuenta Velázquez, bandoneonista y alumno.

Cada dos años, la orquesta financiada por el Gobierno de la Ciudad llama a prueba de instrumentos. Se presentan un promedio de 130 aspirantes, de los que quedan sólo 20. El primer año, aprenden los estilos de las grandes orquestas. Y el segundo reciben la visita mensual de referentes del género, con los que trabajan de igual a igual. Alrededor del 20% de los integrantes son extranjeros que llegan a Buenos Aires enamorados del tango.

Una de ellas es Shino Ohnaga, una pianista japonesa de 35 años, que llegó en 2013. Ese año intentó sin éxito entrar a la orquesta, pero no se dio por vencida; se quedó en la ciudad estudiando hasta que lo logró. Ahora es una de las pianistas de la orquesta, además de tener otro proyectos musicales y dar clases de piano a niños.

“Yo tocaba en milongas en Osaka y decidí mudarme a Buenos Aires sólo por el tango. Víctor Lavallén cuenta las cosas que pasaban antes. Te dice: 'Esto se tocaba así y así'. ¿Sabés qué es lo que más me gusta de él? Enseña con el cuerpo y no con palabras. Eso es muy interesante para mí, que no entiendo mucho el idioma”, dice la pianista.

A lo largo del año, la orquesta tiene conciertos en la ciudad. Muchos estudiantes de música de Buenos Aires sueñan con entrar a una escuela en la que no hay pizarra. “Acá todo es tocar al frente del atril y en un escenario, además de las charlas históricas. L a orquesta tuvo un efecto transformador en la escena del tango. Ya hay una generación entera de músicos que aprendió a tocar el tango acá. Antes de esta experiencia, no existía un puente entre aquellos que hablaban el lenguaje del tango y los que estábamos interesados en aprenderlo”, analiza Ignacio Varchausky, contrabajista y director artístico.

Terminó el descanso de quince minutos y la orquesta vuelve a los ensayos. Uno de los profesores le pide a la pianista que levante el pedal levemente en un pasaje de la obra. Al rato habla de la chispa de un compositor. Y de ser responsables con los ensayos.
Luego llega un momento de silencio y luego la música. Suena “Responso”, el tango que Aníbal Troilo compuso para el poeta Homero Manzi. La orquesta suena a pleno en esa bellísima elegía para el amigo perdido. La sala se inunda de nostalgia. Y del tango que ellos fueron a aprender.

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