Tras la muerte de Alí Jameneí, un
triunvirato compuesto por el vicepresidente, el jefe judicial y el
presidente del
parlamento administra Irán temporalmente. Una
asamblea de 88 religiosos debe
elegir pronto al próximo líder, bajo la estricta supervisión de un comité que garantiza la continuidad ideológica. Aunque
varios nombres circulan en Teherán, el proceso enfrenta una vigilancia internacional sin precedentes mientras
el país define su rumbo político y religioso.
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