«La aurora de Nueva York tiene / cuatro columnas de cieno / y un huracán de negras palomas / que chapotean en el agua podrida.»
Nueva York cambió su vida para siempre y la de la literatura global: se cumplen 90 años del asesinato de García Lorca
Federico García Lorca es considerado uno de los poetas y dramaturgos más importantes del s.XX Repasamos la influencia que tuvo sobre él su estancia en EEUU justo cuando se cumplen 90 años de su asesinato al comienzo de la Guerra Civil española.
Son algunos de los versos que Federico García Lorca escribió en su visita a la gran manzana. Fue un poeta y dramaturgo español considerado uno de los máximos exponentes de la literatura contemporánea.
También pasó a la historia por encarnar la herida que sufrió España en 1936, con el sublevamiento del bando franquista que sumió al país en una guerra civil.
Numerosos intelectuales asociados al gobierno progresista de la II República fueron perseguidos y asesinados. Lorca murió hoy hace 90 años, fusilado por el régimen, y sus restos aún no han sido localizados.
Para el poeta tuvo una gran trascendencia su visita a Nueva York. Dicen los historiadores que emprendió el viaje por invitación de un intelectual para aprender inglés y renovar su obra.
Ambos se embarcaron en el Olympic, buque hermano del Titanic, a principios de junio de 1929 y llegaron el 26 de junio a Nueva York. Lorca llegó a decir que su estancia en Nueva York le marcó profundamente como "una de las experiencias más útiles de mi vida".
Describió a la ciudad como un lugar "de alambre y muerte" y volcó sus impresiones en su célebre obra Poeta en Nueva York, que no se publicó hasta cuatro años después de su muerte.
En el poemario abordaba cómo quedó impresionado por el auge del capitalismo "la esclavitud dolorosa del hombre y máquina juntos", escribió, y el impacto que aún tenía en la ciudad el crack del 29.
La obra que escribió en Nueva York sentó las bases de la incipiente literatura del surrealismo y uno de sus poemas más icónicos que quedó como uno de los maximos exponentes de la corriente es Ciudad sin sueño.
Es una violenta crítica a la deshumanización, la industrialización y el capitalismo de la sociedad moderna donde presenta la noche no como un espacio de descanso, sino como una pesadilla perpetua y angustiosa donde la vida se reduce a un estado de alerta constante.
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.
No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda
o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.
Pero no hay olvido, ni sueño:
carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraña de venas recientes
y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.
Un día
los caballos vivirán en las tabernas
y las hormigas furiosas
atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.
Otro día
veremos la resurrección de las mariposas disecadas
y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.
¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,
a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente
o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,
hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,
donde espera la dentadura del oso,
donde espera la mano momificada del niño
y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Pero si alguien cierra los ojos,
¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!
Haya un panorama de ojos abiertos
y amargas llagas encendidas.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
Ya lo he dicho.
No duerme nadie.
Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.








