Además de Nidal Hasan, ellos son los otros tres militares en el corredor de la muerte: ¿cuáles son los crímenes que cometieron?

Nidal Hasan no es el único en el corredor de la muerte militar de Estados Unidos, lo acompañan: Ronald A. Gray, Hasan K. Akbar y Timothy B. Hennis. Aquí te contamos los casos que los llevaron a recibir la pena capital en el Ejército

Video Pena capital en EEUU bajo debate: ¿Ha demostrado reducir el crimen? Experta analiza

La autorización del presidente Donald Trump para ejecutar por fusilamiento a Nidal Malik Hasan volvió a poner bajo los reflectores un sistema prácticamente congelado durante más de seis décadas: el corredor de la muerte militar de Estados Unidos.

Hasan, exmayor y psiquiatra del Ejército, fue condenado a muerte por matar a 13 personas y herir a otras 32 durante la masacre de Fort Hood, Texas, el 5 de noviembre de 2009. Trump aprobó la ejecución el 5 de octubre de 2026, pero todavía no se ha establecido la fecha y el lugar; el sentenciado a muerte puede continuar recurriendo ante tribunales federales.

PUBLICIDAD

Hasan no está solo. Actualmente hay otros tres hombres en el corredor de la muerte militar estadounidense, todos recluidos en la Prisión Disciplinaria de Estados Unidos en Fort Leavenworth, Kansas.

Los otros tres son Ronald A. Gray, Hasan K. Akbar y Timothy B. Hennis.

El último militar estadounidense ejecutado fue el soldado John A. Bennett, ahorcado en Fort Leavenworth el 13 de abril de 1961, después de ser condenado por la violación y asesinato de una niña de 11 años en Austria. Desde entonces, el Ejército no ha llevado a cabo ninguna ejecución.

Si la sentencia de Hasan se ejecuta, se convertiría en la primera ejecución militar estadounidense en 65 años.

Esta foto sin fecha, proporcionada por el Departamento del Sheriff del Condado de Bell, muestra al expsiquiatra del Ejército, el Mayor Nidal Hasan.
Esta foto sin fecha, proporcionada por el Departamento del Sheriff del Condado de Bell, muestra al expsiquiatra del Ejército, el Mayor Nidal Hasan.
Imagen Uncredited/Bell County Sheriff's Department

Ronald Gray: una cadena de violaciones, robos y asesinatos cerca de Fort Bragg

La historia de Ronald A. Gray comenzó a finales de 1986, cuando era especialista del Ejército y estaba destinado en Fort Bragg, Carolina del Norte, como integrante de la 82nd Airborne Division. En diciembre de ese año y enero de 1987, Gray fue relacionado con una serie de ataques contra mujeres en el área de Fayetteville y Fort Bragg.

El primer caso ocurrió el 15 de diciembre de 1986, cuando la soldado Laura Lee Vickery-Clay, de 18 años, desapareció de Fort Bragg. Testigos la habían visto ese día con un hombre que posteriormente fue identificado como Gray. Su automóvil apareció al día siguiente cerca de su domicilio, después de haber sido conducido por una zona boscosa. En el vehículo se encontraron huellas que correspondían a Gray.

PUBLICIDAD

El cuerpo de Vickery-Clay fue localizado semanas después, el 17 de enero de 1987, en una zona boscosa de Fort Bragg. La investigación estableció que había sido violada y sometida a agresión sexual y que recibió varios disparos mientras aún estaba viva; además de golpes en distintas partes del cuerpo. El arma utilizada en el homicidio había sido robada previamente y fue encontrada cerca del cuerpo.

Pero el caso no terminó ahí. El 3 de enero de 1987, Gray entró en la habitación de la soldado Mary Ann Lang Nameth con el pretexto de que necesitaba utilizar el baño. Una vez dentro, la sujetó, le colocó un cuchillo en el cuello y le exigió equipo militar. Después la violó y la apuñaló repetidamente en el cuello y el costado. Nameth sobrevivió con lesiones graves, entre ellas una herida en la tráquea y un pulmón colapsado o perforado.

Tres días después, el 6 de enero, Gray atacó a Kimberly Ann Ruggles, de 23 años, una conductora de taxi civil. Ruggles fue violada y asesinada; su cuerpo fue encontrado cerca del área de Fairlane Acres, una zona residencial próxima a Fort Bragg. La investigación encontró evidencia en su vehículo que vinculaba a Gray con el crimen.

La detención de Gray permitió además que Nameth identificara al hombre que la había atacado. Después de que los medios difundieran fotografías de Gray tras su arresto, la soldado reconoció su rostro y acudió a las autoridades.

En 1988, un tribunal militar lo declaró culpable de dos asesinatos premeditados, un intento de asesinato, tres violaciones, dos robos, dos cargos de sodomía forzada, allanamiento y robo de propiedad, entre otros delitos. Fue condenado a muerte, expulsado deshonrosamente del Ejército, reducido al rango de soldado raso y despojado de sus pagos y prestaciones.

PUBLICIDAD

La sentencia de Gray llegó a estar muy cerca de ejecutarse. En julio de 2008, el presidente George W. Bush aprobó su ejecución, y el Ejército programó el procedimiento para diciembre de ese año mediante i nyección letal. Sin embargo, un juez federal suspendió la ejecución mientras continuaban los procedimientos de habeas corpus. Gray permanece desde entonces en el corredor de la muerte militar.

Gray es, además, el preso que lleva más tiempo en el corredor de la muerte militar estadounidense: 38 años. Su sentencia fue impuesta en 1988.

La historia de Ronald A. Gray comenzó a finales de 1986, cuando era especialista del Ejército y estaba destinado en Fort Bragg, Carolina del Norte, como integrante de la 82nd Airborne Division. En diciembre de ese año y enero de 1987, Gray fue relacionado con una serie de ataques contra mujeres en el área de Fayetteville y Fort Bragg.
La historia de Ronald A. Gray comenzó a finales de 1986, cuando era especialista del Ejército y estaba destinado en Fort Bragg, Carolina del Norte, como integrante de la 82nd Airborne Division. En diciembre de ese año y enero de 1987, Gray fue relacionado con una serie de ataques contra mujeres en el área de Fayetteville y Fort Bragg.
Imagen United States Army Corrections Command

Hasan Akbar: granadas contra soldados estadounidenses antes de la invasión de Irak

El caso de Hasan K. Akbar ocurrió a miles de kilómetros de Estados Unidos y en un momento particularmente delicado: las horas previas al inicio de la invasión de Irak en 2003.

Akbar era sargento del Ejército y pertenecía a la 1st Brigade, 101st Airborne Division, desplegada en Camp Pennsylvania, Kuwait, cerca de la frontera con Irak. Las tropas se encontraban en la zona preparándose para entrar en territorio iraquí como parte de la Operación Libertad Iraquí.

Durante la noche del 22 de marzo de 2003, Akbar estaba encargado de vigilar municiones. Cuando quedó solo, tomó siete granadas: cuatro de fragmentación M-67 y tres incendiarias M-14. Después tomó el chaleco antibalas de otro soldado y se dirigió hacia las tiendas de campaña donde dormían oficiales de la brigada.

Poco después de la 1:00 de la madrugada del 23 de marzo, Akbar apagó el generador que iluminaba el área y dejó el campamento prácticamente a oscuras. Entonces comenzó el ataque.

PUBLICIDAD

Lanzó una granada incendiaria y otra de fragmentación hacia una tienda donde dormían el comandante de la brigada, el coronel Frederick Hodges, el mayor Ken Romaine y el sargento mayor Bart Womack. Cuando Romaine salió de la tienda, Akbar le disparó con un rifle M-4 y lo hirió gravemente.

Después se dirigió hacia una segunda tienda, donde se encontraban varios oficiales y dos intérpretes. Lanzó dos granadas de fragmentación. Una de ellas provocó la muerte del mayor de la Fuerza Aérea Gregory L. Stone, quien sufrió decenas de heridas por esquirlas.

Akbar continuó hacia una tercera tienda, donde había más oficiales. Lanzó otra granada y, cuando el capitán Christopher Seifert salió al exterior, le disparó por la espalda a corta distancia. Seifert murió desangrado. En total, dos militares murieron y otros 14 resultaron heridos.

La respuesta fue inmediata. El mayor Kyle Warren, encargado de coordinar la seguridad del campamento, recibió información de que Akbar podía ser el responsable y salió a buscarlo. Cuando lo encontró, lo derribó y lo detuvo.

Los investigadores encontraron en poder de Akbar otra granada de fragmentación y dos incendiarias, además de tres recipientes vacíos de granadas. Las pruebas balísticas también vincularon su rifle con las balas que habían herido a otros militares y matado a Seifert.

La investigación también encontró evidencia de que el ataque había sido planeado. Akbar había escrito en un diario que, una vez en Irak, pretendía matar a varios de sus compañeros y había reflexionado sobre si debía matar a soldados estadounidenses o a musulmanes que combatieran del lado iraquí.

PUBLICIDAD

El motivo exacto fue objeto de discusión durante el proceso. Los fiscales sostuvieron que Akbar actuó en oposición a la guerra y preocupado por la posibilidad de que soldados estadounidenses mataran a musulmanes. La defensa, por su parte, argumentó que tenía problemas psiquiátricos y que su estado mental había influido en sus acciones. El tribunal militar, sin embargo, lo encontró culpable de dos asesinatos premeditados y tres intentos de asesinato premeditado.

En 2005, una corte marcial general lo condenó a muerte. La sentencia fue posteriormente revisada por los tribunales militares de apelación y continúa vigente. Akbar permanece en Fort Leavenworth.

En esta foto de archivo del lunes 25 de abril de 2005, el sargento Hasan Akbar es escoltado fuera del edificio del Cuerpo de Abogados Militares en Fort Bragg, Carolina del Norte, durante la fase de sentencia de su consejo de guerra. Akbar, condenado a muerte por asesinar a dos compañeros y herir a otros 14 en un ataque con granadas en Kuwait, presentará una apelación ante un tribunal militar el 18 de noviembre en Washington.
En esta foto de archivo del lunes 25 de abril de 2005, el sargento Hasan Akbar es escoltado fuera del edificio del Cuerpo de Abogados Militares en Fort Bragg, Carolina del Norte, durante la fase de sentencia de su consejo de guerra. Akbar, condenado a muerte por asesinar a dos compañeros y herir a otros 14 en un ataque con granadas en Kuwait, presentará una apelación ante un tribunal militar el 18 de noviembre en Washington.
Imagen Gerry Broome/AP

Timothy Hennis: tres asesinatos, una absolución y una segunda condena décadas después

El caso de Timothy B. Hennis es diferente a los otros dos porque su condena a muerte llegó después de una historia judicial que se extendió durante décadas y que incluyó una absolución.

En mayo de 1985, Hennis era un sargento del Ejército destinado en Fort Bragg, Carolina del Norte, donde trabajaba como paracaidista y especialista en mantenimiento de paracaídas. En esa época conoció a la familia de Gary y Kathryn Eastburn, que vivía en Fayetteville. El capitán Gary Eastburn, de la Fuerza Aérea, se encontraba fuera de la ciudad por motivos de servicio.

Los Eastburn habían publicado un a nuncio en un periódico relacionado con Fort Bragg para encontrar un nuevo hogar para su perro antes de mudarse a Inglaterra. Hennis acudió a la vivienda para conocer al animal.

PUBLICIDAD

El 12 de mayo de 1985, vecinos llamaron al sheriff porque llevaban varios días sin ver a Kathryn Eastburn ni a sus hijas, los periódicos se habían acumulado frente a la vivienda y desde el interior se escuchaba el l lanto de una niña.

Los agentes encontraron los cuerpos de Kathryn Eastburn y sus hijas Erin, de 5 años, y Kara, de 3, dentro de la casa. Las tres habían sido asesinadas con heridas de arma blanca. Una tercera hija, de 22 meses, fue localizada con vida en una cuna.

Hennis fue detenido y llevado ante la justicia de Carolina del Norte. En 1986, un jurado estatal lo declaró culpable y lo condenó a muerte por los tres asesinatos. Sin embargo, la Corte Suprema de Carolina del Norte anuló la condena y ordenó un nuevo juicio debido, entre otras cuestiones, a la manera en que se habían utilizado fotografías extremadamente gráficas de los cuerpos durante el primer proceso.

El segundo juicio terminó de manera completamente diferente: en 1989, Hennis fue absuelto. Después de su absolución regresó al Ejército, continuó su carrera militar, participó en la Guerra del Golfo y ascendió hasta retirarse honorablemente en 2004 con el rango de sargento mayor.

Pero el caso no había terminado. En 2006, nuevas técnicas de análisis de ADN permitieron examinar evidencia que había sido conservada desde el crimen. Los especialistas determinaron que el ADN encontrado en el cuerpo de Kathryn Eastburn coincidía con el de Hennis con una probabilidad estadística prácticamente absoluta.

PUBLICIDAD

Como Hennis había sido absuelto por un tribunal estatal, no podía ser juzgado nuevamente por el mismo estado. Sin embargo, el Ejército tenía una jurisdicción separada y lo llamó nuevamente al servicio activo para someterlo a una corte marcial.

El nuevo proceso comenzó en 2010 en Fort Bragg. La defensa sostuvo que el ADN demostraba una relación sexual, pero no demostraba que Hennis hubiera cometido los asesinatos. También señaló que otro perfil masculino había sido encontrado en evidencia correspondiente a las víctimas.

El argumento no convenció al tribunal militar. El 8 de abril de 2010, un panel de 14 integrantes de la corte marcial lo declaró unánimemente culpable de tres cargos de asesinato premeditado. Una semana después fue condenado a muerte, además de recibir una baja deshonrosa, la pérdida de sus pagos y prestaciones y la reducción al rango de soldado raso.

La sentencia fue posteriormente revisada por los tribunales militares de apelación. En 2020, el Tribunal de Apelaciones de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos confirmó la decisión de la Corte de Apelaciones Criminales del Ejército y rechazó los argumentos planteados por Hennis.

Así, el caso de Hennis terminó convirtiéndose en uno de los episodios más singulares de la justicia militar estadounidense: fue condenado a muerte por un tribunal estatal, consiguió que esa condena fuera anulada, fue absuelto en un segundo juicio y, años después, volvió a ser condenado a muerte por una corte marcial a partir de nueva evidencia de ADN.

PUBLICIDAD

Los cuatro hombres —Hasan, Gray, Akbar y Hennis— permanecen bajo custodia militar. La autorización presidencial para ejecutar a Hasan abre ahora un proceso que podría significar la primera ejecución de un sentenciado militar estadounidense desde John A. Bennett, en 1961.

Pero mientras la fecha de Hasan aún está pendiente y los recursos legales continúan, los otros tres siguen esperando en Fort Leavenworth el desenlace de sus respectivas sentencias a muerte.

El caso de Timothy B. Hennis es diferente a los otros dos porque su condena a muerte llegó después de una historia judicial que se extendió durante décadas y que incluyó una absolución.
El caso de Timothy B. Hennis es diferente a los otros dos porque su condena a muerte llegó después de una historia judicial que se extendió durante décadas y que incluyó una absolución.
Imagen Death Penalty Information Center (DPIC)