En Santa María de Jesús, en Sevilla, viven en clausura una comunidad de
30 religiosas, incluyendo seis mexicanas. Nunca salen a la calle, y pasan su vida detrás de los muros. Se trata de
un lugar fundado en 1520 y de los pocos de su tipo en el mundo; en los últimos años ha sido dirigido por
monjas mexicanas.