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Adriana villamarín, que ha sido testigo de un estremecedor proceso de reconciliación. Y solo espero que usted, en algún momento de su vida así ya yo, no esté presente o ya no esté, me pueda perdonar por haberle quitado la vida a su mamá.
Doña blanca. Además, soy la madre de marino.
Tenía 50 años cuando la asesinaron estos hombres, hoy confesos. De todo corazón le pido perdón, señor marino.
Cuando una persona le pide a uno perdón lo mínimo. Que uno puede hacer es perdonarlo.
Señor edgar, yo lo he perdonado. Y acto seguido marino le extendió la mano.
Quiero estrechar su mano. Sé que fue la misma mano que asesinó a mi madre, pero que dios lo perdone.
Su perdón fue aún más allá. También quisiera estrechar la mano del teniente rosero, que fue el hombre que dio la orden de asesinar a mi madre.
También lo he perdonado. Y sé que dios lo perdonará.
Gracias. El militar contó que él le disparó y mi madre cayó al suelo herida.
Al parecer, dijo ay, mis hijos, mis hijos. Y dice que él se acercó y terminó de matarla.
Le dio otros disparos más. Marino asegura que lo perdonó porque el asesino le contó del infierno que vivía en su cabeza.
Él decía que en las noches veía los rostros de los muertos. Veía.
Soñaba con las personas rogándole que no los mataran, porque esas personas eran amarradas y les disparaban. Los asesinos confesaron que mataron a decenas de inocentes, a quienes hicieron pasar por guerrilleros para obtener privilegios.
Ellos le le colocan un un camuflado militar o de policía y junto a otro vecino que también lo llevaban allí amarrado. En el momento que llevaron a mi madre, los asesina.
Los asesinatos se registraron durante el gobierno de álvaro uribe, cuando la alta jerarquía del ejército les ofrecía a los soldados un premio por cada supuesta baja que causara, dándoles cinco días de descanso, comida especial y acceso a fiestas con prostitutas. Es que hubo una enorme presión por resultados, lo que llaman el body count, que también pasó en vietnam, donde lo único que importaba eran los muertos y muertos y más muertos, y se estableció una especie de competencia entre las unidades militares.
El coronel juan carlos barrera era el máximo comandante del destacamento en la zona de cocorná, en donde ocurrieron estos crímenes. Pidió perdón por 97 muertos.
Sin embargo, ninguno de estos asesinos pagó más de ocho años de prisión porque se acogieron a la jurisdicción especial para la la guerrilla de las farc. Magistrado un hombre confiesa 90 homicidios y le dan apenas ocho años de cárcel.
Cómo puede haber justicia en otros países? Hubiera significado tal vez una cadena perpetua e incluso una pena de muerte.
Una persona en la cárcel, 50 años? Y cuántas cadenas perpetuas encima que no hace absolutamente nada porque finalmente estar en la cárcel tampoco sanar las heridas.
Entonces , buscar un modelo donde sí haya un castigo, porque es una amnistía, pero que se obtenga la verdad. Tras los ocho años de cárcel se les ordena estar a disposición del aparato judicial las 24 horas del día.
Están condenados a trabajar para las víctimas, están condenados a buscar a los desaparecidos. Están condenados a reconstruir lo que destruyeron.
Fueron 6402 personas las que fueron asesinadas por los militares en un escándalo de horror conocido como los falsos positivos. La estrategia criminal fue descubierta por las madres de 16 desaparecidos en el pueblo de soacha, muy cerca de bogotá.
Se siente uno como como acorralado. Gloria martínez encontró a su hijo en una fosa común en la frontera con venezuela.
Los fusilaron para después ponerles el uniforme, solo pie. Ella miró a los ojos a los asesinos durante una de las audiencias de la justicia para la paz.
Y cuando yo lo vi cerca, él quiso acomodarme, un abrazo, cogerme la mano y yo no, no fui capaz. En una cosa están de acuerdo las víctimas y es que ese proceso de perdón solo puede ser viable si le precede un trabajo espiritual que sobrepasa el entendimiento humano.
De parte de mi abuela y de parte mía, como muestra de nuestro perdón real y sincero, queremos brindarle un abrazo si lo permite y si lo desea. Le perdonamos.
Y hay momentos en que hay que llorar, pero ese, ese lloro también es un proceso de sanación. Es como poder, es como poder cerrar ese capítulo.
Muy impresionante. Esas jornadas de perdón son obligatorias en el sistema llamado verdad para la paz.