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Narcotráfico

Cadáveres y riquezas: el paso mortal del fentanilo de México a las calles de Nueva York

Las autopistas interestatales son las arterias de la nación... y se han convertido en la principal vía para que los cárteles mexicanos transporten grandes cantidades de fentanilo, la droga mortal que ahora fluye en las calles de Nueva York.
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26 Feb 2020 – 12:54 PM EST

En un domingo frío y ventoso de diciembre, docenas de camiones semirremolques pasaban por el letrero que dice "Bienvenido a Nueva Jersey," hacia la ciudad más poblada del país: Nueva York. Sin que sus conductores lo supieran, agentes federales estaban siguiendo el paso de un camión en particular.

La caza estaba por llegar a su fin.

A los investigadores no les importaba los contenidos del camión, que bien podría cargar lechuga, aguacates o algún otro producto del sur de California como suele ser el caso. Ellos más bien buscaban la carga secreta: 29 kilogramos de ladrillos en polvo y una bolsa de casi 30,000 pastillas, todas de fentanilo. Había suficiente para matar a millones de personas por sobredosis accidental.

Los camioneros luego fueron identificados por las autoridades como Mario Alberto Ramos y Carlos Alberto Ramírez. Iban camino a Kearny, un suburbio de Nueva Jersey en las afueras de la ciudad de Nueva York. Los investigadores observaban mientras se aparcaban en el estacionamiento de una tienda Walmart Supercenter, donde la torre del One World Trade Center apenas se podía ver a la distancia.

Lo que sucedió después fue descrito en una declaración jurada de un agente de la DEA revisada por Univision 41 Investiga.

Cuando un SUV se detuvo, Ramírez supuestamente le entregó al otro hombre una bolsa roja llena de drogas. Luego una camioneta se estacionó cerca, y Ramos se deslizó en el vehículo más pequeño para entregar una bolsa gris supuestamente llena de píldoras. Los cuatro fueron arrestados, y los agentes incautaron 100,000 dólares en efectivo en el camión grande.

Así terminó el viaje de dos días del semirremolque que vino desde California, donde siguió una ruta de narcotráfico que se ha convertido en la principal vía del cártel de Sinaloa para traer el fentanilo ilegalmente a la ciudad de Nueva York.


Durante años, la DEA ha estado usando espionaje telefónico y localizadores GPS para combatir este negocio, que rápidamente se está convirtiendo en uno de los más lucrativos del narcotráfico. Documentos de la corte federal revisados por Univision 41 Investiga detallan docenas de operaciones, que muestran este último capítulo de la guerra contra las drogas. Los datos dejan claro que el método principal de distribución - envíos de fentanilo puro por correo directo desde China- ha sido superado por envíos en transporte por carretera desde México, de fentanilo impuro.

"Me mantiene despierto por las noches", dijo Ray Donovan, el agente especial a cargo de la DEA en Nueva York. "Hay 300,000 camiones [viajando] en la carretera en cualquier momento, y poder concentrarnos en ellos, encontrarlos, localizarlos, rastrearlos... siempre es un reto para nosotros".

Según los documentos de la corte, la mejor manera de dar con esta red de narcotráfico es mediante espionaje electrónico o por medio de informantes dentro de los cárteles. La trayectoria de Donovan en la DEA le da cierta ventaja sobre sus adversarios. En su última función, fue jefe de sección de la División de Operaciones Especiales de la DEA (SOD, por sus siglas en inglés), una unidad altamente secreta de la agencia que comparte información de inteligencia extremadamente sensible sobre organizaciones narcoterroristas. Donovan era el jefe de la SOD cuando lideró el operativo que atrapó a Joaquín "El Chapo" Guzmán, el narcotraficante más poderoso en la historia.

La ciudad de Nueva York sigue siendo el epicentro de distribución de heroína y fentanilo en el noreste, explicó Donovan durante una entrevista el mes pasado. Los cárteles de Sinaloa, Jalisco y Nueva Generación, que tienen la mayor presencia en la ciudad, encuentran amplias oportunidades porque muchos camiones terminan sus entregas en el Hunts Point Terminal Market en el Bronx, una zona de 113 acres que sirve como el mercado de productos en mayoreo más grande del mundo.

"No pueden simplemente conducir un tractor-remolque vacío por el país. Tienen que tener una carga [que sirva] como fachada. Y aquí hay productos del sur de California que vienen directamente al Bronx", dijo Donovan. "Incluso si son detenidos por la policía estatal... hay toneladas de algún otro producto en este camión, y la policía no tiene la capacidad de sacarlo todo para buscar drogas".

Una vez que el producto llega desde México, usualmente es recogido por traficantes dominicanos en el Alto Manhattan y El Bronx. Pero, según las cifras de muertes de la ciudad, grandes cantidades de fentanilo llegan hasta Queens, Brooklyn y Staten Island. En total, 868 personas murieron de una sobredosis de fentanilo en la ciudad de Nueva York en 2018, aproximadamente la mitad de las muertes por envenenamiento involuntario fueron causadas por drogas registradas por el Departamento de Salud de la Ciudad.



El viaje

Documentos de la corte y nuestras entrevistas con los investigadores muestran que el negocio ilegal de fentanilo comenzó en China, de ahí se deriva su nombre callejero “China Blanca”. Grandes laboratorios llenos de químicos capacitados producen los precursores químicos -algo así como los ingredientes- que forman la droga, incluyendo la 4-anilino-N-fenetil-4-piperidina (4-ANPP) y la N-fenetil-4-piperidinona (NPP). Esos productos químicos se envían a los laboratorios de los carteles en México, donde se procesan para hacer fentanilo.

La droga se separa en paquetes de un kilogramo, y los narcotraficantes meten cinco o más en un solo coche, y luego envían una docena o más de vehículos cargando el producto a la frontera. El éxito es casi garantizado para los narcos. Los paquetes que salen de Tijuana hacia San Diego pasan por la garita de San Ysidro, que el gobierno de EE.UU. considera el cruce fronterizo terrestre más concurrido del hemisferio occidental. Unas pocas docenas de coches con fentanilo escondido desaparecen fácilmente entre los 70,000 vehículos que viajan al norte cada día. A los cárteles les da igual si unos pocos son atrapados en el trayecto.

"Anticipan la pérdida de varios de esos coches. Es parte del modelo de negocio", dijo Donovan.

El cártel luego reúne varios cargamentos en una casa segura, típicamente cerca del lado estadounidense de la frontera. Se sabe que Sinaloa, por ejemplo, lo trasladó al norte, a Los Ángeles, donde tiene una "fortaleza". Los miembros del cártel encuentran a un camionero de una compañía legítima que está dispuesto a correr el riesgo, y los paquetes de fentanilo se introducen en la carga, se esconden en un eje o se colocan en la cabina del conductor.

"Consiguen una carga de fachada -productos o lo que sea que venga en el próximo viaje a Nueva Jersey o Nueva York- y luego la esconden dentro de un remolque de tractor en una trampa o simplemente la ponen dentro de la misma mercancía", dijo Donovan.



La caza

A veces, los cargamentos son rastreados cuidadosamente y decomisados a tiempo. En febrero del año pasado, la DEA interceptó un cargamento mientras pasaba por Chicago en dirección al Bronx. Investigadores encontraron 23 kg de fentanilo en un tractor-remolque que transportaba coches. Pertenecía al cártel de Sinaloa, según la DEA. Si la droga hubiera seguido la ruta planeada, hubiese terminado con un sello que dice "PRICELESS" (una marca local) y se habría vendido a consumidores en los William McKinley Houses en El Bronx, donde la investigación había comenzado casi dos años antes.

Pero otras veces, los envíos son decomisados casi por suerte. En 2018, Dominic Falascino ––un policía de narcóticos en Pittsburgh–– estaba trabajando en la madrugada en una zona rural del estado cuando vio un coche estacionado cerca de un tractor-remolque en una gasolinera, según su declaración jurada del incidente. Le pareció sospechoso, así que lo reportó. Cuando la policía estatal de Pensilvania detuvo el coche, dijeron haber encontrado 55 kg de metanfetamina cristalina y 5 kg de cocaína. Esa misma tarde, el tractor-remolque fue detenido en Nueva Jersey. Uno de los dos hombres que estaba a bordo del camión, Joselito Colindres, luego se declaró culpable de ser "un participante menor" en el transporte de 10 kg de heroína y 4 kg de fentanilo.

La mayoría de las operaciones de la DEA que fueron examinadas por Univision 41 Investiga involucran a camiones que fueron detenidos al final de su viaje. Su destino es la ciudad de Nueva York, pero los camioneros a menudo se detienen en puntos de todo Nueva Jersey para evitar sospecha. Uno de los sitios más frecuentados por estos camioneros es el Vince Lombardi Park & Ride and Travel Plaza, una concurrida parada para camioneros sobre el New Jersey Turnpike.

Casos así abundan. En marzo de 2019, agentes de la DEA que habían perseguido un camión que venía de California esperaron hasta que observaron una entrega de droga en una parada de descanso (‘rest stop’) en Bloomsbury, Nueva Jersey antes de llevar a cabo los arrestos. Los agentes afirmaron haber encontrado 13 kg de fentanilo en el refrigerador de la cabina del camión de Luis Aponte. (Más tarde se declaró culpable de transportar fentanilo, heroína y cocaína).

Se cree que las grandes empresas de transporte no saben nada de los llamados "conductores sucios".

"Pero las pequeñas compañías... lo saben", dijo Donovan.

En estas empresas, los despachadores están en constante contacto con sus conductores mientras se dirigen a las estaciones de pesaje por todo el país. Si un conductor llega unos minutos tarde, recibe una llamada. Si desaparecen, algo pasa.

Hay veces que sin querer estas pequeñas empresas se ven metidas en el tráfico de fentanilo. George Sukkarieh dijo que se sorprendió hace tres años cuando recibió una llamada telefónica diciéndole que dos de sus camiones fueron incautados por la policía. Estaba furioso al saber que un par de conductores, David Arzu y Edgar Álvarez, fueron arrestados por transportar la droga. Le costó casi 70,000 dólares recuperar sus tractores-remolques que fueron incautados, sin contar el negocio que perdió de su pequeña empresa, que opera en una oficina en el segundo piso de Staten Island.


Esos dos conductores, condenados más tarde en un tribunal del Estado de Nueva York, eran miembros menores de una red local de distribución de drogas, la última fase en la línea de entrega del fentanilo.

Según la Fiscalía del Bronx, los conductores entregaban cargamento para una organización de narcotraficantes que producía su fentanilo en Honduras. El jefe de la operación local era Jason Álvarez, un dominicano que mantenía amplio contacto con un jefe aún no identificado en México. Su caso también muestra que tanto están involucradas las entidades chinas en el negocio del fentanilo. Alvarez pasó tres semanas en China a finales de 2016 con su novia en un lujoso hotel Four Seasons, según los investigadores. Afirman que estaba formando vínculos directos con los productores de fentanilo de la región. Univision 41 Investiga fueron los únicos ciudadanos presentes en la sala del tribunal del Bronx el mes pasado cuando la fiscal Christine Scaccia reveló detalles sobre ese viaje. Scaccia se declaró culpable el 4 de febrero, con la condición de que sólo recibiría una sentencia de 10 años por un crimen por el cual pudo haber sido condenado a décadas en prisión.


El abogado de Scaccia logró que el juez prohibiera a Univision 41 Investiga tomar su foto por temor a que incitara represalias. Scaccia dijo al juez James McCarty que la última vez que la foto de Álvarez salió en el periódico, unos atacantes desconocidos irrumpieron en la casa de su madre en Connecticut, donde la ataron y la amenazaron.



La droga

Cuando el fentanilo llega a organizaciones locales como éstas en Nueva York, normalmente se presenta en dos formas. Una parte se mantiene en polvo, para que los narcotraficantes locales puedan "cortarla" y mezclarla con otras drogas como la cocaína o la heroína. Esto aumenta el efecto y hace que los clientes se vuelvan más adictos. Es imposible para los consumidores conocer el contenido real la droga. Esta mezcla secreta aumenta aumenta el peligro de sobredosis. Los expertos en salud señalan que muchas veces una persona puede tener una sobredosis fatal consumiendo sólo 2 miligramos de fentanilo, aproximadamente el equivalente a cuatro granos de azúcar. Esa cantidad pequeña es suficiente para inundar el tallo cerebral de una persona, enganchandose a sus receptores opiáceos y engañando al cuerpo para que reduzca la velocidad y la profundidad de su respiración hasta provocar la muerte.

Esa potencia hace que el fentanilo sea tan fatal. Pequeños cambios en la mezcla pueden traer consecuencias devastadoras, y los usuarios nunca saben cuánto hay en una dosis. Un policía de un pueblo pequeño en Connecticut detuvo un camión en la ruta estatal 34 en diciembre de 2016 ––gracias a información proveída por un informante de la DEA–– y encontró 25 bolsas de polvo selladas que contenían un 8% de fentanilo, aproximadamente el doble de la potencia que normalmente se ve en la calle.

Pero en los últimos meses, agentes federales están viendo cada vez más una segunda forma de fentanilo: píldoras que deliberadamente están mal etiquetadas y se hacen pasar por medicinas como Oxicodona, Xanax o Vicodin.



Los cárteles pueden lucrar inmensamente vendiendo píldoras que parecen legítimas, especialmente a personas adictas a los analgésicos recetados que no quieren experimentar con drogas inyectables como la heroína.

"Quieren ampliar su clientela", dijo Donovan. "Pero esto es más peligroso. Están engañando a los clientes, que a menudo pensarán que esto parece salido de un laboratorio... con algún tipo de control de calidad."


El pasado mes de febrero, unos informantes en El Bronx alertaron al FBI cuando un traficante local empezó a vender pequeñas píldoras de fentanilo azul etiquetadas como "Oxy 30", según el testimonio jurado de un agente del FBI. El narcotraficante las llamó "botones". Los informantes compraron más de 3,000 píldoras con fentanilo durante varios meses a un traficante local y a su socio, quienes afirmaron estar afiliados al cártel de Sinaloa. Uno de ellos, Rubén "Venegas" Amado, fue arrestado durante una operación encubierta el 22 de noviembre al norte de Claremont Park en el Bronx. Cuando la policía se acercó al coche donde Amado supuestamente estaba haciendo un trato, Amado salió corriendo hacia el crepúsculo, según el relato del agente del FBI. Amado sólo llegó a la mitad de la cuadra antes de ser atrapado.

Unas horas más tarde, los agentes llegaron al apartamento de Amado con una orden de registro aprobada por un juez de Manhattan y ahí dijeron haber encontrado metanfetamina, píldoras de fentanilo y bolsas de fentanilo en polvo.



El dinero

Es bien sabido que la adicción a los analgésicos ha creado un enorme mercado para el fentanilo en los Estados Unidos. Para los narcotraficantes es muy atractiva, ya que también les permite obtener mayores ganancias. El más mínimo trozo de fentanilo tiene un efecto más poderoso que otras drogas, y al ser sintética, es más fácil de producir grandes cantidades de la droga. Muchas veces las autoridades incautan 100,000 dólares con sólo unos pocos kilos.

"Es un negocio extremadamente lucrativo", dijo Andrés Torres, un empleado en la Oficina del Fiscal Especial de Narcóticos de Nueva York. "Y el precio puede aumentar dramáticamente cuando se vende en la calle. Es un negocio que genera millones y millones de dólares".


Según los investigadores, los cárteles pueden vender un kilo de fentanilo en 40,000 y hasta 80,000 dólares. Pero en la calle, ese kilogramo puede producir hasta 16 millones de dólares de producto para menudistas locales. Una cantidad de fentanilo de un solo uso, típicamente vendida en bolsas lisas y brillantes llamadas "glassines", cuesta entre 8 y 30 dólares, según los investigadores. Cada píldora de Oxicodona falsa cuesta más o menos lo mismo.

Para diferenciarse, los comerciantes locales marcan los glassines con nombres llamativos como "Arma letal", "Gatillo feliz" y "Oración por la muerte".

Sorprendentemente, la DEA en Nueva York ha visto un fuerte descenso en la cantidad de fentanilo incautado en 2019 - sólo la mitad de los 600 kg de lo que decomisó el año anterior. Pero para Donovan, esto es motivo para celebrar, ya que no hay indicación que las entregas de fentanilo hayan disminuido realmente. El precio en la calle se mantiene relativamente estable, y la demanda de opiáceos ilegales sólo ha aumentado. Por ejemplo, la DEA aquí incautó la misma cantidad de heroína - aproximadamente una tonelada métrica - en 2018 y 2019, dijo.



Las víctimas

El número de sobredosis fatales de fentanilo aumentó un 4% entre 2017 y 2018, según los datos más recientes disponibles del Departamento de Salud de Nueva York. El condado más afectado fue el Bronx, donde el número de muertes aumentó de 200 a 255. Pero el fentanilo está matando a más personas en los cinco condados que hace unos años.

"Nuestra ciudad, nuestro estado, nuestro condado se ve afectado por una abrumadora epidemia de opiáceos", dijo Bridget G. Brennan, que ha dirigido el fiscal especial de narcóticos de la ciudad desde 1998. Dijo que ha dado instrucciones a sus fiscales para que "se centren en las personas que venden las drogas que están matando a la gente".

Su oficina, ubicada en la Plaza Foley en el Bajo Manhattan, está decorada con fichas conmemorativas de sus colegas en todo el mundo. Evocan épocas en las que la cocaína crack y la MDMA dominaban la ciudad. Pero el fentanilo presenta un desafío muy diferente. Nunca ha habido una droga tan letal que se haya introducido en tantos otraas drogas ilegales. Sus consumidores juegan a sabiendas con la muerte, y algunos vendedores creen que una sobredosis mortal de vez en cuando, aumenta su popularidad.



Univision 41 Investiga estuvo en la corte el pasado diciembre, cuando uno de los fiscales de Brennan alegó que un presunto narcotraficante del Alto Manhattan, José "Cataño" Jorge, debería ser mantenido en la cárcel hasta su juicio en parte debido a su insensibilidad. Los policías afirman haberlo grabado en secreto describiendo en detalle cómo le gustaba mezclar fentanilo con heroína - y riéndose de la noticia de que había causado la muerte de alguien.

"Él... explicó que las sobredosis son en realidad buenas para su negocio porque entonces todo el mundo quiere lo que él está vendiendo,” dice una carta presentada a la corte por Nancy Frigo, una asistente del fiscal de distrito.

La investigación que puso a Cataño detrás de las rejas comenzó cuando un cliente murió de una sobredosis en un restaurante del Upper East Side. Su distribuidor también murió, según los fiscales. Los investigadores terminaron arrestando al padre del traficante acusado, Edward Wagner, un ex policía de la policía de Nueva York que supuestamente trabajó con Cataño y con media docena de narcotraficantes. Uno de ellos, José Feliciano, se declaró culpable el mes pasado y comenzó su condena de cuatro años en una prisión del norte del estado. Los otros fueron liberados bajo la nueva ley de reforma de la fianza mientras esperan un posible juicio - algo que preocupa a Brennan, quien se preocupa de que vuelvan a venderle a adictos que conocen los riesgos pero lo hacen de todas formas.

"Quieren estar tan cerca de la muerte sin morir realmente", dijo Brennan.

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