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Poesía

Fina García Marruz: trabajar la palabra como un acto sagrado

“La alegría es solemne como el mar”, escribió Fina García Marruz. La poeta y ensayista cubana, de 97 años de edad, ha creado una obra en la que confluyen los misterios de la fe, el descubrimiento de la belleza cotidiana y la reflexión sobre el paso del tiempo.
9 Dic 2020 – 08:06 AM EST
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Fina García Marruz, de 97 años de edad, es una de las poetas más importantes de lengua española. También ha escrito libros de ensayos. Crédito: Manolovar/Wikicommons

Fina García Marruz es una creadora de versos luminosos. La escritora cubana, de 97 años de edad, es una de las poetas esenciales en lengua española. Sus versos y ensayos forman parte de un amplio camino construido con una mirada precisa y un amor a la palabra simple, pura, reveladora.

Publicó su primer libro en 1942, a los 19 años de edad. Formó parte de la revista Orígenes, dirigida por José Lezama Lima y José Rodríguez Feo entre 1944 y 1956. Formaban parte del grupo: su esposo Cintio Vitier, su cuñado Eliseo Diego -casado con su hermana Bella García Marruz-, y sus amigos Gastón Baquero, Lorenzo García Vega, Ángel Gaztelu, Julián Orbón, Agustín Pi, Virgilio Piñera, Justo Rodríguez Santos y Octavio Smith, entre otros creadores.

“Mi hermana Bella y yo admirábamos a Lezama desde jovencitas, pero nunca nos atrevimos a llegar a él. Le teníamos esa admiración secreta de la adolescencia, en que se descubren cosas que los demás no comparten”, revela García Marruz en un texto recogido en Poesía y poética del grupo Orígenes, un libro editado por la Biblioteca Ayacucho en Caracas en 1990 con prólogo del venezolano Alfredo Chacón.

La poeta ha vivido la mayor parte de su vida en Cuba, la isla sometida por el comunismo. Durante décadas fue subestimada por los mandamases de la cultura oficial, aunque pudo llevar una carrera como investigadora de la Biblioteca Nacional de La Habana. Su trabajo obtuvo reconocimiento oficial con el Premio Nacional de Literatura en 1990, dos años después de que se lo entregaran a su esposo Cintio Vitier.

La obra poética y ensayística de García Marruz ha sido publicada, leída y aplaudida internacionalmente. Ha sido galardonada con los premios Iberoamericano de poesía Pablo Neruda en 2007; premio Reina Sofía de Poesía, y Premio Federico García Lorca, ambos en 2011.

Garcia Marruz profesa la fe católica. En sus versos, la palabra es comunión, entrega y sabiduría. Su segundo libro, publicado en 1947, es el poemario Transfiguración de Jesús en el Monte.

“Con las espaldas del pastor huiste,
cuando volviste el rostro era la noche,
todo había cambiado y sin embargo
en la granja dormían tranquilas las ovejas.”

La escritora descubrió la poesía leyendo en la adolescencia a Juan Ramón Jiménez gracias a un regalo navideño hecho por su padre en 1936. Sus primeros libros fueron poemarios, pero también se ha dedicado al ensayo y la crítica literaria. Ha publicado varios estudios sobre la obra y vida de José Martí, algunos en coautoría con Cintio Vitier, quien murió en 2009.

“La intensa, avasalladora aura simbólica que emana de su verbo es la misma que podemos sentir en torno a un árbol o a una persona”, afirma Jorge Luis Arcos, autor del libro En torno a la obra poética de Fina García Marruz, publicado en Cuba en 1990.

El rescate de la memoria y la mirada que se sorprende ante el hallazgo de la belleza a su alrededor forman parte de las reflexiones de García Marruz. “Poeta es ese extraño cazador que sólo da en el blanco cuando el pájaro salta, libre. Poesía es incorporar, no destruir, tener la sospecha de que aquel que no es como nosotros tiene quizás un secreto de nuestro nombre”, escribió en un antología poética de sus poemas, editada por el Fondo de Cultura Económica de México en 2002.

Los textos bíblicos, los poemas de César Vallejo, los versos de Keats, las reflexiones de María Zambrano, los trazos de Rembrandt y el cine de Chaplin están reflejados en su obra. Todas estas imágenes unidas en una pasión por la palabra simple y esencial.

“Huésped me fue palabra misteriosa.
Huésped es el que viene de muy lejos,
de algún pueblo que nunca habremos visto.
Huésped es el que viene por la noche,
toca la aldaba de la puerta y todo
el umbral resplandece como nieve”.

Algunos de sus poemas

Si mis poemas…

Si mis poemas todos se perdiesen
la pequeña verdad que en ellos brilla
permanecería igual en alguna piedra gris
junto al agua, o en una verde yerba.

Si los poemas todos se perdiesen
el fuego seguiría nombrándolos sin fin
limpios de toda escoria, y la eterna poesía
volvería bramando, otra vez, con las albas.

Cine mudo

No es que le falte
el sonido,

es que tiene
el silencio.

De cómo el tiempo devoró un poema

Trepó como una hormiga sobre dos preposiciones.
Mascó como un león donde decía palomas.
Desmoronó un pedazo de adjetivo.
Bailó la futileza de la estrofa inicial.
No se tomó el trabajo de destruirlo todo.
Los fragmentos comenzaron a bostezar.
Alguno destelló su poco, hay que decirlo.
Dejó sin nada al lado a la palabra muerte.


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