La
sequía en Texas mantiene en alerta a autoridades y residentes, con más de 18 millones de personas en zonas afectadas. Los bajos niveles en
presas y lagos han llevado a restricciones en el uso de agua y a evaluar medidas como plantas desalinizadoras. El impacto alcanza a sectores urbanos y agrícolas, en un escenario que podría agravar el suministro si no se registran lluvias en el corto plazo.
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