Los venezolanos ya no van a Florida. Desde 2018, la inmigración venezolana ha ido trazando un nuevo mapa, esta vez hacia Utah

Un análisis detalla que un millón de venezolanos fueron admitidos en Estados Unidos tras cruzar la frontera con México durante una oleada migratoria sin precedentes, y muchos prefirieron evitar Miami y otros tradicionales bastiones de inmigrantes en favor de localidades más pequeñas y con comunidades menos establecidas, como el área metropolitana de Salt Lake City en Utah.

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Montañas cubiertas de nieve que rodean un valle de avenidas amplias y fluidas recuerdan a los venezolanos recién llegados que los crecientes suburbios al sur de Salt Lake City ofrecen lo que Miami no puede.

Un millón de venezolanos fueron admitidos en Estados Unidos tras cruzar la frontera con México durante una oleada migratoria sin precedentes, y muchos prefirieron evitar Miami y otros tradicionales bastiones de inmigrantes en favor de localidades más pequeñas y con comunidades menos establecidas, según reveló un análisis exclusivo de la agencia Associated Press sobre datos federales entre el otoño de 2018 y el verano de 2025.

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Estas ciudades y pueblos prometían mejores empleos, viviendas más asequibles, menos tráfico y una mayor calidad de vida, superando el atractivo de Florida con su clima tropical y la facilidad de desenvolverse únicamente en español.

Enrique Vera, de 32 años, cruzó la frontera por Yuma, Arizona, en 2021 y viajó a Miami para establecerse con su madre, quien llevaba seis años allí. Sin embargo, encontró la vida en Florida insostenible, según comentó a AP: «el trabajo, las condiciones, los salarios bajos».

Menos de dos semanas después, Vera y su madre aceptaron la invitación de un primo para mudarse a Utah. En los suburbios del sur, repletos de enormes complejos residenciales nuevos e impecables centros comerciales, Vera comenzó trabajando en una fábrica, pero pronto renunció para convertir lo que era un pasatiempo —hornear para sus compañeros de trabajo— en su propio negocio. En la actualidad emplea a 15 personas —muchas de ellas solicitantes de asilo, al igual que él— distribuidas entre un almacén y dos panaderías.

Utah —reconocido como un estado relativamente hospitalario para los inmigrantes a pesar de sus marcadas raíces republicanas y su respaldo al presidente Donald Trump— se convirtió en uno de los principales destinos para los venezolanos que cruzaban la frontera, junto con sectores de las áreas metropolitanas de Chicago, Denver, Atlanta, Dallas y Houston, indican los datos de AP. Los venezolanos también se dirigieron a ciudades más pequeñas como Madison (Wisconsin), Albuquerque (Nuevo México) y Savannah (Georgia).

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Se trata de un patrón observable en todo el país: algunos cubanos descartaron Florida para radicarse en Louisville (Kentucky) y Odessa (Texas); los colombianos optaron por las zonas metropolitanas de Boston y Denver; y Paterson (Nueva Jersey) fue el destino predilecto de los peruanos.

Los venezolanos sobresalen por la magnitud de sus cifras. Alrededor de 8 millones de personas —una cuarta parte de la población del país— han huido desde 2014, muchas de ellas rumbo a Estados Unidos. De acuerdo con los datos recabados por AP, cerca de 30,000 de los 1 millón de venezolanos admitidos en el país declararon que se dirigían directamente a Utah.

Para los venezolanos en Utah, la campaña de deportaciones de Trump ha sembrado un temor generalizado

A pesar de la creciente población, apenas se aprecian banderas venezolanas, calcomanías en autos o muestras de patriotismo a lo largo de las concurridas arterias comerciales de Midvale, un suburbio histórico de unos 40,000 habitantes ubicado en el cruce de dos autopistas.

Las medidas de control migratorio impulsadas por el presidente Donald Trump infundieron temor y redujeron la visibilidad de la comunidad venezolana a partir de 2023, cuando las llegadas alcanzaron su punto máximo tanto en Utah como en todo el país. Prácticamente todos parecen conocer a alguien que optó por regresar voluntariamente a Venezuela por miedo a ser detenido y deportado, o tras perder su permiso de trabajo.

En mayo de 2025, Alberto Salcedo habilitó el estacionamiento de su iglesia, Centro de Apoyo Familiar, para la instalación de camiones de comida ( food trucks) venezolanos. El pastor evangélico, quien también solicita asilo, soñaba con crear un punto de encuentro dinámico para la comunidad inmigrante. Según relata, cada semana acudían casi 20 vendedores y unos 5,000 visitantes, con puestos que ofrecían empanadas, arepas e incluso hamburguesas y sushi. No obstante, la actividad cayó a unos cinco vendedores y apenas unos cientos de personas. El temor a la deportación es palpable, asegura.

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El boca a boca y las recomendaciones familiares llevaron a muchos a Utah

Carlos Trujillo, un abogado de 42 años especializado en casos migratorios, clasifica a los inmigrantes venezolanos en tres grupos: aquellos atraídos por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días; quienes llegaron para reunirse con familiares o amigos; y los que arribaron sin conocer a nadie. Ha escuchado reiteradamente frases como: «Este es un lugar donde puedo traer a mi familia y empezar de cero».

Muchos de los inmigrantes venezolanos trabajan en el sector gastronómico, ya sea en restaurantes o vendiendo comida casera. Algunos señalaron con orgullo que un Walmart de la zona ya comercializa harina especial para preparar arepas.

Otros transitan por empleos de baja remuneración: construcción, salones de manicura, bodegas y plantas manufactureras.

Gonzalo Rodríguez, de 39 años, se desempeñó como obrero, carpintero y administrador de oficina antes de asumir la gerencia general de Fillerup Employment Services, una firma del sector de la construcción. Recuerda que la empresa contaba con alrededor de 25 venezolanos dentro de su plantilla de 300 trabajadores cuando él llegó en 2020. Para 2022, la cifra había ascendido a 165.

Algunos se preguntan: ¿se está enfriando la buena voluntad hacia los inmigrantes en Utah?

En las elecciones de 2024, Trump —junto con su discurso de mano dura en materia migratoria— se impuso en Utah por una ventaja de 22 puntos. Ese mismo año, Carlos Moreno, quien obtuvo asilo tras huir de Venezuela en 2009, fue electo para integrar el Concejo del Condado de Salt Lake.

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La reputación del estado como una entidad abierta a la inmigración tiene su origen en el Utah Compact, un acuerdo firmado en 2010 por cientos de gobiernos locales, empresarios y líderes cívicos que respalda «reformas migratorias con sentido común que fortalezcan nuestra economía y atraigan talento e inversiones».

Sin embargo, Trujillo, el abogado de inmigración, señala que la hospitalidad se fue debilitando durante el incremento migratorio de la administración Biden, y algunos dirigentes políticos que antes eran aliados se volvieron más reservados en sus declaraciones públicas.

El gobernador Spencer Cox catalogó a la organización criminal venezolana Tren de Aragua como «una amenaza creciente en Utah» en 2024, si bien han sido escasos los delitos graves vinculados formalmente a ese grupo dentro del estado.

Muchos continúan a la espera de una resolución en sus procesos de asilo

En 2023, a varios solicitantes de asilo se les notificó que debían esperar hasta 10 años para su primera comparecencia, aunque el gobierno ha implementado medidas para acelerar el rezago procesal. Con todo, cerca de 500,000 venezolanos mantienen trámites pendientes ante los tribunales de inmigración, la cifra más alta para cualquier nacionalidad.

Loreana Pachano, quien pasó gran parte de su niñez en Miami, acumula 10 años aguardando una entrevista de asilo. Aunque sentía una impaciencia creciente, ahora se pregunta si no le resultaría más favorable que su caso permanezca abierto hasta que concluya el mandato de Trump.

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«Se siente como construir sobre arenas movedizas. Intentamos forjarnos un futuro aquí, tanto para nosotros como para nuestras hijas», comenta Pachano, quien se dedica a la remodelación y reventa de viviendas, además de administrar empresas de transporte y construcción junto a su esposo mientras crían a sus hijas de 3 y 7 años.

«¿Seguiremos aquí cuando alcancemos la edad de jubilación? No lo sabemos. Nunca sabes en qué momento te moverán el piso».