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Accidente de tráfico

La 'sargenta' urbana, una mujer que pasó de sufrir acoso a ser un referente para su comunidad

La hondureña Kassandra Rubio se impone con autoridad cada mañana al tráfico en un peligroso cruce de South Gate, en California, una labor que le ha valido la admiración de sus vecinos
5 Nov 2016 – 9:55 PM EDT

LOS ÁNGELES, California.- Kassandra Rubio se detiene con autoridad en medio de una de las calles más transitadas en la ciudad de South Gate, California, y levanta un cartel rojo con la palabra ‘Stop’. Para asegurarse que los conductores han notado su presencia, ella hace sonar un silbato un par de veces.

Rubio es una guardia peatonal que desde el primer día que fue asignada a la esquina del bulevar Tweety y la avenida San Miguel, hace diez años, se comprometió a evitar atropellos. Esa marca sigue en pie.

“Siempre me digo: ‘Nunca va a pasar nada mientras yo esté aquí’”, comenta quien emigró de Honduras a la edad de tres años. “Yo pito mucho porque eso despierta a los choferes, es para que sepan que mientras yo esté aquí ellos van a respetar”, continúa.

Por esa determinación le apodan ‘la sargento’. Así le agradecen que cuide el paso de los niños que van a una primaria. Su escudo rojo los protege de lunes a viernes, a la hora de entrada y de salida del plantel.


“Cuando voy a comenzar el día yo me pongo a pensar: ‘Mi trabajo es importante, es muy serio’. Y debo de tener mucha precaución por mi vida y la de la gente que yo cruzo aquí”, continúa Rubio, de 31 años.

Protectora de niños

Con un chaleco de color encendido y una gorra roja, Rubio está alerta desde que empieza su turno. Mira hacia todos lados esperando a que se acerquen los peatones. Anticipando su camino, ella presiona el botón que les cederá el paso y aguarda a que se encienda la señal con la figura del caminante.

El color del semáforo va cambiando. Verde, amarillo, rojo. Luego se otorga el paso a los transeúntes y Rubio trota a su encuentro con su cartel de ‘Stop’ sostenido con la mano derecha, levantando el brazo izquierda con la mano abierta y silbando. “¡Okey!”, dice sin quitar el silbato de su boca.

En medio de la calle, su cuerpo forma una equis. Observa hacia un lado y otro. Su postura es de autoridad, pero en su rostro se dibuja una sonrisa. Responde a los ‘buenos días’ y ‘gracias’ que le van diciendo sin soltar el silbato. Y va acompañando a los que cruzan cubriéndoles con su cuerpo. La cuenta regresiva se observa en la señal: cinco, cuatro, tres, dos, uno… Llegan a la banqueta.

De inmediato toca el turno a quienes esperan al otro lado de la calle que confluye. Hay que repetir la operación sin parar durante 60 minutos. Dan las 08:00 horas y Rubio está empapada de sudor, pero contenta.

“Todos me dicen que me quieren mucho, que les gusta como trabajo, que siempre ando con una sonrisa y que me dedico mucho a mi trabajo”, menciona esta mujer que ha recibido dos reconocimientos por su labor, uno de parte de la alcaldía de South Gate, y otro de su empleador, All City Management Services (ACMS), que sirve a distintas ciudades del sureste del condado de Los Ángeles.

Lo curioso es que Rubio necesitó de alguien como ella cuando cursaba la preparatoria en la ciudad de Downey. Ella cuenta que no hubo quién la protegiera de los acosadores dentro y fuera del plantel. No aguantó las burlas y abandonó sus estudios en el grado once, en el año 2004.

“En la preparatoria me hacían mucho bullying, me tiraban lápices; las niñas y los niños me empujaban”, relata con un dejo de tristeza. Doce años después, ya con la seguridad y el cariño recibidos en la esquina que supervisa, retomó sus estudios. Su plan es graduarse de la preparatoria y estudiar la carrera de mecánico automotriz. “Sé que voy a salir adelante”, confía.


La comunidad le agradece

Eva Briseño, una abuela que acompaña a su nieta a la escuela y se beneficia del empeño de Rubio, no se detiene en elogios para describirla. “Es perfectísima, buena persona, le decimos: ‘Nunca se nos vaya a ir’. Ella es muy responsable”, expresa la originaria del estado de Jalisco.

Otra mujer, Acensión Figueroa, afirma que Rubio ha salvado vidas. “Ella está pendiente de la gente adulta y de los niños. Aquí es muy peligroso porque toda la gente anda a las carreras y por eso se ocupa mucho de su trabajo”, menciona.

El condado de Los Ángeles es considerado el más mortífero para peatones en Estados Unidos. Sólo en 2014, al menos 281 personas perdieron la vida cuando caminaban por las calles angelinas, una cifra casi tres veces superior a la registrada por el segundo y tercer condado con más peatones fallecidos, Maricopa (Arizona) y Harris (Texas) con 94 y 93 decesos, respectivamente.

De hecho, las vialidades que rodean a las escuelas en cualquier vecindario son aún más peligrosas.

Los vigilantes peatonales también corren riesgo y algunos incluso han muerto. Abel Castellanos, un guardia de 76 años que por mucho tiempo trabajó en un cruce en la ciudad de Monterey Park, murió luego de ser atropellado por un conductor que perdió el control de su vehículo a finales de enero de 2015. Aparentemente el responsable manejaba a exceso de velocidad.

Kassandra se ha llevado un par de sustos. “Me han querido atropellar”, cuenta.

A lo largo de una década, ella ha visto que los conductores que circulan por South Gate cada vez van más distraídos, al igual que los peatones. Los celulares inteligentes roban parte de su atención.

Este es el consejo que ella le envía a ambos grupos: “Anden siempre con los ojos abiertos”.

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