Dreamers

Joven hispana vende comida para pagar su universidad

Joven, indocumentada y con sueños de convertirse en una abogada para apoyar a los inmigrantes. Su nombre es Cristel Stefany Medina y trabaja día y noche para pagar su universidad y poder graduarse.
14 Ago 2016 – 5:07 PM EDT

LOS ÁNGELES, California.- Han pasado 17 años desde que Cristel Stefany Medina se prometió convertirse en una abogada para ayudar a la comunidad inmigrante y cada día está más cerca de cumplir un sueño para el que trabaja día y noche como asistente en dos burós de abogados y repartiendo los platillos que prepara su mamá en el área de West Lake.

A sus 9 años, recuerda la joven originaria de Honduras, debía presentarse a juicios de inmigración y su estancia en Estados Unidos pendía de un hilo. Aunque sabía que había cruzado ilegalmente, no entendía por qué querían separarla de su familia.


“A los meses de que mi hermano y yo llegamos a Estados Unidos nos giraron órdenes de deportación. Éramos unos niños y lo vi como algo injusto. Desde entonces pensé que yo cambiaría el sistema (...) Hay mucha necesidad por representación. Hay mucho miedo hasta para poner una denuncia a la policía. Por eso me esfuerzo, quiero ser la voz o el puente de comunicación de los inmigrantes”, sostuvo.

Sin embargo, su camino no ha sido sencillo. La falta de recursos económicos es el reto más grande para la joven de 26 años que, día y noche está trabajando o preparándose en la escuela de leyes.

Antes de aplicar a la universidad, Medina pensó que era “un sueño o una fantasía” creer que sería aceptada o que podría asistir a una escuela debido a que el costo al año es de 40,000 dólares.

Pero su familia le mostró que no había imposibles y empezaron a vender comida para recaudar fondos.

Una cuenta en GoFoundMe, sus dos trabajos en buffets de abogados y en algunas ocasiones chofer de Uber, se suman al esfuerzo de Medina para recaudar la suma anual por sus estudios.

“Hay fines de semana en los que quisiera descansar, pero veo que mi mamá se levanta a cocinar y mi padrastro y mi hermano me ayudan a repartir y sigo adelante. Ellos se esfuerzan por mí, tienen fe en que me voy a graduar”, dijo.


Tres meses de recorrido hasta Estados Unidos
En 1998, recuerda la joven, su madre emigró a Estados Unidos para buscar mejor vida y al año siguiente iniciaron los planes para viajar a este país en compañía de su hermano mayor.

Los hermanos tuvieron que intentarlo tres veces antes de poder cruzar la frontera y el último viaje, comentó, tardó tres meses.

La segunda ocasión el camión donde viajaba la joven de 9 años, su hermano de 10 años, una de sus tías de 15 años y la madrastra de su madre fue detenido en México y oficiales de inmigración los regresaron a Guatemala.

“Nos teníamos que hacer pasar por mexicanos. Recuerdo que los 'coyotes' nos enseñaron un verso final en la oración Padre Nuestro que dice: 'Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén', porque es algo que en la región de México que estábamos era muy común. Al descubrir que no éramos de ahí, dijimos que éramos de Guatemala para que no nos regresaran hasta Honduras”, dijo.

Medina y su familia pasó un mes en Guatemala antes de volver a intentar cruzar a Estados Unidos. En esa tercera ocasión, los inmigrantes hondureños pudieron atravesar México y llegar a la frontera, el camino seguía a pie.

“Estábamos por nuestra cuenta, los 'coyotes' decían que teníamos que caminar todos al paso, si no, nos quedábamos. Yo tenía 9 años y tenía que correr para seguir el paso. Duramos días sin comer, solo tomando agua y debíamos escondernos si veíamos a 'La Migra'. Lo único que pensaba era que mi mamá me estaba esperando”, declaró.

La primera vez que Cristel pisó el territorio estadounidense fue en julio de 1999. Pudo reunirse con su madre, quien para diciembre de ese año hizo planes para traer a su tercer hijo, de 2 años.

El menor viajaba compañado de 'coyotes' y en la frontera de Estados Unidos, cuando la madre de Medina estaba por recogerlo, llegaron oficiales de ICE y la arrestaron. Los intermediarios huyeron con el pequeño de 2 años.

Los problemas no acabaron ahí, los 'coyotes' extorsionaron a la familia con 10,000 dólares a cambio del menor. De lo contrario, moriría.

Los agentes de ICE, al conocer la historia, llegaron a un acuerdo con la madre de familia y le tendieron una trampa a los 'coyotes' con apoyo del FBI para arrestarlos y recuperar al menor.


“Ser indocumentada es parte de mí”
Han pasado ya 17 años desde que su familia se reunió en Estados Unidos por primera vez. Como indocumentada beneficiaria de DACA continúa con sus estudios, creo la asociación Sí se pudo Network para dar asesoría e información a inmigrantes que quieren estudiar.

“Ser indocumentada es parte de mí. Me da orgullo decir que lo soy y compartir mi historia porque hay muchos estudiantes indocumentados que tienen miedo y hay que demostrar que sí se puede y sí se ha podido”, refirió.

En un año, la joven podrá recibirse como abogada y alcanzar la primera de sus metas personales, pues también tiene pensado crear otra asociación sin fines de lucro más grande que Sí se pudo Network y tampoco descarta la política como una herramienta de lucha.

“No puedes hablar de pobreza si no la has vivido. Lo que he vivido son cosas que no se olvidan, los días que pasé sin comer o cómo crucé la frontera. Cuando entrevisto a niños inmigrantes en el trabajo (en un buffet de abogados) me veo a mí en ellos”, daclaró.

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