La esperanza poco a poco se esfuma mientras pasan las horas. A la espera de alguna información, los recuerdos de la última conversación o charlas a través de aplicaciones surgen mientras el mensaje de texto sigue sin llegar, la llamada cae directamente al buzón y la actualización frenética de las redes sociales en busca de sus nombres en las listas de personas localizadas se convierte en una rutina interminable.
Páginas web y mensajes de texto: las únicas armas de los venezolanos en el exterior para saber si sus familias están a salvo
A la distancia, venezolanos que dejaron el país en la búsqueda de una mejor vida padecen el colapso informativo y estructural del país al no existir canales de información para localizar a familiares o amigos que siguen ausentes mientras las labores de búsqueda continúan entre los escombros
Mientras transcurre el tiempo, la realidad se fragmenta en una cronología de angustia para familiares y amigos que habitan en el extranjero y están en la búsqueda de padres, hijos, hermanos o amigos desaparecidos tras los dos sismos de 7.2 y 7.5 grados que azotaron la zona central de Venezuela durante la tarde del pasado 24 de junio.
Si para los residentes de las zonas dañadas es difícil encontrar a sus seres queridos por la falta de información y el colapso estructural del país, para las personas que salieron de Venezuela en la búsqueda de una mejor calidad de vida, es imposible saber de ellos.
Esta es la realidad que consume a Yenssi Alejandra, Johan, Jhonny Alejandro y Nathaly, habitantes de República Dominicana, Colombia, Brasil y Chile. Todos desconocen el paradero de sus familiares a más de 48 horas de los dos temblores que impactaron fuerte en La Guaira y la capital Caracas, y dejaron daños severos en Miranda, Aragua, Carabobo y Falcón.
Durante la mañana del 26 de junio, el secretario general adjunto de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas, Tom Fletcher, informó que más de 50,000 personas se encuentran desaparecidas por ambos sismos.
Madre e hijo: Lorena
y Luciano
Dos de las personas que siguen sin ser localizadas son: Lorena Priscila Ascanio González, de 33 años, y su pequeño hijo de tres años, Luciano. Ellos vivían en el cuarto piso del edificio Punta Piedra, ubicado en la parroquia de Macuto, estado de La Guaira.
La última vez que se comunicó con su familia fue instantes después de los dos sismos. En un breve mensaje grupal les dijo: “Sí, estamos, sí, sentimos, está pasando".
Al desconocer su paradero, su primo Jhonny Alejandro, residente en Chile, ha comenzado a subir fichas de búsqueda en redes sociales y mantener una comunicación constante con amigos y familiares para saber en dónde se encuentran.
“El mismo día del sismo logramos contactarlos y desde ahí nada. De hecho, hasta ahorita ella vivía en el piso cuatro”, comenta en entrevista con N+ Univisión.
Al paso de las horas, reconoce que el desconocimiento se ha convertido en una espera eterna que aumenta al tener las manos atadas por la distancia para buscarla entre los escombros del edificio.
“Es una incertidumbre desde fuera lo que estamos pasando; me imagino lo que están allá”, menciona.
Jhonny Alejandro mantiene la esperanza de que ambas se encuentren con vida y que pronto pueda comenzar de nuevo. Mientras llega ese mensaje o suena el teléfono con noticias sobre ellas, reconoce que lo único que puede hacer es orar y apoyar económicamente en lo que se requiera.
No sé nada de mi hija y mis nietas
Desde hace 10 años, Yenssi Alejandra dejó el país en la búsqueda de una mejor calidad de vida. La segunda oportunidad la encontró en República Dominicana. Al salir de la tierra que la vio nacer, dos de sus hijos se quedaron. Uno de ellos es Yenssi Alejandra Palacios, quien años después dio vida a las pequeñas Mariannis y Alejandra, las dos nietas a las que no ha podido ver desde hace 10 años.
La última vez que Yenssi charló con su hija y sus nietas, residentes en Caraballeda, La Guaira, fue hace una semana. Al enterarse de la devastación que dejaron ambos sismos, inmediatamente se comunicó con sus dos hijos. Uno de ellos le dijo que se encontraba bien y que se había integrado a las labores de rescate. Pero en el caso de su hija, no sabe nada de ella y sus nietas.
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"No tengo ningún tipo de información de ella. No sé nada de ella, ni ubicación, ni siquiera sé dónde se encontraba a la hora del terremoto", menciona mientras se le corta la voz.
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Al no poder regresar a Venezuela para buscar a su hija, menciona que la frustración y la angustia la están consumiendo poco a poco, al pasar las horas y no saber dónde pedir información sobre su paradero, ya que los canales de comunicación del gobierno son inexistentes.
La única opción que mantiene la esperanza es un familiar con el que ha estado en contacto para saber en qué puede ayudar o qué se necesita.
"Junto con mi esposo estamos viendo qué más podemos hacer para ayudar a encontrarlas. Esperamos que la falta de comunicación sea porque n o se han restablecido las líneas telefónicas. No sé qué más hacer, estoy desesperada y la condición que tengo no ayuda", narra Yenssi Alejandra.
La familia Sulbarán Martínez
Han pasado más de 48 horas de la última conversación entre Nataly y su hermana Yusbelin Martínez. Ella estaba hospedada en el hotel Oasis Beach de la zona costera de La Guaira junto con su esposo Luis Sulbarán y sus dos hijos: Ivanna y Camilo cuando se registraron los sismos. Nataly desconoce si ellos se encontraban en el piso 7 o 17.
Ese edificio quedó en ruinas, o sea, se vino todo al piso. Las últimas informaciones que tenemos son que todavía no han llegado rescatistas profesionales a mover escombros ni nada, si solamente son las personas allegadas que viven en Maracay o en Caracas que están tratando de mover escombros", narra Nataly, quien radica en Brasil.

La crisis se agudiza ante la falta de respuesta institucional. Hasta el momento no se ha contado con la intervención de rescatistas profesionales ni con la maquinaria pesada necesaria para mover toneladas de concreto de forma segura. La ausencia de autoridades estatales en el lugar ha dejado toda la responsabilidad sobre los hombros de voluntarios y familiares, quienes enfrentan un escenario donde el tiempo para encontrar a las personas con vida se agota rápidamente.
"Estamos metidos en grupos de WhatsApp de rescatistas informando dónde son los puntos donde hay más estragos por el terremoto para ver si se logra dar con el paradero. "Necesitamos que el gobierno saque la cara y ayude a los rescatistas en las labores", expresa.
Hasta el momento, Nataly se está apoyando en familiares que viven en Venezuela. Ellos se están trasladando a la zona para integrarse a las labores de búsqueda. Pero mientras eso sucede, pide a las autoridades hacer su trabajo y apoyo a la ciudadanía.
"Lo que hace falta son personas, maquinarias para poder mover los escombros y muchos y muchos insumos médicos para los que están heridos y por los que vienen, que podemos saber que si salen con vida también van a necesitarlos", expone.
El edificio OPPE-2
Los dos sismos registrados durante la tarde del 24 de junio de 2026 derrumbaron el edificio OPPE-27 ubicado en Tanaguarena, parroquia Caraballeda, estado La Guaira. En ese inmueble se encontraban Frankshezka Stefphanie Gamardo Camacho, su hijo Noha Daniel y Dossier Gamardo.
Al no saber nada de ellos, Johan, habitante de Colombia y amiga de Franks hezka, ha comenzado a subir fotos e información de ellos en las redes sociales con la esperanza de que alguien los pueda reconocer y les diga que se está tratando de comunicar con su amiga.

Johan reconoce que a la distancia es difícil poder hacer algo, pero no pierde la fe de recibir un mensaje o una llamada mientras espera.
La poca información que ha recibido es a través de un familiar de ella, quien le ha explicado la búsqueda que están realizando.
"Hasta donde tengo entendido, está complicada la comunicación. Yo estoy en contacto con la otra chica. "Por el momento no tengo pensado desplazarme para allá", menciona.
Aunque no ha recibido ninguna información, confía en que pronto mejore la situación de Venezuela y de cientos de personas que se encuentran destrozadas por las pérdidas materiales y humanas que hasta el momento aumentan conforme pasan las horas.





