HOUSTON, Texas- José Trinidad Rojas Pliego, uno de los tres testigos de la muerte del inmigrante Lorenzo Salgado Araujo a manos de ICE el 7 de julio en Houston, aseguró que sigue afectado por lo que vivió y que, tras recuperar su libertad, enfrenta problemas de salud, falta de ingresos y la incertidumbre de un proceso legal que continúa abierto.
"El trauma no se me quita" Testigo de la muerte de Lorenzo Salgado dice enfrentar problemas de salud, falta de ingresos e incertidumbre
“Para mí no es la misma”, dice José Trinidad Rojas Pliego al describir su nueva vida después de recuperar la libertad. El trabajador, testigo de la muerte de su patrón Lorenzo Salgado Araujo a manos de ICE, asegura que aún carga con el trauma, tiene problemas de salud, no puede trabajar y necesita apoyo económico.
" Para mí no es la misma vida. Me siento mal todavía. No puedo dormir. Todavía el trauma no se me quita. Duermo muy poco”, relató Rojas Pliego en entrevista con N+ Univision 45.
El trabajador de la construcción dijo que el 16 de septiembre compareció para rendir testimonio ante un gran jurado en las Oficinas del Fiscal de Distrito del condado de Harris, aunque evitó ahondar sobre el contenido de esa diligencia por motivos legales.
Confirmó que permaneció allí entre cuatro y seis horas.
“Me dijeron que no puedo dar más detalles sobre esto”, señaló. Añadió que deberá regresar para brindar nuevamente su testimonio: “ Tengo que ir otra vez, pero es todo”.
Recordar lo ocurrido durante esa comparecencia, dijo, fue particularmente difícil. “Sí, me sentí muy mal”, expresó.
Los problemas de salud que enfrenta José Trinidad Rojas
Rojas Pliego también relató que su estado físico cambió durante el tiempo que permaneció en un centro de detención. Según su testimonio, enfermó pocos días después de ingresar.
“Entrando ahí a ese centro, a los tres días me enfermé, porque todos, todos están enfermos”, afirmó. Explicó que primero tuvo dolor de estómago y después tos, síntomas que persistieron hasta su salida.
Aunque recibió medicamentos, consideró que la atención no fue suficiente para aliviarse: “ Sí nos daban medicamento, pero no era lo necesario. Yo quería inyecciones para que me curara”, contó. “Me daban pastillas, pero no me hacían”.
Sobre el contacto con los otros dos testigos de la muerte de Lorenzo
El hombre dijo que no ha tenido contacto con Daniel Tirado ni con Víctor, las otras personas a quienes identificó como compañeros de trabajo. Aclaró que existía amistad entre ellos, pero que su convivencia era limitada fuera de la jornada laboral.
“ Éramos amigos, pero casi no convivíamos. Éramos aparte, cada quien por su lado”, explicó José.
El habeas corpus y la apelación
Sobre su propio caso, Rojas Pliego dijo esperar que sus abogados logren resolver la situación legal que lo mantiene impedido de trabajar. “ Yo espero que mis abogados hagan su trabajo y me liberen de esto”, manifestó.
La imposibilidad de laborar ha agravado su situación económica. Rojas Pliego señaló que el dinero que recibió de su hija, Martisela Rojas, quien vive en Filadelfia, ya se terminó entre la renta, medicamentos y los gastos de su hogar.
“No puedo trabajar y todo lo que me ayudó mi muchacha ya se me acabó”, dijo. “ Ese dinero ya se me acabó en pagar renta, en mis medicamentos y las necesidades de la casa”.
Pidió respaldo económico para sobrellevar el momento: “ Lo único que pido es que nos apoyen económicamente”, expresó con nerviosismo durante la conversación.
La relación con Lorenzo Salgado Araujo
Rojas Pliego explicó que trabajó alrededor de 25 años con Lorenzo Salgado, a quien recordó como un empleador atento con los integrantes de su cuadrilla de construcción. Dijo que su labor consistía en levantar casas desde su estructura y que él se dedicaba principalmente a cortar materiales.
“Se le va a extrañar mucho porque también en el trabajo nos atendía bien”, afirmó al hablar de Salgado.
Según relató, durante las jornadas de calor, Salgado les llevaba agua con sal y limón para hidratarse, además de bebidas y fruta por las tardes.
“Nos traía también un Red Bull, después Gatorade a la tarde; después de las cuatro de la tarde para adelante nos traía una fruta, ya sea papaya, sandía, melón. Pero nos atendía bien. Era un buen patrón”, cuenta el hispano.
Rojas Pliego describió a Salgado como un hombre dedicado al trabajo y rechazó que fuera un delincuente.
“Claro que sí es una injusticia, porque mataron a un ser humano que no era delincuente; únicamente se dedicaba a trabajar, del trabajo a la casa, del trabajo a la casa”, sostuvo.
"Me siento prisionero"
Al hablar de su propia libertad, resumió el contraste entre estar nuevamente con su familia y las restricciones que enfrenta al no poder generar ingresos.
“ Me siento prisionero, pero bendito Dios que estoy con mi familia, que ya no estoy en ese centro; una feliz y otra triste, porque no puedo trabajar por el grillete electrónico que me colocaron”, dijo.
El testigo pidió que la comunidad y las organizaciones continúen acompañando a las personas afectadas por el caso: “ Que nos sigan apoyando a todos y a todas las organizaciones que nos están apoyando, que no nos dejen de apoyar”, expresó.







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