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Día de Los Muertos

“El Día de los Muertos es la oportunidad de recordar a los difuntos como los mexicanos saben hacerlo, con una gran fiesta”: Eduardo Merlo

La tradicional celebración del 'Día de Muertos', que inicia el 28 de octubre y termina el 2 de noviembre, representa para los mexicanos un momento de convivencia de los vivos con los muertos y no tanto una ceremonia luctuosa o una conmemoración religiosa como ocurre en otras culturas, según Eduardo Merlo, un arqueólogo experto en el tema.
29 Oct 2019 – 9:38 AM EDT

HOUSTON, Texas. - El 'Día de los Muertos' es la oportunidad de recordar a los a los difuntos y a los antepasados con una gran fiesta, señala el arqueólogo Eduardo Merlo, quien por casi cinco décadas fue el encargado de la sección de Arqueología del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Puebla.

“Los habitantes de la época prehispánica enseñaron a sus herederos -que somos nosotros- que había que recordar a los muertos y estar agradecidos con ellos por varias razones, primero porque a ellos les debemos la vida, si no hubieran existido ellos, no existiríamos nosotros. Segundo, nos enseñaron a cultivar la tierra y a sacarle provecho. Tercero, ellos mismo se volvieron abonos de la tierra al ser enterrados, entonces nosotros tenemos la obligación de agradecerles”, señaló.

El arqueólogo Merlo dijo a Univison 45 que lo que para muchas culturas representa una ceremonia luctuosa o una conmemoración religiosa, para los mexicanos significa la convivencia de los vivos con los muertos. Durante la conquista, los frailes intentaron eliminar la festividad porque iba en contra de la doctrina cristiana, pero no lo lograron.

Los actos de recordación de los difuntos empiezan el 28 de octubre y van hasta el 2 de noviembre, pero cada día tiene un significado diferente y especial.

“El primer día se le da importancia a los que murieron violentamente, en un accidente, atropellados, a los que no les tocaba, no estaban preparados para morir. El segundo día, se recuerda a los que murieron ahogados, de frío o alguna enfermedad que tenga que ver con un enfriamiento, ya sea pulmonía o neumonía, en este caso Tláloc, el dios de la lluvia escogía a sus consentidos y los mataba de esa forma para llevárselos a su casa, un paraíso extraordinario llamado Tlalocan”.

La fiesta continúa el 30 de octubre y toca el turno a los que murieron asesinados, en algunos altares se representa la forma como fallecieron.

Los niños tienen un festejo especial, pero no todos los menores regresan con sus familias.

“Llegan los niños no lactantes, los menores que lactaban no regresan nunca, ya que la fiesta es para comer y ellos no sabían comer. Ellos, de acuerdo con la tradición prehispánica, se van a un lugar a donde crece un árbol frondoso que en lugar de dar frutos, da senos con leche y ahí están ellos amamantándose. Los niños de tres años en adelante llegan y son recibidos con ofrendas de frutas, de dulces de color blanco para que estén contentos, disfrutando”, describe Merlo.

Finalmente, llega el festejo de los adultos, “ellos son recibidos en los pueblos con sahumerios con copal para que huelan el humo, con líneas con la flor que se llama cempasúchil que es amarilla y olorosa, ellos siguen esa línea y llegan a su casa a dónde están esperándolos sus familiares y les ofrecen la comida que le tienen preparada. Ahí están hasta el 2 de noviembre. La culminación es con el intercambio de ofrendas entre una familia y otra para estrechar la relación”, indicó.

El arqueólogo enfatiza que a diferencia de lo que se dice comúnmente, los elementos de las ofrendas no tienen significados especiales, lo importante es presentar la comida de forma bonita, con muchas flores de colores. La comida clásica es el mole con arroz, tortillas y pan de muerto.

“Aunque la fiesta de México ha traspasado fronteras, en otros países como Perú también tienen un festejo similar de las culturas de los Andes y Mesoamérica, se le ofrece comida a los muertos, aunque los elementos son distintos. En algunos países del sureste asiático también festejan a los muertos”, señala Merlo.

Para familias mexicanas como la de Celia María Deolarte poner el altar es una tradición, en su caso se trata de una ofrenda miniatura dedicada a sus abuelos y amigos cercanos que han fallecido. Con el paso de los años el altar ha sumado piezas y ahora cuenta con una gran colección.

“Es una tradición muy bonita, llena de color y a mi me gusta mucho ponerla, siempre tiene tortillas y tamales, le agrego taquitos, picadas y dulces, todo debe ser en miniatura, en platitos pequeños, además de las flores y las veladoras”, dijo Deolarte.

El antropólogo Merlo señala que la fiesta de los mexicanos es muy intensa y las calaveras forman parte importante, “son el mejor medio de comunicación que los mexicanos han tenido".


"Las catrinas aparecieron en el siglo XIX con las caricaturas del dibujante José Guadalupe Posada, en ese tiempo se llamaba la Garbancera, pero fue sublimada en una pintura de Diego Rivera que la llamo, La muerte catrina´ y de ahí se hizo el símbolo más famoso de la fiesta de muertos”, puntualizó Merlo.

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