El futuro del lobo gris y del lobo mexicano en Estados Unidos quedó sujeto a una nueva revisión del gobierno federal. A principios de septiembre de 2026, el presidente Donald Trump ordenó al Departamento del Interior evaluar si ambas especies deben conservar la protección que actualmente reciben bajo la Ley de Especies en Peligro de Extinción ( ESA).
El lobo mexicano no reconoce fronteras y ahora Donald Trump amenaza décadas de recuperación y abre la puerta para dispararles
N+ Univision habló con especialistas de México y Estados Unidos para conocer los alcances de la nueva orden ejecutiva del presidente estadounidense, las condiciones actuales de la especie y los desafíos que enfrentan los esfuerzos de conservación en ambos países.
La decisión no implica, por ahora, el retiro de esa protección. La orden presidencial abre un proceso de evaluación que deberá concluir en un plazo de tres meses, periodo en el que el secretario del Interior tendrá que determinar si las poblaciones de estos animales alcanzaron las condiciones necesarias para ser consideradas recuperadas conforme a la legislación estadounidense.
Detrás de la revisión hay también un conflicto entre la protección de la fauna y las actividades ganaderas. La medida plantea proporcionar a los rancheros herramientas para responder a situaciones en las que los lobos ataquen ganado o sean considerados una amenaza, incluida la posibilidad de recurrir a la eliminación letal de ejemplares.
El alcance de la orden, sin embargo, trasciende la discusión sobre qué ocurrirá con un animal que ataque al ganado. La evaluación puede definir el nivel de protección federal que tendrán dos especies cuya conservación ha requerido esfuerzos durante décadas. El tema también tiene una dimensión binacional.
La presencia del lobo mexicano vincula los esfuerzos de conservación de Estados Unidos y México, por lo que la decisión estadounidense plantea la necesidad de mantener mecanismos de coordinación entre ambos países. La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum ha señalado precisamente la importancia de esa cooperación para la protección de la fauna en la zona fronteriza.
Para conocer las implicaciones de este proceso en ambos países, N+ Univision habló con la doctora María del Carmen García Rivas, directora general de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas ( CONANP), órgano de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales ( SEMARNAT) del Gobierno de México; con el presidente del Instituto Mexicano de Fauna y con la curadora de lobos del International Wolf Center ( IWC) de Estados Unidos, Giselle Narváez Rivera.

De la desaparición a la recuperación
A principios de la década de 1970, el lobo mexicano (Canis lupus baileyi) fue erradicado de Estados Unidos y aproximadamente una década después se le consideró extinto en México. La pérdida de hábitat, las sequías, los incendios y la persecución vinculada con la actividad ganadera llevaron a la especie al borde de la desaparición.
Para la doctora García Rivas, el conflicto tiene una explicación histórica: “La ganadería se hace en los espacios que ocupaba el lobo y el lobo, pues al ser un depredador de manera natural, mata a los becerros o a las crías de ganado”.
En 1982, México y Estados Unidos establecieron el programa binacional para recuperar al lobo mexicano. México publicó en 2009 su Plan de Acción para la Conservación de la Especie (Canis lupus baileyi), conocido como PACE.
El plan fue actualizado en 2017 y estableció objetivos demográficos y genéticos para alcanzar una población viable y autosuficiente de al menos 320 lobos en Estados Unidos y 200 en México, con suficiente diversidad genética.
México aún tiene una población pequeña de lobos
México inició en 2011 la reintroducción del lobo mexicano en vida silvestre. En información proporcionada a N+ Univision, la CONANP dio a conocer que actualmente hay alrededor de 25 lobos grises mexicanos en vida silvestre en el país. Además, existen 107 ejemplares bajo cuidado profesional en 24 instituciones: 65 machos y 42 hembras. El último nacimiento bajo cuidado profesional ocurrió en abril de 2025.
Desde 2011 se han realizado 23 reintroducciones, con 80 ejemplares liberados en territorio mexicano, dentro y fuera de Áreas Naturales Protegidas. Entre 2024 y 2026 se registraron dos camadas silvestres, con cuatro cachorros.
La recuperación, sin embargo, no puede medirse únicamente por el número de animales.
Giselle Narváez Rivera, curadora de lobos del International Wolf Center, explica que la conservación considera tres elementos: representación, resiliencia y redundancia. Es decir, diversidad genética y ecológica, capacidad de una población para recuperarse ante cambios ambientales y existencia de varias poblaciones para reducir el riesgo de depender de un solo grupo.
“No son solamente números. Requiere mirar todo: el hábitat, cuáles son las condiciones, cuáles son las condiciones hasta de ese mismo año”, afirmó la especialista del IWC a N+ Univision.

Siete lobos que dieron origen a una población
La historia del lobo mexicano en Estados Unidos tiene además un problema genético. La población de recuperación se originó a partir de apenas siete individuos fundadores.
Por ello, además de aumentar el número de ejemplares, los programas de conservación buscan mantener y ampliar la diversidad genética mediante reproducción bajo cuidado profesional y técnicas como el cross-fostering, que consiste en colocar cachorros nacidos bajo cuidado humano en camadas silvestres de edad similar.
La estrategia busca reducir los efectos de la consanguinidad y fortalecer la población en libertad. “Puedes tener un gran número de individuos, pero estás en un riesgo si no hay cuidado con quién se está reproduciendo”, explicó Narváez.
Los lobos no reconocen la frontera
El intercambio entre las poblaciones de México y Estados Unidos es importante porque los animales se desplazan grandes distancias para encontrar pareja y establecer nuevos territorios. “No van a mirar la frontera. No están pendientes de que es México o Estados Unidos”, agregó la curadora de lobos.
La directora general de CONANP señala que este año una loba cruzó la frontera y posteriormente regresó a México, aunque todavía no existe información suficiente para determinar con qué frecuencia ocurre este intercambio.
La infraestructura fronteriza puede convertirse en una barrera para esos movimientos.“El muro ha sido una barrera para muchos animales. Entonces, pues hay que preocuparnos por esa infraestructura que no permita que haya este paso natural de los animales”, respondió García Rivas.
Narváez Rivera también relató el caso de un lobo que intentó desplazarse hacia México y, al encontrar una barrera, caminó junto a ella buscando una forma de cruzar hasta que finalmente regresó. “Las barreras políticas no significan nada para los animales”, dijo.
El conflicto con el ganado
La depredación de ganado fue uno de los principales factores que llevaron históricamente a la persecución del lobo. Pero la experiencia en Estados Unidos también ha mostrado que existen alternativas a la eliminación de ejemplares.
Narváez Rivera recuerda que entre aproximadamente 2005 y 2009 aumentaron los conflictos entre lobos y ganado en la zona de recuperación del lobo mexicano. La remoción de ejemplares comenzó a afectar los avances de la población.
A partir de esa experiencia se fortalecieron medidas preventivas. Entre ellas están los range riders, personas que vigilan al ganado y monitorean la presencia de lobos; el fladry, que utiliza líneas con banderines para disuadir a los animales, y la llamada alimentación de distracción, que consiste en proporcionar alimento a los lobos en sitios estratégicos para reducir su acercamiento al ganado, especialmente en zonas cercanas a las madrigueras y durante la crianza de cachorros.

También existen mecanismos de compensación por las pérdidas de ganado, que pueden ayudar a reducir el impacto económico para los productores. Estas medidas, explicó Narváez Rivera, contribuyeron a disminuir los conflictos y la cantidad de lobos removidos. Sin embargo, su efectividad depende de las condiciones de cada territorio. “No puedes resolver el problema con una solución para todo el mundo”, mencionó.
En México también se buscan alternativas preventivas. García Rivas explicó que la Dirección General de Vida Silvestre de la SEMARNAT trabaja en un proyecto que contempla el uso de repelentes para evitar que los lobos identifiquen al ganado como una presa.
La especialista del IWC añade que el ganado no constituye toda la dieta del lobo mexicano y, según la información que maneja, alrededor del 80% de su alimentación corresponde a alces, mientras que el resto puede incluir otros animales silvestres y domésticos.
Una recuperación que depende de dos países
México y Estados Unidos han mantenido mecanismos de cooperación para recuperar la especie. En junio de 2022, la CONANP firmó una Carta de Intención con el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos, el Arizona Game and Fish Department y el New Mexico Department of Game and Fish para fortalecer las acciones conjuntas.
Para García Rivas, involucrar a los ganaderos es indispensable. “Nos deja mucha esperanza para poder trabajar coordinadamente, no nada más los investigadores y manejadores de lobo, sino ya incorporar a los ganaderos en esta problemática para poder resolverla juntos”.
La conservación también contempla proteger y restaurar los ecosistemas donde vive la especie, así como mantener los corredores biológicos que permiten el movimiento de los animales. La recuperación de otras especies, como el bisonte y el perrito de las praderas, también contribuye a mantener las condiciones del hábitat del lobo mexicano.
El riesgo de retroceder
García Rivas advierte que una reducción de las poblaciones estadounidenses podría tener efectos en el conjunto de la especie, debido a la importancia del intercambio genético entre ambos países. “Nos preocuparía esa parte de pérdida de genética y nos preocuparía esa parte de pérdida de la superficie ocupada por esta especie”, expresó la doctora.
México cuenta con ejemplares bajo cuidado profesional que funcionan como una reserva genética y permiten continuar con programas reproductivos. Pero el objetivo de la conservación sigue siendo que los lobos puedan mantenerse y reproducirse en libertad.
Por eso, para la funcionaria, existe una preocupación que va más allá del número de ejemplares que eventualmente puedan ser eliminados. “El mensaje creo que es lo más preocupante”, expresó.
90 días para decidir sobre décadas de trabajo
La orden 14425 firmada por Donald Trump el 4 de septiembre de 2026 no elimina por sí misma las protecciones del lobo gris y del lobo mexicano. Abre una revisión que podría modificar su clasificación y las reglas para responder a conflictos con el ganado.
La decisión deberá tomarse en 90 días, pero la recuperación de estas especies es resultado de más de cuatro décadas de trabajo binacional.
Determinar si el lobo está realmente recuperado implica considerar mucho más que una cifra: su genética, su hábitat, la conexión entre poblaciones, su capacidad para enfrentar cambios ambientales y la relación con las comunidades que comparten su territorio.
El lobo mexicano logró regresar de una situación cercana a la desaparición. Ahora, su futuro vuelve a depender de decisiones que podrían definir si ese proceso continúa o retrocede. Como resume Narváez Rivera: “Es delicado, es un proceso delicado”.










