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Chicago

"Sentí que era el resto de mi vida": Hispana cuenta sobre su vida en prisión

Celia Colón cuenta cómo llegó a un edificio con pandillas en Chicago y cómo terminó encarcelada y lejos de su pequeña. Hoy, Celia Colón encabeza talleres de salud mental para mujeres encarceladas.
2 Oct 2019 – 03:21 PM EDT

CHICAGO, Illinois. – La primera vez que Celia Colón entró en la puerta de una prisión, ella tenía cuatro años, y estaba visitando a uno de sus tíos, quien estaba cumpliendo su condena.

Colón cuenta que su madre sufría de problemas de salud mental y que vio muchas cosas que no debería haber visto. No solo sufrió abuso físico, sino también abuso sexual en manos de los novios de su madre.

Cuando tenía 12 años, su madre fue golpeada por su novio con un rodillo. Y la había golpeado tanto que la dejó inconsciente y sangrienta en la sala de estar.

Colón levantó a su madre y la puso en su espalda. Salió por la puerta principal y la metió en la camioneta. Luego puso a todos sus hermanos y hermanas en el asiento trasero y se sentó en dos guías telefónicas amarillas y manejó por la autopista 75 y llegó a Chicago.

Los abuelos de Colón los ayudaron a conseguir un apartamento en el sur de Chicago. Era un edificio de tres pisos, y había alrededor de seis apartamentos en ese edificio. Era una unidad de pandillas. Todos los que estaban allí, que vivían en ese edificio, pertenecían a una pandilla.

“Las pandillas en aquel entonces, en los años 80 y 90, no eran como son ahora”, dice Colón. Se parecían más a una organización comunitaria”.

Entonces, todas las reuniones se llevaban a cabo en el garaje y pasaban el rato allí. Colón le contó a una de las chicas lo que había sucedido, de dónde venían, y lo qué estaba pasando. La chica le ayudó y la aceptó, cuenta Colón. “Me dieron de comer, me dieron ropa, me acompañaron a la escuela”.

Cuando Colón estaba en el séptimo y octavo grado, vestía de negro y dorado, los colores de la pandilla. Ella tenía acceso a armas de fuego, y drogas. “Fui a más funerales que a fiestas”, cuenta.

A los 16 años Colón se convirtió en madre. Y cuando tenía 18 años, se peleó con una de las madres del hijo de su primo. Colón y sus amigas la golpearon y ella terminó bastante lastimada. Colón fue condenada a 15 años por intento de asesinato. “Todo mi mundo había terminado porque no estaba con mi hija. Estaba llena de dolor, trauma y abuso”.

Su proceso de sanación comenzó en prisión. “Me uní a un programa que cambió mi vida para siempre”, cuenta Colón. “Fue un programa de hospicio. Me abrió, me enseñó sobre la empatía, me enseñó sobre el perdón”.

Cuando llegó a casa, Colón dice que se mantuvo concentrada. Pensó en todas las mujeres que había dejado atrás y que tenían una historia como la de ella o peor.

“Al final del día, todos los que van a prisión, el 92 por ciento de ellos volverán a casa y serán su vecino”, dice Colón. “¿Y cómo quieres que sean estas personas?”


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