Calles cubiertas de concreto, edificios reducidos a montañas de escombros, familias durmiendo en parques y vecinos excavando con sus propias manos. Ese es el panorama que enfrenta Caraballeda, en el estado de La Guaira, una de las localidades más afectadas por el doble terremoto que sacudió el norte de Venezuela el 24 de junio.
Caraballeda revive la pesadilla de Vargas: edificios colapsados, escombros y familias refugiadas tras el terremoto
Caraballeda intenta levantarse entre edificios colapsados y calles cubiertas de escombros
Los sismos, de magnitudes 7.2 y 7.5, provocaron el colapso de decenas de estructuras en esta ciudad costera, ubicada entre el mar Caribe y la Cordillera de la Costa. La cercanía del epicentro, la poca profundidad del movimiento y la vulnerabilidad de numerosas construcciones explican la magnitud de los daños.
En Caraballeda, las labores de rescate continúan entre edificios destruidos y estructuras con severos daños. Habitantes de la zona han denunciado que durante las primeras horas tras el sismo la ayuda fue insuficiente y que muchos sobrevivientes comenzaron la búsqueda de familiares atrapados utilizando palas, picos e incluso las manos, mientras esperaban la llegada de maquinaria pesada.

Uno de los puntos que se convirtió en refugio improvisado es un parque de la localidad, donde decenas de personas instalaron tiendas de campaña por temor a las réplicas. Ahí también operan brigadas de rescate y personal de ayuda humanitaria que distribuyen alimentos, agua y atención médica básica.

Las escenas han reavivado el recuerdo de la Tragedia de Vargas de 1999. Aunque aquella catástrofe fue ocasionada por deslaves y no por un terremoto, habitantes de Caraballeda aseguran que la devastación que hoy observan vuelve a marcar a una comunidad acostumbrada a reconstruirse después de los desastres naturales.
La emergencia también ha afectado los servicios básicos. Persisten interrupciones en el suministro eléctrico y las comunicaciones, mientras el puerto de La Guaira permanece cerrado para facilitar las operaciones de emergencia y parte de la infraestructura de transporte continúa bajo evaluación.

Las autoridades mantienen restringido el acceso a algunas zonas para facilitar las tareas de búsqueda, mientras equipos nacionales e internacionales trabajan contrarreloj para localizar sobrevivientes entre los edificios colapsados.
Sin embargo, para miles de habitantes de Caraballeda la prioridad ya no solo es el rescate, sino encontrar un lugar seguro donde pasar la noche y comenzar a reconstruir una ciudad que, una vez más, quedó marcada por la tragedia.







