El domingo 20 de septiembre de 2026 comenzó como una jornada de trabajo para Wilber Rafael Garcés Pérez. El joven venezolano de 28 años se encontraba en Austin, Texas, realizando entregas cuando su rutina se convirtió en una persecución y terminó con un disparo.
“¡Mamá, me está persiguiendo migración, me dio un tiro!”: la llamada de Wilber Garcés a su madre
La madre del joven reconstruyó, a partir de las llamadas que recibió durante el incidente, los momentos de angustia que siguieron al episodio y la búsqueda de información sobre el estado de su hijo.
Minutos después, su madre, Flor Pérez, recibió una llamada desde Estados Unidos. No alcanzó a escuchar una explicación detallada. Al otro lado del teléfono estaba su hijo, alterado, intentando contarle lo que estaba sucediendo.
“Él me llamó a la 1:40, hora de Venezuela. Él me gritaba: ¡Mamá, me está persiguiendo migración, me dio un tiro, mamá! Le chocaron su carro y entonces lo jalaban por un brazo; me colgó rapidito para llamar a la esposa y la esposa salió a verlo. Yo lo llamé otra vez y ya ahí le quitaron su celular porque él iba a llamar al 911 para que lo fueran a ayudar, y le quitaron su celular”, afirma.
El relato de Flor reconstruye los momentos posteriores a un tiroteo ocurrido poco antes de la una de la tarde en el norte de Austin, cerca de Research Boulevard y Anderson Square. El incidente se produjo después de una supuesta parada de tráfico y, según la madre, Wilber Garcés fue perseguido por agentes de inmigración.
Lo que siguió quedó registrado en una serie de llamadas interrumpidas, mientras el joven intentaba comunicarse con sus familiares.

Por la espalda: el ataque de un agente de ICE a Wilber Garcés
Wilber trabaja como repartidor de entregas. Ese domingo se encontraba cumpliendo con esa actividad y acababa de recoger un pedido cuando ocurrió el incidente.
La información que Flor recibió directamente de su hijo permite reconstruir algunos de los momentos que siguieron. Su vehículo fue impactado y, posteriormente, el joven fue sujetado de un brazo.
En medio de la situación, Wilber consiguió comunicarse con su esposa. Después, Flor volvió a intentar localizarlo. Fue entonces cuando descubrió que su hijo ya no tenía el teléfono.
De acuerdo con su relato, Wilber pretendía utilizarlo para llamar al 911 y solicitar ayuda, pero el aparato le fue retirado. La comunicación con su madre también permitió conocer la dimensión de las lesiones.
La preocupación de Flor aumentó cuando volvió a escuchar a su hijo. Wilber le dijo que sentía dolor y que había recibido un disparo. La propia familia no tenía claridad sobre el sitio exacto de la herida en esos primeros momentos.
“Me gritaba duro, que le dolía, que le habían dado un tiro por la espalda; no sabía si era en la espalda, en el brazo o dónde era que lo tenía. Él me llamó por videollamada para que yo viera lo que estaba pasando”.
La videollamada cambió la naturaleza de aquella comunicación. Ya no se trataba solamente de escuchar lo que Wilber describía: Flor pudo observar directamente parte de la situación que atravesaba su hijo.
Sin embargo, la información seguía siendo fragmentaria. La familia se encontraba lejos y no tenía todavía una ubicación hospitalaria confirmada.
Wiber estaba trabajando cuando el ICE le disparó
Mientras intentaba conocer qué había ocurrido con Wilber Garcés, Flor también buscaba dejar claro quién es su hijo fuera de las circunstancias de aquel domingo. Según su relato, el joven no tiene antecedentes criminales.
“Él trabaja de delivery; venía de buscar un delivery (cuando el ICE le disparó)... Mi hijo es un muchacho estudioso; él estudió en Venezuela el bachillerato y estudió la universidad, finanzas, en la bancaria…”.
La descripción de Flor contrasta con la gravedad del episodio que acababa de ocurrir. Para ella, Wilber es un joven que ha trabajado y estudiado, primero en Venezuela y posteriormente en Estados Unidos, donde se desempeña como repartidor.
Su jornada laboral, precisamente, fue el motivo por el que se encontraba en la calle cuando ocurrió el incidente.
¿Dónde está Wilber Garcés?
Con Wilber herido y sin comunicación directa con sus familiares, su esposa emprendió la búsqueda en Estados Unidos.
La mujer acudió a distintos hospitales para intentar localizarlo y conocer su condición. Según Flor, durante ese proceso no consiguió que le proporcionaran información suficiente sobre dónde se encontraba.
“Hasta ahorita la esposa ha estado buscando en hospital y hospital porque no le querían dar razón”.
La familia recibió finalmente un dato sobre su estado: le dijeron que se encontraba estable. Pero para Flor y para la esposa de Wilber Garcés, esa información no era suficiente, ya que nadie había podido verlo.
“Le dijeron que ella estaba estable, pero no lo dejaron verlo”, relató la madre.
La incertidumbre pasó entonces de lo ocurrido en la calle a lo que sucedía dentro de un hospital cuya ubicación, según la familia, todavía no estaba confirmada.
Para Flor, el episodio tiene dos momentos distintos. El primero fue el impacto de escuchar a su hijo pedir ayuda mientras estaba herido. El segundo comenzó después, cuando las llamadas terminaron y la familia tuvo que intentar localizarlo.
La preocupación ahora está concentrada en una petición concreta: conocer exactamente dónde está Wilber y poder comunicarse con él.
“Queremos saber exactamente dónde está y hablar con él para saber si él está bien”.
La última imagen que Flor tiene de aquel momento no proviene de un informe ni de una explicación posterior. Es la de su hijo al teléfono, herido, tratando de contarle lo que estaba sucediendo.
Y entre todas las preguntas que quedaron abiertas después del tiroteo, para su familia hay una que permanece por encima de las demás: saber si Wilber Garcés está bien.







