Corea del Norte

¿Fue el dictador de Corea del Norte el verdadero artífice de la muerte de su hermano con gas letal? El juicio ha empezado

En la primera audiencia del juicio que intenta resolver el enigma del que ha sido catalogado como uno de los grandes crímenes del siglo XXI, las dos mujeres apresadas por poner gas letal en la cara de Kim Jong Nam se declararon inocentes. La historia de estos dos hermanos está en realidad llena de motivaciones para que alguno de los dos terminara muerto.
8 Oct 2017 – 11:15 AM EDT

“Inocentes”. Así se declararon Siti Aisyah y Doan Thi Huong, las dos mujeres acusadas de asesinar a Kim Jong Nam, el hermano mayor del líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, con el gas letal VX en el aeropuerto de Malasia el pasado 13 de febrero.

Nadie pareció muy sorprendido con el clamor de inocencia que hicieron las mujeres de 25 y 28 años en la primera audiencia que se celebró esta semana del caso que intenta desentrañar quién mató a Jong Nam.

Desde que fueron apresadas las jovencitas, una de Vietnam y otra de Indonesia, le explicaron a la policía que ellas habían sido entrenadas para hacer parte de un reality show en el que una cámara escondida grababa cómo ellas le restregaban en la cara a diferentes personas un pañuelo con aceite para bebés. Lo habían practicado varias veces, incluso, una en el aeropuerto, antes de hacer el 'episodio' final ese día de febrero.

“Las primeras cuatro veces que los oficiales indonesios visitaron a Siti en la cárcel, ella parecía convencida de que estar ahí era aún parte de la broma”, dijo en su momento Andreano Erwin, el embajador de Indonesia en Malasia.

Nadie pareció muy sorprendido, además, porque desde el momento en el que se supo que aquel hombre de 45 años, de lentes y regordete que había muerto de camino al baño del aeropuerto en un intento desesperado por quitarse de encima un gas letal, era el hijo mayor del difunto dictador Kim Jong Il, todos los ojos apuntaron a un único y posible responsable: su medio hermano, el líder de Corea del Norte, el hombre que entre otros ya había ejecutado públicamente a su tío Jang Sung-Tak, en 2013.

¿Pero por qué el polémico Kim Jong-un iba a querer matar a su medio hermano mayor que vivía hacía años en el exilio y a quien él mismo le había ganado el lugar para reemplazar a su padre tras su muerte? Y si lo mató, ¿por qué no reconocer que lo había hecho?

“China estaba protegiendo a Kim Jong Nam que vivía desde hacía años en Macao, posiblemente como un potencial reemplazo si Kim Jong-un era derrocado. Kim Jong Nam también había hecho algunas críticas al gobierno norcoreano en los últimos años. Cualquiera de esas razones era suficiente para convertirlo en un objetivo de asesinato”, le dijo contundentemente a Univisión Denny Roy, analista y especialista en Corea del Norte del East-West Center.

En realidad, en los más recientes años, el hermano mayor de a Kim Jong-un sí se había vuelto una constante amenaza para él. Así lo explica el profesor experto en el servicio secreto de Corea del Norte, Nam sung-wook: “EEUU y China quedaron muy sorprendidos con las dos pruebas nucleares consecutivas que realizó el líder de Corea del Norte en 2016. Así que después de esos hechos, los agentes de inteligencia de ambos países empezaron a contactar con frecuencia a Jong Nam, quien parecía más moderado y accesible y quien, a la final, no solo era el hijo mayor de la dinastía sino el indicado para reemplazar a su hermano en caso de que fracasara en el poder”.

De hecho, en varios artículos de prensa en los que se registró el escandaloso asesinato, se habló de que en la maleta de Kim Jong Nam habían 120,000 dólares que había recibido ese mismo día de agentes de la CIA.


Pero más allá del escenario político y de quién terminó muerto en esta zaga que parece salida de la serie Juego de Tronos, era Kim Jong Nam, el mayor, el que tenía más motivos para no querer a su hermano.

De favorito a exiliado

Jong Nam fue el mayor de todos los hijos del dictador Kim Jong Il. En su infancia gozó de tener a su disposición más de 100 sirvientes y 500 guardaespaldas, y su padre en repetidas ocasiones le prometió su silla en el poder. Sin embargo, Kim Jong Il, un día cansado de su mujer Seong Hae-Lim, se consiguió una nueva compañera con la que tuvo dos hijos y a su primogénito decidió mandarlo a estudiar a una escuela en Ginebra.

Tras esta separación, los expertos se animan a decir que los dos hermanos nunca vivieron juntos “ en parte por una tradición de este país que hace que los posibles sucesores del trono no sean cercanos”, sentencia Roy.

“Después de vivir por mucho tiempo en Suiza y luego en Moscú, Kim Jong Nam nunca pareció terminarse de acomodar del todo al país socialista y a sus rígidas maneras cuando estuvo de vuelta. Su hermano menor, por el contrario, se había vuelto agresivo y competitivo, y sobre todo, el favorito de su padre para continuar con su legado tiránico”, explica el profesor Nam sung-wook.

Las cosas terminaron por complicarse para el primogénito cuando fue capturado en Japón por usar un pasaporte falso de República Dominicana, motivado por una razón que a los ojos de su padre fue fuente de desprestigio y deshonra: entrar con su hijo a Disneyland.

Entonces vino el exilio. Kim Jong Nam se fue a vivir a China. Luego tras la muerte de su padre fue su hermano menor el que asumió el cargo de líder del país y Kim Jong Nam pareció convertirse en blanco inmediato del régimen. Nam logró sobrevivir a dos intentos de asesinato en 2006 y 2012, pero al bien orquestado crimen del aeropuerto no.

“Aunque desde el principio Peyongyang haya negado cualquier responsabilidad con esta muerte, no es difícil leer que Kim Jong-un estaba realmente mandándole al mundo un claro mensaje con la despiadada muerte de su hermano: es mejor ni siquiera imaginar cómo seria una Corea del Norte sin Kim Jong-un”, concluye Nam sung-wook.

La defensa de las dos mujeres – que de ser encontradas culpables enfrentarían la pena de muerte– planean que el juicio se extienda hasta noviembre. Aún muchos elementos parecen no encajar, y Malasia, ya alguna vez ofendida por Corea del Norte, no va a dejar que quede impune este asesinato cometido en su territorio. Mientras tanto, Siti Aisyah y Doan Thi Huong seguirán asistiendo a los estrados con sus chalecos antibalas y con la convicción de que ellas solo eran parte de una broma.

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