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Serena Williams es tan exitosa como feminista que como tenista

Serena Williams no solo reivindica un pago igualitario para las mujeres, sino que desafía las curvas tradicionales de una jugadora de tenis y recuerda en la cancha (y en los videos de Beyoncé) el 'black power'.
12 Jul 2016 – 6:48 PM EDT

Serena Williams ha hecho más evidente, quizás que cualquier otra jugadora, que no importa cuantos méritos haga una deportista, (ganar 21 Gran Slams y 7 campeonatos Wimbledon, por ejemplo) siempre será su cuerpo y lo que pase con él el debate más relevante.

Que si su vestido es muy corto y se levanta, que si cada vez que le pega a la pelota con fuerza se le ven los pezones y el público no se puede concentrar en el juego como pasó recientemente en Wimbledon, que la cabeza de la federación rusa de tenis dice que no son las hermanas sino los “hermanos Williams”. Todos hablan de una sola cosa.


Serena ha confesado que desde niña tuvo mucha conciencia sobre su cuerpo porque no se suponía que las niñas deberían lucir tan atléticas. Pero con los años, la jugadora ha tenido que soportar que se hable del grosor de sus muslos, de sus curvas y hasta de sus brazos, como si los méritos hechos por ese cuerpo que opera en conjunto no fueran suficientes para dejarla de analizar como si de cortes de res se tratara.

Con su cuerpo, sus maneras y algo muy importante, su color, Serena ha capitalizado no solo los podios del tenis, sino que se ha convertido en un referente de la cultura popular y un emblema para las nuevas reivindicaciones de raza como las que está haciendo Beyoncé en sus videos en donde la tenista la acompaña en su trono.

Sin embargo, las cifras de Forbes siguen poniendo de manifiesto otra cruda verdad, y es que a pesar de sus múltiples triunfos, jugadoras blancas mediocres y quizás poco dignas de ser sus rivales la duplican en ingresos, no solo por estar mejor ranqueadas sino porque la publicidad las prefiere. En 2015, Serena hizo 13 millones de dólares en promoción mientras que, por ejemplo, María Sharapova hizo 23 millones.

Por eso, cada vez que ella gana un campeonato es una contundente demostración de que el mundo del tenis (y del deporte en general) está muy equivocado con sus estándares. Sus triunfos son pequeñas revoluciones.

Pero no suficiente con demostrarnos en cada abierto de tenis que se puede ser y lucir como ella y ser una verdadera estrella, Serena Williams ha querido hablarle a la mujeres de temas que parecen incómodos y que pocas deportistas quisieran abordar.

Habló con desparpajo de los tampones y se ligó con marcas de este tipo cuando nadie se atrevía a hacerlo, lo mismo hizo con la marca Berlei de brasieres de tallas grandes que patrocinó diciendo: “ahora puedo controlar todo lo que rebota a mi alrededor” y sobretodo habló, aunque los grandes señores del negocio del tenis se ofendieran, de la inequidad de los pagos en el deporte y exigió, como lo habían hecho las jugadoras del equipo nacional de fútbol de EEUU, un pago igualitario.


“Este deporte tiene mucho trabajo que hacer y espero poder ayudar ese cruzada, porque creo que las mujeres merecen un pago igualitario. Tener que decirle a mi hija que no importa que trabaje igual de duro y que haga el mismo esfuerzo que su hermano, ella va a ganar menos no me parece justo”, dijo a la revista Glamour. Solo unos días después se despertó todo un alboroto porque en el Twitter de la BBC Sports se puso, tras la semifinal de 48 minutos en la que triunfó Serena, “que aún así se atrevían a pedir pago igualitario para las mujeres”.

Así, como si se hubiera propuesto ser una de las abanderadas del nuevo feminismo, la tenista demuestra cada vez más compromiso por abrazar las causa de las mujeres y hacer que se hagan visibles cada vez que decide ganar una nueva copa.

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