¿Por qué lavamos los panties en la ducha? y otras cinco cosas que los hombres no entienden de las mujeres

Hay cosas que cuando una chica empieza vivir con un hombre es mejor intentar explicarle lo más pronto posible, aunque quizás ni él ni ninguno terminen de entenderlas del todo. Esta es una guía básica que si los hombres leyeran nos ahorraría muchos mal entendidos.
20 Ago 2016 – 7:37 PM EDT

1. Lavamos la ropa interior en la ducha

Ese paisaje particular que se repite en casi todos los baños de chicas que comparten apartamento y que, en ausencia de una zona amplia de lavandería, dejan siempre sobre la baranda metálica de la cortina del baño unos calzones estrujados de lo húmedos es algo que suele dejar un poco incautos a los hombres cuando, al pedir el baño prestado, deben someterse a presenciar semejante cuota de intimidad ajena.


Ellos nunca lavan sus calzoncillos en la ducha porque no se secarían nunca y porque quizás ningún intento de lavado a mano sería suficiente para despercudirlos, por eso no entienden que nosotras lo hagamos. Pero bastaría con decirles que solo así la delicada tela de encaje o algodón de nuestra ropa interior podría sobrevivir al uso y el abuso. Que además nos gusta usar un jabón especial que no es el mismo del resto de la ropa y que no le conviene a nuestra zona íntima dejar cucos por mucho tiempo sin lavar en la bolsa de la lavadora. Quizás y a ellos tampoco les convenga.

2. Siempre tenemos frío en la oficina

Mientras en las oficinas con los aires acondicionados las mujeres lloran de frío y se ponen ruanas encima, ellos se pasean campantes con camisetas de mangas cortas sin comprender por qué tanta alharaca femenina.

Esta incomprensión se debe a que el aire acondicionado de los grandes edificios suele estar ajustado usando una vieja fórmula de las tasas metabólicas de los hombres (de uno de 40 años y 70 kilos específicamente), unas cifras que son completamente diferente a las de las mujeres. El metabolismo de las mujeres es más lento, y por tanto necesitan ambientes más cálidos para mantener una temperatura estable. Quizás y es por eso que siempre nos metemos con los pies fríos a la cama en busca de ese calorcito que se emana naturalmente del cuerpo masculino que nos acompaña


3. Usamos gorro de baño

Gritar en la ducha para que el novio de turno se salga del baño y así prevenir el riesgo de que te vea mientras te duchas con el horrendo gorro de baño que resalta tus orejas salidas es por lo menos un gesto de supervivencia. Pero aunque la mayoría de mujeres sabe que esa puede ser su faceta menos halagadora del día, pocas están dispuestas a dejar de hacerlo.


Mientras para ellos parece indistinto mojarse el pelo o no, así no usen champú, para las mujeres el agua no solo acarrea una cantidad indecible de trabajo matutino, sino que además las obliga a ser testigos de algo que no quieren presenciar: cuanto pelo pierden. Por eso prefieren cada tantos días no dejar que el agua se asome por sus cabezas.

4. No encontramos nada pero seguimos cargando esa gran cartera (que pesa más que un bebé)

El tamaño de la cartera de una mujer no es necesariamente proporcional a su vanidad sino a la cantidad de cosas que tiene que sobrellevar en un día.

Dicho esto, la vida contemporánea ha sido muy generosa en proporcionarnos unos bolsos suficientemente grandes para poder llevar desde surtidas bolsas de maquillaje hasta chupos y juguetes. Y si los estudios dicen que en promedio las mujeres llevamos carteras que simulan el peso de un ladrillo o de un bebé sobre nuestros hombros es porque quizás esa sea la mejor metáfora del peso de nuestra propia vida.

Ellos que resuelven la mañana metiéndose la billetera y las llaves al bolsillo nunca entenderán que a fuerza de acostumbrarnos a la cartera, somos incapaces de salir ligeras de casa. No es una cartera es una caja de herramientas para sobrevivir.


5. No tenemos nada que ponernos (aunque el clóset esté a reventar)

Lo que los hombres no saben es que para las mujeres la moda no es solo una manera de vestir la desnudez del cuerpo, sino que es una sofisticada tecnología para inventar y reinventar nuestra vida cada día. Por eso, sin importar cuanta ropa haya en el clóset la evidencia de volver a usar ese vestido verde limón de corte sesentero que nos pusimos hace 15 días para una reunión en la oficina, es de alguna manera traicionarnos, copiarnos, no pasar el examen de innovación mañanera.


También es cierto que desde los años 60 los niveles de consumo de ropa se han multiplicado tanto que una mujer puede llegar a tener en su clóset un vestido distinto para usar cada uno de los días de un mes. Ese estándar altísimo hace que las mujeres se sientan también cada vez más obligadas a no repetirse.

6. Vamos juntas al baño


Es sencillo. Vamos juntas al baño porque el segurito metálico nunca funciona y necesitamos que alguien resguarde la puerta para que no nos la abran y nos vean en tan incómoda pose.

Porque como nunca hay papel necesitamos que alguien revise el baño de al lado y si es el caso nos pase un rollito de Kleenex por debajo de la puerta. Porque además como nunca hay donde poner el bolso, y en el tenemos la vida, no queremos arrastrarlo por los pisos inmundos de los baños públicos.

También quizás como un mecanismo heredado de protección que nos hace sentirnos más seguras en manada. Y, sin duda, porque queremos hablar de ustedes hombres con la excusa, de telenovela, de empolvarnos la nariz.


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