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Gays y Lesbianas

Prosperan en China las clínicas que ofrecen terapias de "conversión" para "curar" la homosexualidad

Las "terapias de conversión", que cuestan cerca de 3,000 dólares, siguen siendo aplicadas por numerosas clínicas psiquiátricas, a pesar de que desde 2011 la homosexualidad no es considerada una enfermedad mental en el país asiático.
19 Sep 2016 – 6:38 AM EDT

En China, desde 2011, la homosexualidad no es considerada una enfermedad mental. Desde entonces la aceptación de gays ha ido aumentando, pero también las clínicas que ofrecen terapias para "curarlos".

El caso de Yu Hu, un hombre de 32 años, es uno de tantos que han experimentado este tipo de "terapias de conversión", que los expertos consideran no científicas, ineficaces e, incluso, peligrosas.

Tras confesar a su mujer que era homosexual, Hu obtuvo rápidamente el divorcio. Luego su propia familia decidió ingresarlo a la fuerza en el hospital psiquiátrico, del que pudo salir después de 19 días gracias a la movilización de su compañero sentimental y defensores de los derechos humanos.

Durante su terapia, so pena de ser golpeado por los empleados, Yu Hu tuvo que tomar unos comprimidos destinados a "corregir" su orientación sexual, según cita la AFP.

Yu, liberado por la policía de la provincia de Hunan (centro), alertada por su compañero, decidió llevar el caso ante la justicia que juzgará este nuevo caso de "terapia de conversión" el próximo miércoles.

Los "camaradas", como se apoda a los homosexuales, siguen siendo discriminados y sufriendo presiones familiares a pesar de una cierta apertura y aceptación de su preferencia sexual.

Muchos de ellos, hijos únicos, se resignan a casarse para satisfacer las aspiraciones de sus padres y darles nietos.

Las "terapias de conversión" -que - siguen siendo propuestas por numerosas clínicas, que no dudan en abusar de la angustia de los jóvenes homosexuales o de la inquietud de sus familias.

"¡No me pasó sólo a mí! Esto debe terminar", insiste Yu que sigue sufriendo pesadillas.

El personal médico "debe ser condenado. Ser gay no es un crimen, lo que me hicieron sufrir sí", agrega.

Yu exige que el hospital se disculpe públicamente y que se reconozca que la homosexualidad no es una tara.

En diciembre de 2014, un tribunal de Pekín condenó a una clínica de Chongqing (sudoeste) que practicaba tratamientos para "curar" la homosexualidad. Los jueces consideraron entonces que la homosexualidad no era una enfermedad.

La clínica tuvo que indemnizar a Yang Teng, un hombre traumatizado por electrochoques, aplicados en las partes genitales.

Pero a pesar de esa condena, las clínicas de la megalópolis de Chongqing continúan actuando con total impunidad recurriendo a electrochoques, camisas de fuerza, encierro e incluso castración química.

Un tratamiento cuesta unos 20,000 yuanes (casi 3,000 dólares), pero los gastos pueden subir si los médicos consideran que se necesitan "tratamientos" complementarios, dice el colectivo LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transgéneros) de Pekín.

Los militantes de LGBT tienen dificultades para combatir a las clínicas y la actitud del gobierno no ayuda en nada.

En marzo pasado el gobierno anunció que las series de televisión debían excluir las "relaciones sexuales anormales", entre ellas las "relaciones homosexuales, perversiones, violaciones y violencias sexuales".

La policía persigue más a los militantes que a las clínicas", denuncia Sha Sheng, integrante de una ONG de Chongqing que ayuda económicamente a lesbianas y gays endeudados por los tratamientos sufridos contra su voluntad.

"Es difícil luchar cuando la policía, no cesa de reprimir nuestras actividades y nos invita a 'tomar el té'", eufemismo para mencionar un interrogatorio, dice Sha.

"Intentamos informar a los médicos, presentarles homosexuales para convencerlos de que no se trata de una aflicción", dice por su parte Joelle Yao, del colectivo LGBT de Pekín.

"Muchos salen de esos encuentros con una visión completamente diferente", agrega Yao, que considera que los prejuicios en China son fruto de la ignorancia y no de las convicciones religiosas.

Pero se trata de una tarea colosal. "China es demasiado grande", suspira Joelle Yao.

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