Belleza

La belleza interior sí cuenta y mucho

La frase sin duda es bastante trillada y tal vez hasta suene demasiado romántica, pero es tan verdad como una catedral.
30 Jun 2016 – 5:24 PM EDT

Una persona con buena actitud, seguridad en sí misma, con cierta cultura que favorece una buena conversación, y poco preocupada por su físico -lo cual no significa de aspecto descuidado-, puede conquistar a quien se proponga. Sin embargo, alguien con los atributos más deseables en el plano estético, podría ser todo lo contrario.

La belleza es un don que se te otorga sin hacer absolutamente nada, sin trabajar por ella, sin tener ningún mérito; es obvio que es un regalo que siempre será bien recibido, pero no tiene la relevancia que se le da hoy en día.

Por otro lado, tener una actitud positiva y alegre ante la vida, eso sí tiene valor y así debería ser apreciado. Este tipo de personas hacen la vida agradable a quienes los rodean, la gente busca su compañía, les tiene cariño y se los demuestra porque ellos despiertan estos sentimientos. Son inteligentes emocionalmente, lo que los hace compatibles con el ambiente en que viven.


Yo misma me he llevado unas cuantas lecciones de prejuicios y por eso quiero compartirlas contigo para que si no has caído en ello, no lo hagas nunca.

Prejuicios y lecciones

Una amiga muy querida se fue a vivir a la Ciudad de México y cuando iba a tener a su primer hijo, su mamá vino desde el estado de Chihuahua para acompañarla y echarle una mano con el bebé. La impresión que me llevé cuando conocí a la señora fue que era la mujer menos agraciada que había visto en mi vida. Es más, si he de ser sincera, me pareció feísima. Pero lo que más me impactó fue que a los cinco minutos, me olvidé por completo de su aspecto y me “enamoré” de ella. Su impecable presencia, arreglo personal y carisma, anularon ese tan prejuicioso primer encuentro.


Y la siguiente lección que me llevé en este tema fue en Playa del Carmen, en la Riviera Maya. Pasábamos la Semana Santa en casa de unos amigos, quienes dieron una fiesta para celebrar nuestra estancia. Ella siempre se refería a su más querida compañera de la universidad. Hablaba tan bien de Jossy que yo me hice una idea de cómo sería y cuando me la presentaron, casi me caigo. Pesaba como 100 kilos, 1.85 de estatura, traía el pelo casi al cero y de un color horrible –según yo- y, ya para rematar, iba enfundada en un vestido de lentejuela dorado, ¡muuuy entallado! Pues ¿ven todo eso? Al poco rato de estar ahí era la reina del lugar. Todo mundo quería bailar con ella porque lo hacía magistralmente. Todos querían platicar con ella porque era la más divertida y tenía algo agradable que decir a cada uno. Yo no cabía en mí de la sorpresa; me calaron muy hondo estas dos experiencias.

Y por eso quiero sugerirte que nunca dejes que lo que está a simple vista influya en ti sobre las cosas que de verdad cuentan.


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