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Entretenimiento

Los momentos más incómodos de Julión en defensa de su honor (y el de su familia)

Así la pasó Julio César Álvarez Montelongo en la conferencia que dio ante más de 300 periodistas para "dar la cara".
11 Ago 2017 – 10:27 PM EDT

Cerca de 300 personas, de unos 150 medios de comunicación mexicanos tenían la vista fija en la entrada al salón del Hotel Camino Real Pedregal en espera de Julión Álvarez, el cantante de regional mexicano que los citó para dar su versión sobre el señalamiento que hizo en su contra el Departamento del Tesoro de EEUU.
Pero Julión entró por la salida y los sorprendió a todos, un poco por la forma de aparecer y mucho por la falta de su inseparable sombrero. Acompañado de su hermano Ricardo, su representante y un asistente, dio unos pasos hacia el improvisado templete, respiró hondo, le dijo a su hermano: “Ahí vamos”, subió y dijo: "Permítanme presentarme, soy Julio César Álvarez Montelongo y vengo aquí a dar la cara".

No solo Julión Álvarez: estos son los artistas de regional mexicano que vincularon con el narcotráfico

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Llevaba sus apuntes, improvisados como la conferencia, como la mesa, como el mantel, garabateados en tres pequeñas hojas de papel que arrancó de alguna libreta pequeña, quizás del hotel. Agachó su cabeza, intentó ordenar las hojas y comenzó su defensa.
Con voz y manos ligeramente temblorosas, leyó sus apuntes y aseguró: “Soy una persona de trabajo que desde hace 10 años he construido mi carrera y patrimonio de manera muy honesta, quiero recalcar”, alcanzó a decir antes de ser bombardeado de preguntas de los representantes de los medios de comunicación. "Solo tengo tres casa... ¡y chiquitas!"


Pidió varias veces que lo dejaran terminar y comenzó a sudar, como habría de esperarse ante la situación: un salón lleno de periodistas, apuntando luces y cámaras al artista que ha sido señalado por autoridades estadounidenses de ser testaferro de un importante narcotraficante.
Quizás dijo la palabra “honesto” tantas veces como “de trabajo” y tantas como se limpió el sudor de cara y cuello.
Su hermano, mientras, miraba al piso o consultaba su dispositivo móvil. Por eso, fue él quien le alcanzó el aparato para que leyera la nota en la que, según un medio de comunicación mexicano, fuentes de la DEA revelaron que aquel personaje, Rogelio Hernández, aseguró que ni Julión ni el defensa de la selección mexicana de futbol sabían de sus actividades criminales.
“Si, señor, sí lo conozco”, contestó cuando le preguntaron si conocía Raúl Flores Hernández. Lo repitió tanto como lo dejaron, dos veces: era el dueño del restaurante la Camelia, donde él se presentó algunas veces en la ciudad de Guadalajara, capital del central estado mexicano de Jalisco.
A los 20 minutos, el representante de Julión, Alejandro Jiménez, más nervioso que el cantante, comenzó a agradecer la presencia de la prensa. Quería terminar la conferencia. Pero Julión siguió. Siguió 20 minutos más. Siguió defendiéndose y aclarando. O intentándolo, al menos.


- “Se ha señalado hasta a tu esposa, un periodista escribió una columna donde dice que tu esposa es hija de un narcotraficante”, retumbó en el lugar.
- A ver, trastabilló y abrió los ojos lo más que pudo. Lo que te puedo decir es que el papá de mi esposa es un señor divorciado desde hace 20 años, que tiene otra familia y que yo no sé ni qué hace ni donde vive o a qué se dedica.
La pregunta y la respuesta quedaron flotando en el aire.

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