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Las últimas horas de Alma Muriel, la villana a la que mató su corazón roto

Fue una de las más destacadas actrices de su generación, hizo escuela en teatro, televisión y cine, y aunque vivió apasionadas relaciones, nunca pudo encontrar el verdadero amor.
14 Ene 2018 – 9:51 AM EST

Playa del Carmen, en el sureño estado de Quintana Roo, es un paraíso tropical mexicano. Cerca del mar Caribe, tiene un clima cálido casi todo el año y es el lugar preferido para vacacionar por miles de turistas. También acuden, provenientes de la capital, cientos de personas que buscan un escape de las complicaciones de la gran ciudad. Hasta ahí había llegado a mediados de 2013 Alma Muriel, consumada actriz en todos los medios, cansada de la vida de la farándula, en pos de un poco de quietud y tranquilidad, sin imaginar que al borde de ese mar turquesa la esperaba su último aliento.

A las 11:30 am del domingo 5 de enero de 2014, doña Estela Saldaña llegó al complejo residencial Playacar. Todos los días visitaba distintos apartamentos en la unidad de lujo, realizando labores domésticas y de cocina para diferentes propietarios. Una de ellos, en el interior C-203 del edificio Coral, era de sus favoritas. Se trataba de Alma Muriel, una actriz famosa, quien en su madurez se había instalado en Playa y era muy reservada con sus vecinos, aunque siempre jovial con su empleada. Doña Estela tocó al timbre para anunciar su llegada y entró a la casa. Todo parecía en orden; la última vez que había estado había sido el 31 de diciembre por la tarde, para ayudar con algunos preparativos de Año Nuevo.

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-¿Señora?

La respuesta vino de la habitación. Alma Muriel yacía en su cama, sin maquillar ni peinar, algo decaída. "Supuse que habría pasado mala noche", declaró después a autoridades municipales" y no quise molestarla. Me saludó, se veía cansada. Le dije que empezaría a limpiar la cocina y que descansara."

Poco imaginaba que el ritmo cotidiano de sus actividades se vería interrumpido por un grito desagarrador y la siniestra presencia de la muerte.

Su vida, la escena

Alma Muriel Del Sordo tenía solo siete años cuando supo que quería ser actriz, pero fue un momento revelador y definitivo en su vida, al punto de comprender, años más tarde, que se trataba de una vocación. Fue en 1958 cuando acompañó a su padre a visitar a un tío de este, el director Emilio Gómez Muriel, quien dirigía la cinta 'La estrella vacía' en los estudios Churubusco. La protagonista del filme era nada menos que María Félix y Alma, pequeña, la observó en escena, desde detrás de la cámara.
"Fue como descubrir otro mundo, otra manera de vivir...", recordaría mucho después, en una entrevista para televisión: "No sé cómo explicarlo, pero ver a actores como Ignacio López Tarso y Rita Macedo ahí, con María Félix, haciendo una escena, fue algo fascinante. En ese momento pensé que ahí quería estar y hacer eso. Fue encontrar mi verdadera vocación."


Nacida el 20 de octubre de 1951, la segunda de cuatro hermanos, Alma siguió sus estudios normalmente, y la idea de ser actriz por un momento quedó en el olvido, hasta que en el bachillerato participó en una puesta en escena y nuevamente sintió ese instinto que la llamaba. Solo tenía 16 años, pero estaba segura de que era su destino. "Fui completamente autodidacta. Nunca estudié actuación. Todo es mérito de Dios, del universo, de mi instinto que nunca me falló, y de llevar mi carrera con respeto."

Su debut en cine fue a los 17 años, en un papel muy pequeño en la cinta 'Lío de faldas' y posteriormente apareció como la hija menor de una familia en ' ¿Por qué nací mujer?', un duro melodrama protagonizado por doña Sara García. Alma, con su rostro tierno y su voz tan distintiva, llamó la atención del director Luis Alcoriza, y a los 19 años tuvo su primer papel importante como 'Charito', la primogénita de Manolo Fábregas y Lucha Villa en el gigantesco reparto de ' Mecánica Nacional', un filme que causó sensación en su estreno.


Mientras comenzaba a destacar, Alma también dio sus primeros pasos en el sendero áspero del amor. En 1968 se casó con Sergio Romo, un empresario algunos años mayor que ella con quien se convirtieron en padres de Sergio Romo Muriel, quien hoy día es un importante publicista. El matrimonio duró muy poco y Alma se encontró en 1972 soltera, ocupada y ansiosa de devorar al mundo, con tan solo 21 años de edad.

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Ernesto Alonso le dio su primera oportunidad para debutar en televisión, con el papel de 'Luisa', una joven villana en 'La señora joven', telenovela protagonizada por Ofelia Medina, y desde entonces Alma trabajó constantemente en la pantalla chica, alternando su trabajo ahí con el cine y, sobre todo, en el teatro, que la apasionaba.

Pasiones encendidas

Apasionada como era, Alma no tuvo reparos en seguir buscando el amor. A mediados de la década de 1970 inició una relación con el actor de origen chileno Ricardo Cortés, quien había estado casado con la cantante Lola Jiménez (sobrina nada menos que del prolífico compositor mexicano José Alfredo Jiménez) y había procreado dos hijas: Laura y Lolita, quien años más tarde se convirtió en la famosa Lolita Cortés.

El romance entre ellos fue instantáneo y de una gran influencia en las vidas de ambos: juntos tuvieron una hija, Liza, hoy dedicada a la publicidad, y fue a través de esta unión que ocurrieron dos cosas que cambiaron drásticamente la vida de Lola Cortés, hoy la primerísima figura del teatro musical en Lationamérica. Fue Alma quien le vio a la niña, que solo tenía 9 años, aptitudes para el canto y la actuación, algo que sus padres no habían considerado en serio. A instancias de su madrastra, Lola asistió a las audiciones del musical ' Anita la huerfanita', y para sorpresa de todos, obtuvo el papel principal.

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Otro rol importante jugó Alma en la vida de Lola, al ser quien le presentara al que sería el padre de sus hijos; Sergio, el hijo mayor de la Muriel. Conociéndose desde niños y teniendo una hermana en común, el romance se dio entre ambos, se casaron y tuvieron dos hijos, los únicos nietos de Alma: Mariano (1994) y Dariana (1999). La pareja se separó en 2001, pero siguieron manteniendo un vínculo muy estrecho.

La relación de Alma Muriel con Ricardo Cortés terminó en 1980 y, al poco tiempo, Alma inició un romance muy sonado con José María Napoleón, el célebre baladista, con quien llegó a engendrar un hijo que no nació. Esta circunstancia causó una honda depresión en la actriz, quien decidió irse a España a filmar una película, por lo que su relación con el intérprete de ' Hombre' se disolvió en llanto y soledades.

Retrato de una mujer casada

Alberto Bojórquez la invitó a protagonizar, en 1979, una cinta que plantea con crudo realismo una situación vigente aún hoy: la lucha por la mujer de liberarse del yugo marital y su enfrentamiento con la violencia doméstica a manos de su propia pareja. En 'Retrato de una mujer casada', Alma es 'Irene', una joven ama de casa y madre de familia de clase media, con aspiraciones de llegar a más. Gonzalo Vega encarnó a su marido, 'Guillermo', un joven empleado bancario con un serio caso de conflicto machista que lo hace considerarse propietario de su cónyuge, opuesto a una sincera intención de que la mujer destaque. Esto, aunado a otro factores externos, deviene en una batalla campal de violencia pocas veces antes vista en el cine mexicano.


Bojórquez recordaría, años más tarde, que el rodaje no tuvo realmente contratiempos, salvo uno: el filmar la escena de la brutal golpiza que 'Guillermo' propina a 'Irene', y que es la estocada final para su matrimonio. Gonzalo Vega, quien ya tenía una relación laboral con Alma, aunque no una amistad muy estrecha, se negaba a golpear a su colega, al estilo naturalista con el que se había rodado toda la película. "Nunca en mi vida," dijo el actor en una entrevista con los cineastas Roberto Fiesco y Julián Hernández en 2010 "había golpeado yo a una mujer. Ni en teatro, ni en mis relaciones. Era algo impensable para mí. Alberto [Bojórquez] dijo que lo entendía, pero que no era yo quien golpearía a Alma. Sería 'Guillermo' atacando a su esposa. Tuve miedo. Sinceramente, esa fue una de las muy pocas ocasiones en las que tuve miedo. Miedo de lastimar a Alma, de hacerle daño. Pero ella lo tomó de un modo tan profesional, que me dio un ejemplo en verdad."


pRodar la escena en cuestión conllevaría hacer varias tomas durante una sola tarde. Alma se preparó, y en el momento en el que ensayaban el trazo, Vega buscaba la manera de hacer la escena sin necesidad de lastimarla. Fue ella quien decidió que iba a provocarlo, improvisando diálogos y con un amago de abofetearlo. Esto tuvo el efecto deseado por el director. La escena, tal como queda en su versión final, es brutal, es auténtica y provoca una tremenda angustia al espectador. Fue precisamente por esta franqueza al abordar estos temas que ' Retrato de una mujer casada' tardó casi dos años en estrenarse -hasta 1981- y, al año siguiente, Alma obtuvo una Diosa de plata como Mejor Actriz y una nominación al Ariel, que otorga la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de México. Sobre esta cinta, Alma siempre hablaría con amor. Fue su reto más grande como actriz y solo tenía 28 años al enfrentarlo. Se entregó con todo y logró hacer una interpretación memorable, que rompió tabúes y sigue inspirando actualmente a actrices.

Su último trabajo en cine, de modo contrastante, no le gustaba, pero lo hizo en un momento en que necesitaba asegurar su futuro. De este modo aceptó el papel de 'Miss Torina' en 'Zapatos viejos', al lado de Gloria Trevi , que fue un éxito de taquilla sin precedente.

La gran villana

En lo amoroso, después de su ruptura con Napoleón, Alma inició una relación con el famoso actor Alejandro Camacho, aunque esta terminó pronto, cuando él se casó en 1985 con Rebecca Jones. Sin embargo, siguieron colaborando juntos en diversos proyectos escénicos y siempre mantuvo Alma el mejor concepto de él, haciéndose incluso amiga de Rebecca.

En 1988 llegaría su papel más notable de la década; una villana memorable por su crueldad, que traspasaba incluso el velo del más allá. Esto como ' Lucrecia Treviño', la antagonista suprema de ' El extraño retorno de Diana Salazar', una telenovela de culto, perteneciente al género de la intriga y el terror en la que Lucía Méndez es una joven con poderes paranormales y Alma es su rival que la ha perseguido a través de los siglos.


La doctora 'Irene del Conde' es una psicoanalista de noble disposición; pero al ser poseída por el espíritu de la 'Treviño', se convierte en una asesina despiadada y sin escrúpulos, capaz de matar ancianos, mujeres o niños, con tal de consumar su perversa venganza. El público televidente estaba impactado con este producto: nunca (ni hasta hoy, tres décadas más tarde) se había hecho una telenovela semejante. El clímax del capítulo final emulaba las escenas de cintas de horror hiperviolentas como ' Carrie' o ' Suspiria' y causó gran controversia. También fue una gran villana en ' Mariana de la noche', 'El noveno mandamiento', 'Los años felices' y ' Fuego en la sangre'.

En teatro, Miguel Sabido le escribió una obra que la consagró: ' Falsa crónica de Juana la Loca', con la que tuvo largas temporadas de éxito en las tablas, que contrastaron con el hecho de que, una vez que cumplió 40 años, empezó a escasear el trabajo de televisión. En esa época, Alma dio una entrevista en la que dijo: “ He vivido la agonía de no tener trabajo y el éxtasis de vivir una ovación de 12 minutos después de terminar una obra de teatro. Pero todo en la vida es aprendizaje y el fracaso forma parte ineludible del éxito”.

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Después de terminar con Alejandro Camacho, Alma optó por no relacionarse más con hombres del medio artístico; no obstante, sus relaciones le resultaban vacías y carentes de pasión, la misma por la que se había regido en su vida; al consagrarse como una gran actriz, Alma sacrificó muchos aspectos de su persona y uno de ellos fue el amor. Pasó largas soledades, pero sin dejarse caer.

En 2013 Alma tuvo su última participación en teatro en la puesta ' Magnolias de acero', y al terminar la temporada fue que se mudó a Playa del Carmen. "El sueño de mi mamá era vivir junto al mar, ya había vivido un tiempo en Cuernavaca, pero siempre quiso encontrar la tranquilidad en el mar."

Hasta el último aliento

Cerca de la una de la tarde del 5 de enero, Alma Muriel se levantó de su cama y, casi sin aliento, pidió a su asistente doméstica que la ayudara a llegar al baño. Iba pálida, con los labios resecos.

-¿Señora, se siente mal?

-Solo ayúdeme a llegar al baño, por favor. No es nada.

Al entrar al baño, Alma se desvaneció y la señora Saldaña tuvo que ayudarla a sentarse y a recuperarse del desmayo, con un algodón humedecido en alcohol. Alma volvió a su habitación, se recostó e hizo una llamada telefónica a Elisa Meza, su agente, íntima amiga y confidente, la persona con la que había tenido relación más estrecha en los últimos años. "Hablamos cerca del mediodía," recordó Meza, quien no se enteró de la muerte hasta más tarde: "Yo tenía el plan de volar a Cancún para ir a la casa y estar con ella, teníamos muchos planes. Ella me llamó, me dijo que se sentía un poco mal, pero que no era grave y estaba reposando. Que si se seguía sintiendo mal, llamaría al doctor. Yo ya tenía el vuelo comprado y estaba preparando mi equipaje. Nos despedimos y no me enteré hasta después. Quedé destrozada".

Antes de las tres de la tarde, una ambulancia llegó al complejo residencial. Alma había muerto en algún momento, sin que la empleada se percatase. La causa se adujo a un infarto cardiaco, y las autoridades municipales hicieron levantamiento del cuerpo, avisando a los hijos de Alma hasta media tarde.

El impacto fue instantáneo: en las redes sociales figuras como Lucía Méndez, Rocío Banquells o Patricia Reyes Espíndola se volcaron para dar el pésame. Lolita Cortés, quien ese día tenía función teatral, pese a estar conmocionada, salió a actuar y le dedicó su trabajo a la abuela de sus hijos. Fue lo abrupto, lo prematuro, lo inesperado de la muerte de Alma Muriel, lo que causó estupor y desconcierto; sus hijos viajaron a Quintana Roo para ocuparse de la liberación del cuerpo y recibir el acta de defunción. Las exequias fueron muy íntimas y privadas; solamente Sergio y Liza, en compañía de los hermanos de Alma, la velaron y luego vieron que se le incinerara. Una parte de las cenizas de Alma fueron esparcidas en el mar Caribe del que tanta paz obtuvo, y otra colocada en el mausoleo familiar de los Muriel Del Sordo.


El legado de Alma Muriel queda vigente en su filmografía y en las memorias de quienes recuerdan su paso por la pantalla chica; sus villanas hicieron escuela, y su pasión encendió innumerables historias. Es el caso de una actriz que llegó a la cúspide de sus talentos, pero que no pudo encontrar un amor que le correspondiera, dejándola al final, con el corazón roto.

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